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Por qué es importante la salud de los presidentes de Estados Unidos

La neumonía de Clinton abre el debate sobre si los candidatos deben de ser más transparentes

Clinton, el domingo, cuando abandonó un acto público poco antes de estar cerca de desmayarse
Clinton, el domingo, cuando abandonó un acto público poco antes de estar cerca de desmayarse REUTERS

La salud de los candidatos a las elecciones presidenciales monopolizaba este miércoles los titulares de las cadenas de 24 horas de noticias en Estados Unidos. Periodistas y expertos debatían detalles que entran en la arena privada de una persona, como los análisis sanguíneos de la demócrata Hillary Clinton o la conveniencia de que el republicano Donald Trump pierda algunos kilos. La salud ha entrado en campaña después de que Clinton revelara que sufre una neumonía tras estar cerca de desmayarse en público el domingo.

Tras ocultar durante dos días esa dolencia, Clinton, de 68 años, ha estado tres días en reposo. Este miércoles divulgó nueva documentación sobre sus exámenes médicos. Trump, de 70 años, participó en un programa televisivo del doctor Mehmet Oz, que se emitirá el jueves, y su campaña ha prometido difundir un riguroso parte médico.

La edad de los candidatos acentúa el debate. Si vence en noviembre, Trump será el presidente mayor en acceder a la Casa Blanca. Si gana Clinton, sería la segunda, tras Ronald Reagan, que tenía 69 años cuando asumió la presidencia en 1981.

¿Están obligados los candidatos a difundir su información médica?

En realidad, no. Ninguna ley les obliga. Sí, existe una tendencia creciente de los últimos presidentes a ser transparentes con su salud. Pero no es inusual, como hizo Clinton, que un presidente o un aspirante a serlo oculte problemas médicos para evitar alarmar a la opinión pública.

Franklin D. Roosevelt, un sobreviviente de polio que fue presidente entre 1933 y 1945, evitaba que le fotografiaran en público con su silla de ruedas. En su última campaña de reelección, admitió que tenía una enfermedad cardiovascular que acabaría con su vida un año después.

El entonces presidente Roosevelt en 1941 ampliar foto
El entonces presidente Roosevelt en 1941

Se cree que Woodrow Wilson, presidente entre 1913 y 1921, ocultó que sufrió un ataque al corazón en 1919. El ataque limitó sus capacidades como mandatario.

Cuatro décadas después, John F. Kennedy, que sufría problemas de espalda, negó padecer la enfermedad de Addison, un grave desorden de la glándula suprarrenal. La difusión en 2002 del historial médico detallado de Kennedy, presidente entre 1961 y 1963, reveló que tomaba con frecuencia medicamentos contra el dolor, antidepresivos y pastillas para dormir.

La salud de los candidatos empezó a cobrar importancia después de que en 1972 Thomas Eagleton, el candidato demócrata a vicepresidente, tuviera que dimitir al revelarse que había ocultado su hospitalización por una depresión. Desde ese momento, la “salud de los candidatos presidenciales se ha visto como un blanco legítimo para la prensa”, recuerda el diario Los Angeles Times, escribió en 1995 el profesor George J. Annas en el New England Journal of Medicine.

“Sea quien sea el que prevalezca, tendrá que afrontar demandas durante todo el día, por lo que parece completamente relevante inquirir en sus historiales médicos y su salud actual”, escribió el lunes el diario The New York Times en un editorial

La petición tampoco es infrecuente. El expresidente Bill Clinton, el marido de Hillary, se resistió en las campañas de 1992 y 1996 a divulgar con detalle sus informes médicos. Lo mismo sucedió con Barack Obama inicialmente en 2008, aunque más adelante el candidato fue más transparente sobre su salud y lo ha sido durante su presidencia.

Otros optaron desde el principio por la transparencia. El presidente Ronald Reagan habló abiertamente en 1985 del cáncer de colon que sufría. Y en 2008, el candidato republicano John McCain divulgó un millar de páginas sobre su salud para atajar las dudas sobre su edad, entonces tenía 72 años, y su historial de cáncer.

El debate sobre la salud se nutre del miedo de que un presidente muera por una complicación médica. Así sucedió en 1841 con William Henry Harrison, el noveno presidente de EE UU, que falleció de una neumonía cuando llevaba un mes en el cargo. La Constitución establece que en caso de muerte, el vicepresidente asume la presidencia del país.

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