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La prueba nuclear de Corea del Norte crea un dilema para China

Kim Jong-un ignora el rechazo internacional y realiza su mayor ensayo atómico hasta la fecha

Surcoreanos siguen las noticias sobre la prueba nuclear de Corea del Norte.

Como Godzilla o el resto de los monstruos nucleares de la cultura popular, los castigos internacionales no parecen hacer mella en el régimen de Kim Jong-un, sino fortalecerlo. Pese a las sanciones de la ONU, de EEUU y de la propia China, Corea del Norte ha llevado a cabo su quinta prueba nuclear, la segunda en lo que va de año. Y quizá el más perjudicado es su propio supuesto aliado, China, que ve cómo Pyongyang carga de argumentos a Seúl y Washington para la instalación en Corea del Sur de un escudo antimisiles al que Pekín se opone rotundamente.

La fecha de la prueba, como casi siempre, se escogió cuidadosamente. No solo en el aniversario de la fundación del Estado norcoreano. También en la misma semana en la que los líderes mundiales, reunidos en la cumbre del G20 en Hangzhou (China), y regionales, participantes en la cumbre del Este de Asia en Vientián, han analizado en abundancia el programa de armamento norcoreano y las consecuencias del despliegue del escudo antimisiles conocido por su acrónimo THAAD en Corea del Sur.

No es que Pyongyang no hubiera avisado. Ya en marzo, Kim Jong-un había dado órdenes de que se preparara un nuevo ensayo nuclear lo antes posible. Desde que el joven Kim tomó las riendas del país Corea del Norte ha pisado el acelerador en el desarrollo de su programa nuclear. Este año ha sido especialmente intenso: además de los dos ensayos atómicos -el primero fue en enero, cuando supuestamente se detonó con éxito una bomba de hidrógeno-, el régimen ha realizado una prueba encubierta de lanzamiento de un cohete y ha disparado numerosos misiles de corto y medio alcance -algunos desde un submarino- cada vez que la comunidad internacional intentaba mandarle un mensaje de advertencia. El último lanzamiento, de tres misiles de medio alcance, coincidió con la reunión de los líderes del G20.

El objetivo último del régimen norcoreano es el desarrollo de un misil de intercontinental capaz de llegar a territorio estadounidense. Para ello necesita fabricar una cabeza nuclear lo suficientemente pequeña para instalarla en un misil. Y este viernes supuestamente logró acoplarla y detonarla con éxito: “la prueba nuclear evaluó y confirmó el rendimiento y la potencia de la cabeza nuclear que ha sido estandarizada para instalarse en cohetes balísticos”, aseguró el Instituto de Armas Nucleares de Corea del Norte en un comunicado divulgado por la agencia oficial KCNA. A partir de ahora, dice el organismo, el país podrá producir “tantas cabezas más pequeñas, ligeras y diversificadas como quiera”.

La prueba nuclear de Corea del Norte crea un dilema para China

No es la primera vez que Corea del Norte presume de este logro, que los expertos ponen en duda. En cualquier caso, la prueba de este viernes fue la más potente hasta la fecha, con una potencia de 10 kilotones, según cálculos del Ministerio de Defensa de Corea del Sur. Y evidencia que el programa nuclear del país, a pesar de algunos intentos fallidos, sigue avanzando a pesar del duro paquete de sanciones económicas que aprobó el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

La reacción china no se hizo esperar. Inmediatamente después de que se confirmara que el terremoto de magnitud 5,3 que sacudió el noreste del país en la mañana del viernes era una bomba nuclear, Pekín anunció que presentaría una protesta formal a la Embajada norcoreana. En un comentario, la agencia oficial china Xinhua afirmó que la acción de Pyongyang no hace sino “echar leña al fuego”.

Pero es difícil que Pekín adopte una posición más tajante. No le interesa una desestabilización de Corea del Norte que pudiera extenderse a sus territorios fronterizos. E incluso la influencia China es limitada estos días en Pyongyang, que quiere dejar clara su independencia frente a su gigantesco vecino. Cualquier intento de aproximación en los últimos tiempos ha terminado en un sonoro fracaso, incluida la cancelación repentina y sin explicaciones de una visita de buena voluntad a Pekín del grupo musical favorito de Kim Jong-un, Moranbong.

Además, China considera que las tensiones en la zona no son únicamente responsabilidad norcoreana, sino que culpa también a EEUU y Corea del Sur. Pekín ha protestado enérgica y frecuentemente contra la decisión de ambos el pasado julio de desplegar el THAAD, que considera que solo servirá para alentar reacciones cada vez más extremas de Kim. Pekín opina que ese escudo antimisiles tiene una capacidad excesiva para las necesidades de defensa surcoreanas y que puede amenazar su propia seguridad.

“Washington y Seúl optaron por una política equivocada. Han intentado usar el THAAD y unas frecuentes maniobras militares para amenazar a Corea del Norte y que ese país negocie y renuncie a sus planes nucleares, pero han logrado todo lo contrario. La Historia ha demostrado que las amenazas solo consiguen fomentar la sensación de inseguridad en Corea del Norte y empeorar la situación”, declara Shi Yuanhua, director del Centro de Estudios Coreanos en la Universidad Fudan de Shanghái.

Es una opinión que el propio presidente chino, Xi Jinping, transmitió a la presidenta surcoreana, Park Geun-hye, esta semana en los márgenes de la cumbre del G20. El despliegue del escudo “no favorece la estabilidad estratégica en la región y puede intensificar las disputas”, manifestó.

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