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Morena vuelve a golpear en Ciudad de México pero no tumba al PRD

El duelo de la izquierda mexicana se salda con una victoria (36%) del emergente Morena

La fuerza tradicional resiste el envite y la diferencia es de apenas cinco puntos

El líder de Morena Andrés Manuel López Obrador
El líder de Morena Andrés Manuel López Obrador EFE

El golpe no ha sido tan rotundo. Morena llegaba a la jornada electoral de este domingo, interpretada como la segunda prueba de fuego en el choque de las dos fuerzas de la izquierda mexicana, envuelto en un clima de euforia. Los sondeos para elegir a los padres de una nueva constitución política en Ciudad de México vaticinaban un triunfo por goleada, con ventajas de hasta 10 puntos sobre el PRD, que ha gobernado en la capital durante más de 20 años. Finalizado el escrutinio preliminar, las posiciones de la foto final quedan sin embargo más apretadas de lo esperado. Morena vence con un 36,2%, el umbral pronosticado en las encuestas. Pero al otro lado del cuadrilátero, al PRD aguanta con un 31,5%, arañando votos de la caída de los otros dos partidos mayoritarios, PAN y sobre todo el PRI, que pierde casi cinco puntos.

Morena, una escisión del propio PRD nacida hace apenas dos años bajo el auspicio de su carismático líder, Andrés Manuel López Obrador, consolida así su proyecto en la capital, que pretende ser a su vez el trampolín para las presidenciales de 2018. En su primer examen en las urnas, las legislativas del año pasado, logró batir por la mínima al PRD, conquistando además cinco delegaciones de la capital. Su entrada en importantes plazas de poder –como Cuauhtémoc, el corazón de la ciudad– le ha dotado del músculo institucional suficiente para someter de nuevo al PRD, un partido de implantación nacional con casi 40 años de historia. La contienda en el resto de Estados donde Morena no contaba con un suelo institucional previo, se ha saldado con vigorosos avances, pero la formación emergente se ha quedado a las puertas.

Amortiguado por una baja participación –apenas el 30%– la fuerza tradicional de izquierda ha conseguido taponar la sangría. La diferencia ha sido de apenas 60.000 votos. El PRD lleva dos años sumido en una fuerte crisis interna, desatada por el desmembramiento que supuso la aparición de Morena. El trasvase de antiguos cuadros perredistas tiene como cima al mismo López Obrador, con quien el PRD acarició la presidencia de la república en 2006. Una derrota categórica en la capital, su feudo hasta ahora inexpugnable, hubiese significado ahondar una herida que cada vez es más profunda en el resto de la República.

El PRD aguanta el envite con un 31,5%, arañando votos de la caída de los otros dos partidos mayoritarios, PAN y sobre todo el PRI

El carácter extraordinario de estos comicios, que ha condicionado que la participación caiga muy por debajo de la media, provocó además que el foco se concentrara en la pugna estratégica entre las dos formaciones de la izquierda mexicana. Tanto el PAN como sobre todo el PRI, que tradicionalmente ha ocupado un papel residual en el antiguo Distrito Federal, ha sufrido un notable retroceso con respecto a los números que manejaban las encuestas. Y esos cinco puntos perdidos coinciden con la mejora inesperada del PRD. La política de moderación ideológica de Miguel Ángel Mancera, precisamente una de las principales crítica de Morena, habría servido para rebañar votos del caladero del centroderecha.

La Asamblea Constituyente que nacerá de las urnas funcionará poco más de un año. Quedará disuelta en febrero del 2017 una vez aprobada la constitución, que dotará la capital de una autonomía similar a la del resto de los 31 Estados mexicanos. El polémico diseño de esta cámara temporal castigará al ganador Morena. De los 100 diputados, solo 60 serán elegidos de acuerdo a los resultados las elecciones. Los 40 restantes serán designados por el presidente Enrique Peña Nieto, la Cámara de Diputados y Senadores, donde tiene mayoría el PRI, y el jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera.

El 36% de Morena que puede sufrir alguna alteración a partir del conteo definitivo que comienza el miércoles ni si quiera le confiere por tanto una mayoría en la Asamblea Constituyente. López Obrador ha vuelto a golpear en el centro político y financiero de México. Una victoria más simbólica que material que sirve sobre todo para redoblar la apuesta del curtido candidato de la izquierda de cara a su última oportunidad de asaltar los cielos de la República en 2018.