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El candidato a fiscal general se aleja de propuestas radicales de Trump

Jeff Sessions rechaza prohibir la entrada a musulmanes y promete recusarse si se investiga a Clinton

El controvertido senador republicano Jeff Sessions se distanció este martes de algunas de las posiciones más extremas del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, como su promesa de restringir la entrada en el país de musulmanes o la defensa del waterboarding (ahogamiento simulado) como técnica de interrogatorio. Al asegurar que no será el brazo ejecutor de la Casa Blanca, el senador por Alabama intentó convencer a sus colegas de que, si aprueban su nominación como nuevo fiscal general, defenderá la justicia para todos, a pesar de las acusaciones de racismo y xenofobia en su contra.

El senador republicano por Alabama y aspirante a fiscal general, Jeff Sessions. JIM LO SCALZO EFE. VÍDEO: ATLAS

Sessions, uno de los republicanos que más pronto se adhirieron a la campaña de Trump, tuvo que responder repetidamente a viejas acusaciones de racismo, que también fueron el centro de constantes protestas de activistas en la sala. Pero también debió hacer frente a sus más recientes críticas a la candidata demócrata a la presidencia, Hillary Clinton, por la fundación que lleva su nombre y por el uso de un servidor privado para sus correos electrónicos cuando era secretaria de Estado.

Durante la campaña, Trump prometió que le abriría una investigación judicial, aunque tras la victoria matizó sus palabras. Si finalmente se abre un caso contra Clinton, el senador por Alabama, de 70 años, prometió que se inhibirá, consciente, dijo, de que sus declaraciones a lo largo de la campaña podrían “cuestionar su objetividad” en una investigación. “No podemos permitir que una disputa política se convierta en una disputa criminal”, sostuvo durante la agitada audiencia.

Quien asuma la dirección del Departamento de Justicia tiene que ser alguien que “muestre total fidelidad a las leyes y la Constitución” del país y que “esté dispuesta a decirle no al presidente si este se excede”, afirmó Sessions, que insistió en que no será, como fiscal general, un “mero sello” que se limite a aprobar las decisiones de la Casa Blanca.

Sessions es el primero de los nominados para el gabinete de Trump que ha comparecido ante el Senado, la Cámara que tiene que confirmar a los nominados en los puestos. A lo largo de la semana, comparecerán otras futuras figuras prominentes del equipo de Gobierno, como el aspirante a secretario de Seguridad Nacional, el general retirado John Kelly, este mismo martes, o el futuro jefe de la diplomacia estadounidense, Rex Tillerson, que mañana deberá responder sobre sus estrechos lazos con Rusia como directivo de la petrolera ExxonMobil.

Aunque la mayoría republicana en el Senado hace vaticinar su aprobación, los demócratas han prometido no ponérselo fácil a los candidatos, cuyo pasado será revisado con lupa. Así sucedió en el caso de Sessions. La senadora por California Diane Feinstein no dudó en destacar que más de 400 organizaciones de derechos civiles le han escrito para manifestar su oposición a su nombramiento como fiscal general.

“Cuestionamos seriamente la disposición del senador Sessions a proteger los derechos de todos los estadounidenses”, manifestaron una cuarentena de organizaciones defensoras de derechos civiles, de musulmanes y de inmigrantes, entre otras, en una de las cartas aportadas. “A lo largo de su vida pública, Sessions se ha opuesto a la aplicación de leyes de derechos civiles y ha asumido posturas antinmigrantes y contra la comunidad LGTB” [Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales], además de, recientemente, “manifestar posturas antimusulmanas y defender el llamamiento del presidente electo a prohibir que los musulmanes migren a EE UU”, agregaron.

Durante la audiencia, Sessions se distanció también de esa promesa de Trump. “No apoyo la idea de que se les niegue la entrada al país a los musulmanes como grupo religioso”, aseveró, a la par que prometió, pese a sus convicciones personales, defender las leyes del país, incluso aquellas con las que no coincide, como el derecho al aborto o los derechos a la comunidad homosexual.

Técnicas de interrogatorio

El senador marcó distancias con el presidente electo en otro tema controvertido, las técnicas de interrogatorio como el waterboarding, o ahogamiento simulado que Trump ha llegado a decir que le gustaría que volvieran a ser aplicadas. Sessions apuntó que durante el Gobierno de George W. Bush hubo dudas sobre su legalidad, pero que ahora es una práctica “absolutamente inapropiada e ilegal”. Asimismo, respaldó a Trump en su rechazo a cerrar la controvertida cárcel de Guantánamo, en Cuba, una de las fracasadas promesas del presidente saliente, Barack Obama.

Muestra del rechazo que provoca la nominación de Sessions fueron las protestas de activistas que interrumpieron, una y otra vez, la sesión. “No a Trump, no a un fascista, no al KKK [Ku Klux Klan]”, gritaban los manifestantes mientras eran sacados de la sala. Las acusaciones de racismo fueron rechazadas rotundamente por un exasperado Sessions que las calificó de “abominablemente falsas” y aseguró que “aborrece al Klan, a todo lo que representa y a su odiosa ideología” y que jamás mantuvo las actitudes racistas que hace 30 años ya frustraron su nominación como juez federal.

El senador promete mano dura en inmigración

Como senador, la voz con marcado acento sureño de Sessions se elevó una y otra vez para bloquear toda propuesta que abriera la puerta a algún tipo de regularización de los hasta 12 millones de inmigrantes sin papeles que viven en EE UU. Una mano dura que no aflojará si se convierte, como pretende el presidente electo, Donald Trump, en el próximo fiscal general del país.

Durante la audiencia de confirmación en el Senado, Sessions prometió que aplicará la ley a todos por igual. Y reiteró algunas de sus posiciones más intransigentes, como la oposición a la inmigración ilegal. Como fiscal general del presidente que quiere construir un muro con México, Sessions prometió que la persecución legal de “los que violen repetidamente” las fronteras será una de sus “prioridades”.

El senador sureño también reiteró su respaldo a la promesa electoral de Trump de anular la orden ejecutiva por la que Barack Obama permitió una regularización temporal de jóvenes indocumentados que llegaron al país cuando eran niños. Este popular programa de ayuda ha beneficiado a más de 740.000 jóvenes desde su creación en 2012.

“[Este programa] es una orden ejecutiva y sin duda será constitucional ponerle fin. La justicia no tendrá objeción a la decisión de abandonar esa orden, porque creo que constitucionalmente es muy cuestionable”, respondió Sessions a una pregunta del senador republicano Lindsey Graham. Este formó parte de un grupo bipartidista de ocho legisladores que en 2013 realizó una propuesta de reforma migratoria que llegó a ser aprobada en el Senado —pese a la firme oposición de Sessions—, pero no en la Cámara de Representantes.

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