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China aumenta la vigilancia en Xinjiang durante el Ramadán

Pekín afirma que la libertad religiosa en la cuna de la etnia musulmana uigur es "mayor que nunca"

El mes del Ramadán es siempre una época sensible en Xinjiang, la región autónoma en el oeste chino donde tiene su hogar la etnia uigur, de religión musulmana. Este año no parece ser una excepción. Varias páginas oficiales en ese territorio han reiterado la desaprobación a que funcionarios, estudiantes y miembros del Partido Comunista cumplan el precepto islámico del ayuno. Y, simultáneamente, se ha dado a conocer que algunos residentes tendrán que presentar muestras de ADN para obtener documentos de viaje, un requisito que no se exige en el resto de China.

Una mezquita en Trípoli (Líbano).
Una mezquita en Trípoli (Líbano). AFP

Desde el 1 de junio, los residentes de la prefectura de Ili, una zona de composición étnica dividida entre uigures, kazajos y han (el grupo mayoritario en China), tendrán, si quieren recibir un pasaporte o un permiso de viaje para Hong Kong, Macao o Taiwán, no solo que presentar muestras de ADN, sino también muestras de voz, huellas dactilares y una imagen tridimensional. “Los funcionarios de la Oficina de Entradas y Salidas no aceptarán las solicitudes que no incluyan toda la información biológica requerida”, según ha publicado el diario oficial Noticias de Yili.

La medida ha entrado en vigor apenas cinco días antes de que comenzara el mes de Ramadán, un periodo en el que China suele intensificar los controles en Xinjiang y vigilar de modo más intenso la práctica religiosa musulmana.

Pekín sostiene que estos controles son necesarios dentro de la campaña antiterrorista que lleva a cabo desde hace dos años para hacer frente a las oleadas de violencia en la región y atajar la influencia del extremismo islámico. Una campaña en la que ha condenado a cadena perpetua al académico moderado Ilham Tohti, defensor de línea muy moderada de los derechos de su etnia. Las organizaciones pro derechos humanos y los grupos uigures en el exilio denuncian, por su parte, que las medidas que impone el Gobierno central, que incluyen la prohibición de llevar velo, restringen la libertad religiosa y agravan las tensiones étnicas.

En esta ocasión, la página web oficial de la ciudad de Korla, en el centro de Xinjiang, puntualiza que “los miembros del Partido, altos cargos, funcionarios, estudiantes y menores de edad no deben ayunar por Ramadán ni participar en actividades religiosas”, una instrucción similar a la de años anteriores. Además, “los establecimientos de comida y bebida no deben cerrar” en esta época. Otras páginas web oficiales en Xinjiang incluyen advertencias similares.

Pese a todo, China insiste en que en la región autónoma hay más libertad religiosa que nunca.

En una rueda de prensa la semana pasada, antes del comienzo del Ramadán, el Consejo de Estado -el Ejecutivo chino- presentó un libro blanco sobre la libertad de culto en ese territorio en el que se subraya que “la libertad de creencia religiosa en Xinjiang hoy día carece de parangón en cualquier otro periodo histórico, y es algo que nadie que respete los hechos puede negar”.

“Ningún ciudadano sufre discriminación o trato injusto por creer, o dejar de creer, en ninguna religión” y sus “sentimientos y necesidades religiosas se ven totalmente respetadas”, insiste el documento, que asegura, entre otros ejemplos, que los dueños de los restaurantes son libres de abrir o cerrar sus establecimientos durante Ramadán.

Al presentar el documento, un portavoz del Consejo de Estado indicó, acerca de la prohibición a los adolescentes de asistir a la mezquita, que “todos los menores de 18 años deben recibir educación obligatoria; de acuerdo a la Ley de Protección del Menor de la región de Xinjiang, ninguna organización o individuo puede convencer y obligar a los menores a participar en actividades religiosas o hacer uso de la religión de modo que perjudique el curso educativo. Según las normas de la región y del país, los menores no pueden participar en actividades religiosas”.