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Las fuerzas iraquíes toman el centro de Faluya en medio de un éxodo de la población civil

Las fuerzas gubernamentales toman el centro de la ciudad y colocan la bandera iraquí en el Ayuntamiento

Un miembro de las fuerzas gubernamentales de Irak saluda con la v de victoria este jueves tras entrar en la ciudad de Zankura.
Un miembro de las fuerzas gubernamentales de Irak saluda con la v de victoria este jueves tras entrar en la ciudad de Zankura. AFP

Varios miles de personas han escapado este viernes de Faluya ante la aparente retirada de los combatientes del Estado Islámico (ISIS), que hasta ahora les utilizaban como escudos humanos. Después de casi cuatro semanas de feroz resistencia, ese cambio de táctica ha permitido que las tropas gubernamentales avanzaran hasta el centro de la ciudad y colocarán la bandera iraquí sobre el ayuntamiento. Pero el inesperado éxodo ha desbordado a las organizaciones humanitarias que se ocupan de los desplazados, por lo menos 68.000 personas.

“La liberación del complejo gubernamental simboliza el restablecimiento de la autoridad del Estado”, ha proclamado visiblemente orgulloso el jefe de la policía nacional, Raed Shaker Jawdat, a la cadena estatal Al Iraqiya.

Además del ayuntamiento, ese conjunto de edificios albergaba la sede la policía nacional y otras dependencias administrativas hasta la llegada del ISIS, hace dos años y medio. Hacer posible la vuelta del Estado iraquí requiere no sólo echar a sus combatientes del resto de los barrios que aún controlan, sino que las tropas eviten agrandar la brecha sectaria que facilitó que tomaran la ciudad de las mezquitas.

Faluya ha sido un bastión de la insurgencia suní contra el Gobierno central, en manos de la mayoría chií desde el derribo de Saddam Husein en 2003. El ISIS, como antes su predecesor Al Qaeda en Irak, explotó el malestar y sentimiento de marginación de esa comunidad para tomar el control de la ciudad. Para algunos analistas el repentino giro que han dado hoy los combates es fruto de que los líderes tribales locales se han distanciado de los combatientes extranjeros de la organización. También es posible que su repliegue hacia el oeste, del que se han hecho eco los portavoces militares, sea solamente táctico.

En cualquier caso, las autoridades tienen ante sí un doble reto. Por un lado atender a quienes huyen de los combates, la mayoría sin más posesiones que la ropa que llevan puesta. Desde el jueves al menos 6.000 familias han abandonado la ciudad, según su alcalde Issa al Issawi, citado por las agencias de prensa.

“No sabemos cómo hacer frente a este enorme número de civiles”, ha declarado Al Issawi.

Al parecer, la desbandada empezó cuando el ISIS retiró de los puestos de control que mantenía en dos puentes sobre el Éufrates. Las imágenes de vídeo en las que se ve a decenas de personas echándose al río son una prueba innegable de la desesperación. Durante meses, Faluya ha estado sitiada, sin recibir alimentos ni medicinas. La gente estaba al límite. Pero las organizaciones que están sobre el terreno, como el Norwegian Refugee Council, ya estaban desbordadas. Los campamentos establecidos carecen de suficiente agua potable y tiendas de campaña.

Según los datos recopilados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), por lo menos 68.000 personas han salido de Faluya y sus alrededores desde que se inició la ofensiva. Pero antes de ésta, distintas estimaciones cifraban entre 50.000 y 90.000 los residentes que quedaban en la ciudad de los 300.000 que tenía en 2010.

Las fuerzas de seguridad también afrontan otro desafío. Mientras las unidades antiterroristas y de intervención rápida prosiguen un trabajoso avance en una ciudad llena de trampas explosivas, los servicios de contraespionaje tienen que asegurarse de que no se cuelan yihadistas entre los civiles. Desde que se inició la ofensiva el pasado 23 de mayo, han estado separando de sus familias a todos los varones a partir de 15 años en busca de miembros del ISIS.

Dada la tensión sectaria, existe el riesgo de que el maltrato y las humillaciones que han denunciado algunos de los filtrados surtan el efecto contrario, alentando las simpatías hacia ese grupo. No está claro si el Gobierno está consiguiendo mantener alejadas de ese proceso de control a las milicias chiíes que forman el grueso de las Unidades de Movilización Popular que apoyan el esfuerzo bélico, pero cuyos precedentes de violaciones de derechos humanos las convierten en altamente tóxicas.

Estados Unidos ha manifestado su preocupación al respecto, pero eso no le ha impedido dar apoyo aéreo a las fuerzas iraquíes. En su comunicado de hoy, el mando conjunto de la Operación Resolución Inherente daba cuenta de que la aviación norteamericana había alcanzado dos objetivos en las proximidades de Faluya el jueves y “destruido seis ametralladoras pesadas, 10 posiciones de combate y un rifle sin retroceso del ISIS, además de frenar su avance”.

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