La posibilidad de un ‘Nexit’ cobra cuerpo en Holanda

Un 54% de los ciudadanos de ese país dice desear una consulta sobre la permanencia en la UE

El líder de ultraderecha holandés Geert Wilders el pasado jueves.SOPHIE MIGNON (AFP) / QUALITY (reuters_live)

Wilders calificó la victoria del Brexit en el referéndum del pasado 23 de junio de “revuelta patriótica en pos de la libertad”. Una primavera luminosa capaz de arrastrar a los holandeses hacia su propia versión del “día de la independencia y la soberanía recobrada”. El ansiado Nexit.

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Aunque su moción para convocar un referéndum ha sido rechazada por mayoría en el Congreso —solo su Partido por la Libertad votó a favor—, la decisión de los británicos ha destapado el resentimiento hacia una Unión Europea distante. ¿Puede, entonces, repetirse la historia? ¿Puede dejar Holanda, una de sus fundadoras, la UE?

Desde el punto de vista técnico, no es fácil que ocurra. El referéndum solo se convoca para leyes o tratados adoptados, pero que no han entrado en vigor. Es el caso del Acuerdo de Asociación de la UE con Ucrania, rechazado por los holandeses en abril. Supuso un mal trago para el actual Gobierno de centroizquierda, que todavía no sabe cómo abordar el asunto, pero no era vinculante. Para ello habría que cambiar la Constitución y lograr después el apoyo de dos tercios del Congreso y el Senado. Sin embargo, una buena porción de la ciudadanía se muestra partidaria de reclamarlo, según las encuestas elaboradas desde el Brexit. Alrededor de un 54% lo desea. Otra cosa es el resultado, porque solo el 48% abandonaría la UE.

El olfato de Wilders le ha llevado a convocar a sus compatriotas “a la segunda vuelta” del frustrado referéndum. Ahora que su partido lidera en intención de voto los sondeos (oscila entre 28 y 36 escaños en un hemiciclo de 150), les invita a dar un portazo a la UE el 15 de marzo de 2017, cuando se celebren las elecciones generales. Ese año también habrá comicios en Alemania y Francia, y una llamada de atención holandesa a Bruselas tendría un eco enorme.

Capitalizar el descontento

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En realidad, más que una posible salida de la UE, el temor del Gobierno es que él capitalice lo que se considera el verdadero mensaje del Brexit. Es decir, la necesidad de reformar la Unión desde dentro para que ilustre los beneficios que reporta más allá del comercio.

Adriaan Schout, del Instituto Clingendael de Relaciones Internacionales, señala las “emociones políticas de Reino Unido, un país que se ve como una de las grandes economías mundiales y piensa que puede valerse solo”. No es el caso de Holanda. La retórica populista no oculta que el país tiene una economía abierta y es uno de los cinco mayores exportadores mundiales. Que Alemania es el principal socio comercial, y La Haya carece de opciones fuera de la UE. “Es verdad que no hay un lazo emotivo con Bruselas, y falta identificación con el Parlamento Europeo, pero querer irse es otra cosa. Lo mejor sería que la UE funcionara y no fuera un tema de discusión política. Porque si la reforma se produce solo por lo del Reino Unido, tiene un problema con ella misma”, asegura.

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