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Berlusconi trata ‘in extremis’ de reagrupar el centroderecha

El viejo líder de Forza Italia encarga a Stefano Parisi una gran convención en septiembre

El centroderecha italiano está desarbolado, a la deriva y sin patrón. A punto de cumplir 80 años y convaleciente aún de una operación a corazón abierto, Silvio Berlusconi ha encargado a Stefano Parisi, un exdirigente empresarial que acaba de perder las elecciones a la alcaldía de Milán, que organice una convención a la americana para refundar Forza Italia a mediados de septiembre. El objetivo es recuperar los 10 millones de votos perdidos, pero aún no se sabe si por la ruta del centro o virando hacia la derecha más populista.

El ex primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, en mayo de 2016.
El ex primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, en mayo de 2016. REUTERS

Y, lo que aún es más complicado, sin que se vislumbre un líder capaz de agarrar el timón. En primer lugar, porque aún no se sabe si Berlusconi, a pesar de su decadencia física, política y judicial —hace unos días se volvió a salvar por los pelos de un juicio relacionado con sus amistades peligrosas—, está dispuesto a soltarlo. Y, en segundo lugar, porque no parece que Parisi, nacido en Roma hace 59 años y residente en Milán, desde donde ha navegado por la política y la empresa con un éxito discreto, tenga el liderazgo suficiente para ilusionar a los electores y la mano dura necesaria para meter en cintura a un partido lleno de facciones y acostumbrado a obedecer tan solo a la voz de su amo.

Tanto es así que los sucesivos delfines reales o virtuales de Berlusconi han ido agostándose sin remedio. Angelino Alfano se reinventó mediante la traición al viejo líder, logrando carteras ministeriales en los gobiernos de Enrico Letta y Matteo Renzi. Y Giovanni Totti, actual presidente regional de Liguria, jamás tuvo la más mínima posibilidad.

La cuestión ahora es saber si la tendrá Stefano Parisi. Para empezar, ya carga con el mismo pecado original que sus antecesores: el dedazo. Su coronación se produjo al viejo estilo de la casa. El lunes por la noche cenó con Berlusconi en su mansión de Arcore, a las afueras de Milán. El viejo magnate le dijo: “Si Renzi pierde el referéndum sobre las reformas constitucionales, convocará elecciones y hará falta un candidato de Forza Italia. Yo quiero que seas tú”.

Ante una encomienda tan importante y tan clara, el pelotón de meritorios que ha sido siempre el partido de Berlusconi entró en crisis. Los periódicos italianos dan por hecho que Parisi cuenta con la bendición de la familia del magnate —más unida que nunca tras sus graves problemas de salud— y de sus viejos amigos de política y francachelas, mientras los “coroneles” —aquellos diputados y senadores que no parecen ser conscientes de la decadencia del partido— temen que durante la convención, inicialmente prevista para el 16 y el 17 de septiembre, pueda producirse un retorno masivo de hijos pródigos. Entre ellos, el propio Angelino Alfano, en la actualidad ministro del Interior y líder del Nuevo Centroderecha (NCD).

El temor, no del todo infundado, procede de unas declaraciones del propio Parisi en las que asegura que el encargo que ha recibido de Berlusconi es el de formar “un proyecto liberal popular, a partir de los partidos ya existentes, que consiga movilizar a la militancia para conformar una línea alternativa al centroizquierda [el Partido Democrático (PD) de Matteo Renzi] y competitiva con el Movimiento 5 Estrellas (M5S)”. Y advierte: “La ruta debe ser establecida por los moderados, con el objetivo de recuperar al menos una parte de los 10 millones de votos perdidos...”.

El primero en protestar ha sido Matteo Salvini, el líder de la Liga Norte, que en las pasadas municipales se coaligó con Forza Italia en algunas alcaldías. Salvini llegó a anunciar que irá a la convención de septiembre, pero en principio solo a escuchar, porque ya ni traga a Parisi ni nada que Su discurso abiertamente xenófobo y machista —el otro día subió al escenario una muñeca hinchable para intentar ridiculizar a Laura Boldrini, la presidenta de la Cámara de Diputados Parlamento—, busca sin rodeos explotar el hartazgo de una parte de la ciudadanía con la Unión Europea. Una postura que, aunque compartida en algún momento por Berlusconi —viejo coaligado de la Liga Norte— no puede casar con la línea moderada que parece buscar Parisi.

“Para mí”, ha dicho Salvini, “lo que marcará las diferencias dentro de la coalición que quiere Parisi será la política exterior: quien quiera a la Merkel, defienda a capa y espada el euro o sea partidario de Hillary Clinton, no puede coaligarse con la Liga”. Angelino Alfano recoge el guante: “Una de las pocas cosas que nos une a Salvini y a mí es el deseo de no estar juntos”. Para tratar de sacar a Forza Italia de la ruina, el nuevo delfín de Berlusconi tendrá que evitar que los viejos tiburones del centro y la derecha se devoren entre sí.

 

Las reformas de Renzi benefician al M5S

Matteo Renzi prometió nada más llegar al Gobierno que haría de Italia un país gobernable. Lo que tal vez nunca imaginó es que la situación política iba a cambiar tanto en tan poco tiempo. La supresión del bicameralismo perfecto —quitándole al Senado la capacidad de bloquear las leyes aprobadas por la Cámara de Diputados— y, sobre todo, la implantación de un sistema electoral que incluye la segunda vuelta puede beneficiar al Movimiento 5 Estrellas (M5S). El partido creado en 2009 por el cómico Beppe Grillo y el empresario Gianroberto Casaleggio volvió a crecer en las últimas elecciones municipales, y no hay señales de que su vivero de votos —el descontento social hacia la vieja política— haya tocado fondo.

Mientras que los jóvenes del M5S siguen fogueándose en la política institucional sin contagiarse de sus vicios, los principales representantes del centroizquierda y el centroderecha —el Partido Democrático y Forza Italia— siguen enrededados en sus peleas cainitas. Ya las ciudades de Roma y Turín están gobernadas por dos mujeres jóvenes del M5S. Y, mientras el viejo PD sigue empeñado en cargarse a Renzi, con más ahínco incluso que la oposición, y Berlusconi tiene bastante con cuidarse el corazón, el partido de Grillo se prepara para que la segunda vuelta sea la suya.