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La victoria de los nacionalistas corsos preocupa en Francia

La derecha interpela al Gobierno de François Hollande por la deriva independentista

El político nacionalista corso Gilles Simeoni vota en las elecciones regionales Ampliar foto
El político nacionalista corso Gilles Simeoni vota en las elecciones regionales del pasado 17 de diciembre en Ajaccio, Córcega. AFP

El abogado Gilles Simeoni defendió en 1998 a un independentista corso que mató a un policía. Hoy es el presidente de la isla. La clase política francesa, al igual que la prensa, concentradas ambas en el avance del Frente Nacional, apenas reparó en las pasadas elecciones regionales en el inédito e histórico éxito de los nacionalistas corsos. Con efectos retardados, la preocupación crece en la derecha una vez que emblemáticos políticos nacionalistas han tomado posesión de sus cargos, reabriendo el fantasma de un independentismo que en el pasado removió los cimientos de uno de los países más centralistas de Europa.

La lista regionalista de Gilles Simeoni se alzó con la victoria el pasado 13 de diciembre con el 35,34% de los votos, lo que, con el sistema mayoritario de reparto de escaños en la asamblea corsa, le da derecho a casi la mitad (24) de los 51 asientos. Simeone, un abogado de 48 años, se erigió el jueves pasado en presidente de la región, abriendo una etapa inédita en la historia del nacionalismo moderado corso. Junto con la elección de Jean-Guy Talamoni, otro abogado y político de 55 años, como presidente de la asamblea regional, la clase política está alarmada. Talamoni es más radical que Simeoni en sus posiciones. Se le considera independentista y en su investidura, además de utilizar solo el idioma corso, reclamó la amnistía para los “presos políticos” corsos condenados por actos violentos en la isla.

El primero en llamar la atención sobre lo que está ocurriendo fue el ex primer ministro François Fillon, de Los Republicanos. Fillon reconoció la legitimidad de la victoria electoral, pero el jueves declaró que tal cosa no exonera a los nacionalistas de respetar la ley ni les autoriza a “proferir invectivas dignas de la agitación clandestina que se creía superada”. Su compañero de filas y también ex primer ministro Alain Juppé ha deplorado que Talamoni no se haya expresado en francés, “la lengua de la República”, además de su referencia a los presos políticos.

El rotativo conservador Le Figaro, en su editorial de este lunes, considera que los nacionalistas corsos han aprovechado “las debilidades y las contradicciones de la izquierda en el poder” y critica al presidente de la República François Hollande y al primer ministro Manuel Valls de no haber reaccionado al discurso independentista de Talamoni. Su alocución el jueves pasado no llegó a los diez minutos, pero fue rotunda. “Hablo”, dijo, “en nombre de este pequeño movimiento nacional que nunca aceptó reconocer el principio de la tutela francesa sobre Córcega. En el nombre de los que jamás han renunciado a la independencia”. Más adelante señaló que su movimiento obtendrá “la amnistía de los presos y perseguidos”. Simeoni, por su parte, habló del “pueblo corso” y la “lógica emancipación de Córcega, que pasa necesariamente por una relación reformulada con el Estado”.

Pero no solo la derecha ha manifestado su inquietud. Las críticas han llegado desde la izquierda radical y también desde la ultraderecha del Frente Nacional. “Me siento un poco ofendido cuando el presidente de una asamblea francesa no habla en un idioma que comprendo”, dice Jean-Luc Mélenchon, diputado europeo y cofundador del Partido de Izquierda. “Estoy sorprendido”, ha dicho este lunes el vicepresidente del FN Florian Philippot. “El artículo 5 de la Constitución recuerda que el presidente de la República es el garante de la integridad territorial francesa. Debe explicarse”.

La victoria nacionalista en Córcega ha pillado a la clase política francesa con el pie cambiado. La izquierda, con una lista encabezada por el expresidente corso Paul Giacobbi, ganó en primera vuelta el 6 de diciembre. Los conservadores le culpan por haber cedido en los últimos años a las demandas nacionalistas y por hacer creer al Partido Socialista que dominaba la situación. El vuelco en segunda vuelta ha cambiado el panorama, pero ni Valls ni Hollande han querido hasta el momento reaccionar oficialmente. “La ley es la misma para todos y ello incluye también a Córcega”, ha señalado escuetamente el secretario de Estado de relaciones con el Parlamento Jean-Marie Le Guen.

Los expertos no creen que Córcega (300.000 habitantes) tenga la capacidad económica para un desafío independentista a la catalana. Tampoco hay una mayoría nacionalista tan amplia. Todo depende de la deriva de las nuevas autoridades, que defienden un sistema fiscal propio y el reconocimiento del corso como lengua oficial. El gobierno regional, de limitadas competencias, gestiona algunos impuestos y desde 2002 se imparte clases de corso en primaria. El presupuesto del ejecutivo regional es el más modesto de las 13 regiones metropolitanas de Francia (600 millones de euros).

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