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ANÁLISIS

El giro de Tsai Ing-wen

La presidenta taiwanesa convierte la defensa del ‘statu quo’ en su compromiso clave

La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, y el designado presidencial de Honduras, Ricardo Álvarez, este domingo en la base aérea de Palmerola, 80 kilómetros al norte de Tegucigalpa (Honduras).
La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, y el designado presidencial de Honduras, Ricardo Álvarez, este domingo en la base aérea de Palmerola, 80 kilómetros al norte de Tegucigalpa (Honduras). EFE

La presidenta taiwanesa Tsai Ing-wen convirtió la defensa del statu quo en su compromiso clave en el ámbito de las relaciones a través del Estrecho. Podría decirse que ese statu quo le aleja de la demanda de independencia de jure aunque no le acerca a la reunificación ansiada por Pekín. En suma, conectaría con la posición tradicional de su rival, el Kuomintang y sus tres noes (no unificación, no independencia, no uso de la fuerza). En los meses de ejercicio en el cargo, Tsai, distanciándose de las maneras del predecesor de su misma formación, Chen Shui-bian (2000-2008), multiplicó los llamamientos al consenso y la moderación evitando irritar a Pekín aunque negándose a bajar la cerviz.

Para el continente se trató entonces de apretar sin ahogar utilizando para ello herramientas como la reducción del número de turistas que visitan la isla o el acoso diplomático. No obstante, en las últimas semanas hubo también guiños instrumentados a través del orden académico (Zhou Zhihuai) para crear una fórmula nueva y superadora del “Consenso de 1992” con el objeto de eludir la confrontación abierta y buscar una salida que sin cuestionar el principio de una sola China permitiera a ambas partes no perder la cara. Pese a todo, el PCCh otorga a Tsai un estrecho margen de confianza para mantener a raya a los partidarios de la independencia quienes la consideran demasiado blanda en sus tratos con China.

La victoria de Trump y el importante elenco de partidarios de Taiwan en su séquito introducen un giro inesperado. El presidente electo, por unas u otras razones, parece contemplar un papel más activo de la isla en los asuntos regionales e internacionales y Tsai se apresta a explorar esta oportunidad. En Pekín, sectores militares están enervados y sugieren medidas contundentes, ya sean juegos de guerra o medidas económicas que paralicen Taiwan. Los ejercicios militares aéreos y navales, con la participación del portaaviones Liaoning, van camino de abarcar el perímetro de la isla. Habrá más mensajes de este tipo si en el viaje a Centroamérica Tsai mantiene contactos relevantes en sus escalas en EE UU.

Xi Jinping necesita estabilidad ante el XIX Congreso del PCCh, previsto para el otoño. Sus rivales podrían tener en Taiwan un argumento añadido para cuestionar su liderazgo. No podrá mostrarse débil ni tampoco muy asertivo. Un encuentro entre Tsai y Trump en el curso del presente año daría alas a los sectores más beligerantes. Ya veremos, dijo Trump, al comentar esta posibilidad. China ya no ve en EE UU un aliado moderador de las veleidades identitarias de la isla sino un Maquiavelo dispuesto a jugar con fuego con tal de llevar a China contra las cuerdas.

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China. Autor de China Moderna (Tibidabo ediciones).

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