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Dallas alimenta las quejas de la policía de sentirse criminalizada

El tiroteo del jueves, donde murieron cinco policías, supone un punto de inflexión entre los uniformados y la población negra

Un hombre pone una veladora ante una patrulla.
Un hombre pone una veladora ante una patrulla. AP

Dallas supone un punto de inflexión en el debate en Estados Unidos sobre el trato de la policía con la población negra. El debate estalló en agosto de 2014 con la muerte de Michael Brown, un joven negro que iba desarmado, en Ferguson (Misuri) tras recibir una decena de tiros de un agente blanco. Ferguson disparó el control a la actuación policial y forzó a los cuerpos a tomar medidas. Las víctimas eran los negros; los culpables, los policías. Dallas revierte el orden: las víctimas son los cinco policías muertos y el culpable es un exmilitar afroamericano que abrió fuego contra ellos y que dijo actuar en parte en represalia por las muertes de negros a manos de la policía. 

Ferguson, un suburbio hasta entonces desconocido en el Medio Oeste de EE UU, abrió una brecha entre policías y ciudadanos. También ha distanciado a policías y gobernantes. Las autoridades, con el presidente Barack Obama a la cabeza, han buscado un difícil equilibrio: ensalzan el papel de los cuerpos policiales en el mantenimiento del orden público a la vez que impulsan medidas para que actúen con más contención y transparencia, por ejemplo con la instalación de cámaras de vídeo en los uniformes policiales.

“Todo lo que sé es que debe terminarse esta división entre nuestra policía y nuestros ciudadanos”, dijo el jefe de la policía de Dallas, David Brown, tras el tiroteo de la noche del jueves. El sindicato de la policía de Nueva York, la mayor de EE UU, consideró que el ataque en Texas demuestra que los peligros que afrontan los agentes han llegado a un “nivel crítico” y sostuvo que los políticos “nos fallan cuando prejuzgan incidentes sin conocer todos los hechos y menosprecian a todo el cuerpo del orden”.

La ausencia de claridad sobre cómo murió el joven de Ferguson, un sábado al mediodía en una calle residencial, desencadenó un fenómeno, patente esta semana con otras dos muertes de negros, de grabaciones con teléfonos móviles que destapan en las redes sociales casos de brutalidad policial contra los afroamericanos. Y han proliferado las protestas -la inmensa mayoría pacíficas- contra la reiteración de muertes de negros desarmados a manos de la policía.

Los sindicatos policiales han denunciado desde Ferguson sentirse en el ojo del huracán: esgrimen que se sienten cuestionados, que temen que todo lo que hagan pase a ser examinado por una opinión pública en contra. Los agentes alegan que se minimizan los riesgos que afrontan dado que la mayoría de las víctimas por disparos policiales van armadas. Han promovido el lema ‘Las vidas azules importan’ como respuesta al ‘Las vidas negras importan’, el epítome de las protestas por las muertes de negros. 

Con el tiroteo de Dallas, han muerto por disparos este año en EE UU 26 agentes de policía, lo que supone un aumento del 44% respecto a las 18 muertes registradas en el mismo período del año anterior, según datos del Fondo del Memorial Nacional de Agentes del Orden, que no aborda los posibles motivos. De media, un agente es asesinado en EE UU cada 61 horas, según el Fondo. 

Poco antes y después del tiroteo de Dallas, hubo ataques a policías en tres ciudades estadounidenses. Dos agentes resultaron heridos, uno de gravedad.

Las muertes de civiles son muy superiores. En los primeros seis meses de 2016, fallecieron un total de 491 personas por disparos de la policía, por encima de las 465 del mismo período de 2015, según un recuento del diario The Washington Post. Alrededor de una cuarta parte de las víctimas eran negras, lo que duplica su peso demográfico.

En paralelo, en el 97% de los casos de muertos por disparos de agentes, éstos no fueron imputados, según la web Mapping Police Violence. La ausencia de cargos judiciales también ha alimentado las protestas ciudadanas y quejas de políticos. 

El mayor escrutinio a la actuación policial tras Ferguson también ha desatado un intenso debate sobre si la policía es más cauta y si eso puede explicar el auge de las muertes violentas en el último año en una veintena de grandes ciudades tras dos décadas de caída. Se lo denomina efecto Ferguson: los agentes se contienen por miedo a que una grabación indigne a la opinión pública.

El director del FBI, James Comey, ha dicho que el “efecto del vídeo viral” podría ser una de las principales causas del auge del crimen, pero el aumento de las muertes por disparos policiales cuestiona la teoría de que la policía es más comedida.