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Boris Johnson acusa a Irán y Arabia Saudí de “manejar marionetas” en la región

El ministro de Exteriores británico opina abiertamente sobre Oriente Próximo con unas palabras que han sido matizadas por el Gobierno de May

Boris Johnson, durante un discurso en Chatham House, en Londres a principios de diciembre.
Boris Johnson, durante un discurso en Chatham House, en Londres a principios de diciembre. REUTERS

Boris Johnson ha vuelto a demostrar que su condición de políglota, y hombre de vasta cultura, quizá no sea suficiente para llevar las riendas de la diplomacia británica. Su propio Gobierno se ha visto forzado este jueves a salir al paso de unas declaraciones del ministro de Exteriores en las que acusaba a Arabia Saudí, uno de los grandes aliados del Reino Unido, de atizar una rama de la religión islámica para librar “guerras subsidiarias” en Oriente Próximo. Un portavoz de la primera ministra, Theresa May, precisamente recién regresada de una visita a la región, matizaba que el discurso de Johnson responde a “opiniones personales que no representan la posición” oficial.

La diatriba pública del ministro contra los regímenes saudí y de Irán, por utilizar respectivamente los sentimientos de suníes y chiíes en su propio beneficio político, tuvo lugar hace ya una semana durante una conferencia en Roma, pero sólo ha trascendido ahora a raíz de la difusión del vídeo por el diario The Guardian. En aquella tribuna del Med 2, Johnson calificó de “tragedia” la ausencia de “líderes fuertes y visionarios en Oriente Próximo y el Golfo capaces de trascender a una rama concreta del Islam para unir a la población” y “desarrollar una narrativa nacional”.

Muchos analistas coincidirían con el retrato esbozado por Johnson de los poderes de Riad y de Teherán, como titiriteros que manejan “las marionetas” de una región muy convulsa y cuya sombra se proyecta sobre los conflictos de Siria o de Yemen, pero el problema es que lo dice el periodista que fue en el pasado y no el diplomático del presente, obligado a atenerse a la posición de su Gobierno. Cuando Londres está apoyando sin ambages la intervención saudí en Yemen contra los rebeldes Huthi, a base de bombardeos aéreos, las palabras de Johnson amenazan con irritar al Gobierno de Riad, uno de los principales compradores de armas de facturación británica.

Se trata del mismo personaje que había comparado a la Unión Europea con Hitler antes de asumir el puesto de ministro de Asuntos Exteriores en plena era del Brexit y, por tanto, en calidad de encargado de transmitir las intenciones de May a los negociadores de Bruselas. O que, ya inmerso el Gobierno de Londres en ese pulso con la UE, amenazaba a los italianos durante una reunión de alto nivel con poner dificultades a la venta del espumoso Prosecco en el Reino Unido si no se aceptaba su demanda de libre tránsito de los productos británicos por el espacio comunitario pero no de los trabajadores europeos en las islas.

Entre los muchos problemas que afronta Theresa May desde que decidió abrazar la proclama del Brexit, el de brindar la cartera de Exteriores a Boris Johnson no es ni mucho menos irrelevante.

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