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La elección del nuevo presidente federal se convierte en un problema para Merkel

Gauck renuncia a la reelección y obliga a los partidos a la difícil tarea de buscar un sucesor

El presidente alemán, Joachim Gauck, este lunes en Berlín. REUTERS Quality

Alemania busca nuevo jefe de Estado. Joachim Gauck, el antiguo disidente de la RDA, pastor protestante y político apartidista de 76 años que ejerce como presidente federal desde 2012, anunció este lunes que renuncia a un segundo mandato. “Soy consciente de que el periodo vital de los 77 a los 82 es diferente del que estoy viviendo. Y no puedo garantizar el mismo grado de energía y vitalidad para un nuevo mandato de cinco años", aseguró desde su residencia oficial en el berlinés palacio de Bellevue. La paradoja es que la marcha de Gauck se convierte ahora en un problema para la canciller, Angela Merkel, la misma que hace cuatro años se vio obligada a aceptar su candidatura en contra de su voluntad.

No hay ninguna duda de que, si hubiera querido, Gauck habría obtenido la mayoría para seguir hasta 2022 como el más alto representante del Estado. A ningún partido le interesaba abrir ahora el debate sucesorio. Su renuncia complica las cosas a la clase política alemana en primer lugar porque ninguna de las grandes fuerzas dispone de una mayoría suficiente para imponer a su candidato. Y la elección, prevista para el próximo febrero, tendrá lugar pocos meses antes de las elecciones federales del próximo otoño, por lo que será inevitable que las negociaciones para buscar un sustituto resulten afectadas por la batalla electoral. Además, las tensiones entre la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel y sus teóricos aliados bávaros de la CSU también podrían contaminar el proceso.

Se abre ahora un periodo de difíciles negociaciones para buscar al sucesor. La Asamblea Federal –un órgano cuyo único fin es elegir cada cinco años al jefe del Estado y que está formado a partes iguales por los representantes del Bundestag y de los 16 Parlamentos regionales- se reúne el próximo 12 de febrero. La CDU ha mostrado su intención de nombrar un candidato salido de sus filas. Los nombres que más se oyen son los del presidente del Bundestag, Norbert Lammert, y el del ministro de Hacienda, Wolfgang Schäuble. Los poscomunistas de Die Linke (La Izquierda) apuestan por pactar un candidato con socialdemócratas y verdes. Pero ninguno de los bloques dispone de la mayoría absoluta necesaria en las dos primeras vueltas de la elección. Si para entonces no hay presidente, en la tercera vuelta basta con una mayoría simple.

Pese a que los partidos empiecen ahora a marcar perfil propio, no se puede descartar que, al final del proceso, busquen un candidato de consenso. Fue el caso de Gauck, que obtuvo el respaldo de democristianos, socialdemócratas, verdes y liberales.

Un moralista que ha devuelto el prestigio a la institución

Gauck se va como una de las figuras políticas más respetadas de Alemania. Su imagen de referente moral –patente en sus discursos que en ocasiones parecen homilías- ha servido para resaltar la necesidad de que Alemania asuma un mayor papel en la escena internacional o para arremeter contra las tentaciones autoritarias. Frente al pragmatismo de Merkel, Gauck ha criticado a líderes tan importantes como el turco Erdogan o el ruso Putin. En los últimos tiempos alzó su voz para destacar la acogida de refugiados como el mayor reto al que el país se enfrenta desde la reunificación, aunque también señaló que los esfuerzos de acogida deben tener sus límites. “Si los demócratas no quieren discutir sobre estos límites, dejarán el campo libre a los populistas y a los xenófobos”, alertó el pasado mes de enero en el foro de Davos.

Sus discursos no siempre han caído bien en el Gobierno o en los grandes partidos, pero ha logrado situarse por encima de las luchas partidistas como figura de prestigio y prácticamente intocable. Tras la marcha abrupta de sus dos antecesores –Horst Köhler y Christian Wulff, ambos dimitieron antes de culminar su mandato-, Gauck ha logrado devolver el prestigio a la institución.

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