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Fillon se revuelve contra la justicia y exige parar “la investigación ilegal”

Hundido en los sondeos, el candidato conservador anula actos donde puede volver a ser abucheado

Más acorralado día tras días por nuevos datos sobre los sueldos oficiales a su mujer e hijos, el candidato François Fillon ha decidido un contraataque frontal. Mientras hace dos semanas pedía que se investigara cuanto antes el escándalo, este jueves ha exigido que se paralice de inmediato la investigación porque es “ilegal”.

François Fillon en un encuentro con alcaldes y policías municipales en París el miércoles.
François Fillon en un encuentro con alcaldes y policías municipales en París el miércoles. AFP

Sus abogados -"No confundir velocidad con precipitación", dicen ahora- afirman que se está produciendo “un grave atentado al principio de separación de poderes” y, además, han presentado una denuncia por “violación de secretos”.

Con su campaña haciendo aguas y los sondeos en picado, Fillon se revuelve a la desesperada. Su abogado y el de su esposa y supuesta asistente parlamentaria durante 17 años, Penelope Fillon, han comparecido este jueves en rueda de prensa para asegurar que la investigación no puede continuar porque “viola los principios fundamentales del derecho democrático y constitucional”.

Argumentan los letrados que, en el ejercicio de su mandato, cada legislador dispone como cree conveniente del dinero que se le asigna y solo el propio Parlamento puede exigirle cuentas. “El delito no existe ni puede existir”.

Solo en casos flagrantes de apropiación indebida podría intervenir la justicia, pero no cuando el propio interesado ha declarado a los investigadores que el empleo de su mujer, por el que cobró 831.000 euros, más 45.000 por fin de contrato, no es ficticio. En caso de duda, solo pueden intervenir los servicios de la Cámara, han insistido los letrados.

“La Fiscalía es incompetente y su investigación, ilegal”. Se refieren los abogados a la Fiscalía Nacional Financiera, que ya el lunes pasado se declaró “competente” para investigar antes las primeras críticas que recibió. Desde que saltó el escándalo el pasado 25 de enero, policías anticorrupción han interrogado al matrimonio Fillon y a dos de sus hijos, también contratados como supuestos asistentes de su padre. Asimismo, han hecho registros en el Parlamento y en una revista de un amigo de Fillon que también contrató a Penelope por 5.000 euros al mes.

En todas esas pesquisas, los investigadores no han encontrado ni un solo indicio de que Penelope hubiera trabajado para Fillon. Ni un correo electrónico, una carta, un texto… El candidato ha dicho que le llevaba desde casa la agenda, corregía discursos o asistía a actos culturales en su nombre. Nada comprobable.

Ha perdido 13 puntos de popularidad en un mes y solo el 22% de los franceses tienen ahora buena imagen de él

Con la campaña desarbolada, Fillon lanzó una primera contraofensiva el lunes pasado. Repitió que el trabajo de Penelope existió, difundió datos patrimoniales y aseguró que nada le apartaría de la carrera presidencial en la que era favorito indiscutible hasta ese día 25.

Esa contraofensiva ha fracasado. Varios periódicos, con Le Canard Enchainé a la cabeza —fue el que dio la exclusiva— han aportado estos días nuevos datos que agravan aún más el escándalo, como los 45.000 euros de indemnización a Penelope que los investigadores han descubierto. Los Fillon ha reaccionado también airados por ello.

Sus abogados han presentado una denuncia por revelación de datos secretos del sumario. "Es un proceso más mediático que jurídico", han dicho los abogados en un nuevo ataque al papel de la prensa, a la que acusan de publicar "filtraciones parciales y de parte".

Mientras, la campaña del líder conservador se deteriora por momentos. Ha mantenido los mítines con presencia de público controlado, pero ha anulado los actos en los que puede haber contacto con la gente, como visitas a ferias o mercados. Ya le han abucheado estos días en tres ocasiones en las calles o le han recibido con pancartas insultantes.

Y los sondeos le siguen castigando. Ha perdido 13 puntos de popularidad en un mes y solo el 22% de los franceses tienen ahora buena imagen de él, según la consultora Elabe. Ha pasado de ser el tercer líder preferido al 18º. Y donde más se hunde es entre los votantes de centro y de derecha, o sea, en su territorio.

Hasta hace una semana, los sondeos le daban como segundo en la primera vuelta de las presidenciales —tras la ultraderechista Marine Le Pen— y ganador indiscutible en la segunda. Hoy, todas las encuestas adjudican ese puesto al centrista Emmanuel Macron y sitúan a Fillon en tercera posición. Y bajando sin parar.