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El presidente Erdogan fuerza la salida de su primer ministro

El gobernante AKP celebra un congreso extraordinario al que no se presentará Davutoglu

El presidente Erdogan y el primer ministro Davutoglu en octubre pasado. REUTERS

La cada vez más evidente ambición del jefe de Estado turco, Recep Tayyip Erdogan, de sustituir el régimen parlamentario de su país por un sistema presidencialista, ha abierto una importante brecha con su primer ministro, Ahmet Davutoglu, y ha llevado a una crisis en el seno del partido gobernante y en el Ejecutivo. Tras varios días de reuniones entre los dos mandatarios y de la cúpula del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), se ha decidido convocar un congreso extraordinario el próximo 22 de mayo para renovar al presidente de la formación islamista y en el que Davutoglu no concurrirá como candidato, sino que presumiblemente será sustituido por un nombre más leal a Erdogan, que también liderará un eventual nuevo Gobierno.

No es la primera ocasión en que las aspiraciones del líder turco sumen al país en la inestabilidad: ya ocurrió cuando el actual presidente boicoteó todo tipo de acuerdo con la oposición para formar un Gobierno de coalición tras las elecciones del pasado junio, en la que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) perdió su mayoría absoluta por primera vez desde que llegó al poder en 2002. En aquella ocasión, la apuesta, si bien costosa para el país –la lira se hundió y aumentó la polarización política y social-, dio buen resultado para Erdogan, pues el AKP recuperó el control del hemiciclo.

Turquía es en este momento un contraparte clave de la Unión Europea para gestionar la migración, con la que ha suscrito un acuerdo por el que asumen los migrantes retornados desde Grecia a cambio de la exención de visados a sus ciudadanos y 6.000 millones de euros, y es también un socio importante en la lucha contra el ISIS.

“No creo que sea candidato en el próximo congreso, dadas las actuales circunstancias”, afirmó Davutoglu ante la prensa explicando que, cuando el accedió al puesto, el modelo a seguir era el de “un presidente fuerte y un primer ministro fuerte”. “Nuestro presidente [Erdogan] me dijo que no quería un primer ministro florero y yo trabajé según esas indicaciones”, se justificó antes de reconocer que “ahora empieza un periodo nuevo”. A pesar de que afirmó sentirse molesto por las últimas decisiones tomadas por el comité central del AKP, aseguró que no deja su cargo dolido con nadie y, mucho menos, con el presidente Erdogan, al que siempre le ha unido una gran “amistad”. “La unidad del partido es lo que más me importa”, afirmó.

Los acontecimientos en el choque Erdogan y Davutoglu se han precipitado con gran rapidez. El pasado 29 de abril, mientras Davutoglu se encontraba de viaje oficial en Qatar, todos excepto cuatro de los 50 miembros del comité central del AKP aprobaron despojar a su presidente y primer ministro de la facultad de designar a dedo a los secretarios provinciales del partido, después de que Davutoglu hiciera una serie de nombramientos que no habían gustado a Erdogan.

Cabe recordar, que en el congreso del AKP del pasado septiembre, Erdogan –quien ya no forma parte de la formación islamista pues su cargo le exige neutralidad, pero que sigue manejándola entre bambalinas- había maniobrado para colocar a sus fieles en los máximos órganos de dirección del partido.

A su regreso de Qatar, el primer ministro se encontró no sólo con que su poder de maniobra dentro del AKP había quedado reducido a cero, sino también con la aparición de un misterioso blog llamado Pelikan Dosyasi (El informe Pelícano) que, pese a ser anónimo, rápidamente se convirtió en la comidilla de los pasillos políticos de Ankara. En el texto se acusa a Davutoglu de haber “traicionado” al “jefe” (en referencia a Erdogan) vendiéndose “a Occidente y sus caballos de Troya” e impidiendo la transición hacia el presidencialismo.

“La situación se ha convertido en insostenible bajo Davutoglu”, acusó esta semana otro columnista cercano a Erdogan, Nasuhi Güngör, para quien el actual sistema político de Turquía provoca “una dualidad de estructuras administrativas”, es decir, un conflicto entre los poderes del primer ministro y jefe de Gobierno, y la Presidencia de la República, que, pese a que sobre el papel posee atribuciones más bien simbólicas, Erdogan utiliza como si fuese un cargo ejecutivo escudándose en que, desde 2014, es un cargo electo directamente por el pueblo y no por el Parlamento como lo era anteriormente.

En medio la multiplicación de acusaciones hacia su persona, Davutoglu se dirigió el martes a su grupo parlamentario con un discurso críptico pero en el que algunas de sus ambiguas frases sonaban a despedida: “Podría rechazar cualquier puesto, pero no destrozaré el corazón de mis amigos, con los que comparto la causa común de este sagrado movimiento”. El miércoles fue recibido por Erdogan en un ambiente de gran tensión entre ambos y, aunque Davutoglu no presentó finalmente su dimisión como se especulaba, sí que se pactó su salida del AKP y del Ejecutivo.

Entre los nombres que más se barajan para sustituir a Davutoglu se encuentran el del ministro de Transporte, Binali Yildirim, y el del titular de Energía, Berat Albayrak, quien además es yerno de Erdogan. El relevo más adecuado –pues al menos guardaría mejor las apariencias de no convertir la jefatura de Gobierno en una mera marioneta- sería Yildirim, hombre de probada lealtad a Erdogan desde hace dos décadas. Pero su figura se ha visto dañada cuando recientemente aparecieron unas fotografías en las que se ve a su hijo apostando a la ruleta en Singapur (en Turquía los casinos están prohibidos), en una filtración sin duda dirigida a debilitar sus opciones. Otras personas que suenan para el cargo, según el analista Abdülkadir Selvi –buen conocedor del AKP-, son el ministro de Justicia, Bekir Bozdag; el de Sanidad, Mehmet Müezzinoglu, y el viceprimer ministro, Numan Kurtulmus.

Según el analista Ozer Sencar, director de la empresa demoscópica Metropoll, “Erdogan pretende solventar la cuestión del presidencialismo antes de fin de año”. Para ello debe cambiar la actual Constitución para lo que debería convocar un referéndum. Pero el AKP no dispone de una mayoría suficiente para organizar la consulta por lo que, en caso de que ningún partido opositor le dé los apoyos necesarios, se podría ir a unas elecciones anticipadas en las que, aprovechando los problemas que viven otras formaciones (el HDP kurdo y el MHP ultranacionalista) los islamistas aumenten el número de escaños de los que disponen.

Con todo, se trataría de una maniobra arriesgada en medio de los desafíos a los que se enfrenta Turquía actualmente, especialmente en cuestiones de seguridad. No en vano, la divisa turca ha perdido un 5 % de su valor respecto a euro y dólar desde la semana pasada.

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