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Por qué la educación está en la diana de los grupos integristas

Talibanes, ISIS y grupos africanos atentan contra la enseñanza libre y la influencia occidental

Varios estudiantes abandonan la Universidad de Garissa tras el ataque de Al Shabab.
Varios estudiantes abandonan la Universidad de Garissa tras el ataque de Al Shabab. AP

Pensamiento crítico y creatividad son dos de los objetivos que, al menos sobre el papel, tiene la Universidad paquistaní de Bacha Khan, situada en la localidad de Charsadda, en la franja occidental del país, a unos escasos 100 kilómetros de la frontera con Afganistán. Ni pensamiento crítico ni creatividad parecen casar con el predicamento radical de los que asaltaron este miércoles el centro fundado en 2012 y bautizado en homenaje al activista pastún Abdul Ghaffar Khan. Más de una veintena de personas, entre ellas estudiantes y facultativos, perdieron la vida a manos de cuatro atacantes. Pese a que primeras informaciones apuntaban a que los talibanes estaban detrás del ataque, el portavoz de la rama paquistaní, Muhammad Khorasani, negó su vinculación. El atentado, no obstante, vuelve a situar a la educación libre y sus alumnos en el centro de la diana del terrorismo de corte islamista.

Talibanes a un lado y otro de la frontera entre Afganistán y Paquistán condenan la educación libre, a la que achacan el influjo perverso de Occidente, y combaten en las zonas bajo su influencia la presencia en las aulas de la niñas. Sirva de ejemplo, una familia de refugiados de Kunduz (norte de Afganistán) con la que pudo conversar este periodista hace unos pocos meses en Múnich (Alemania) reconocía que uno de los motivos de su periplo era la embestida de los talibanes en su ciudad natal y el impedimento a que la niñas asistieran a clase. Pero la educación no es objetivo exclusivo del terrorismo de los talibanes. El Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés) también la ha puesto en su mirilla.

A lo largo de seis páginas del número de noviembre de la revista Dar al Islam, el ISIS hace un llamamiento a los musulmanes para que "combatan y maten" a los funcionarios públicos de la enseñanza en Francia, juzgados "enemigos de Dios" por instruir en la laicidad, uno de los caballos de batalla más recurrentes del islamismo radical y, sin duda, del ISIS. Bajo el título "Abandonar la educación de los infieles", la publicación, brazo mediático del grupo yihadista en lengua francesa, condena la condición laica del Estado galo, encuadrado en eso que llaman jahiliyah, un concepto habitual entre los teóricos islamistas de los 60-70 para referirse a los "días de la ignorancia", y acusa al sistema educativo de querer propagar "la forma de pensar corrupta establecida por la judeo-masonería" y de cultivar entre niños y adolescentes "comportamientos abyectos", destinados a ser esclavos de los "verdaderos dueños de Occidente; los judíos que corrompen".

La enseñanza está en la diana de los integristas no solo por el impacto de los atentados en su contra sino también por ser uno de los frentes para evitar procesos de radicalización. Uno de los mayores atentados cometidos en una escuela, no obstante, tuvo lugar el 16 de diciembre de 2014 en la ciudad paquistaní de Peshawar, una de las cunas de Al Qaeda --a unos 30 kilómetros de la Universidad de Charsadda, asaltada este miércoles--. Los talibanes paquistaníes de Tehrik-i-Taliban mataron a 131 niños (de 8 a 18 años) de la Escuela Pública del Ejército. El daño fue triple: la educación, las Fuerzas Armadas y los niños, que sin duda elevan como víctimas la conmoción ante los atentados terroristas.

Los correligionarios de los talibanes al otro lado de la frontera ya habían conmocionado a la comunidad internacional descerrajando sus fusiles contra la adolescente Malala Yousafzai. Fue en octubre de 2012. Malala se estaba convirtiendo en todo un símbolo en su tierra en la defensa de la educación de las niñas, que los integristas prohíben. Dos años después de sobrevivir al ataque, acogida en Reino Unido, la joven afgana recibió el Nobel de la Paz.

Tras los atentados del pasado 13 de noviembre, motivo de portada del séptimo número de la publicación Dar al Islam, las autoridades francesas elevaron la seguridad en los colegios. No es la primera vez que un --a priori-- lobo solitario entra en un centro educativo para atacar. El 19 de marzo de 2012 lo hizo en la escuela judía Ozar Hatorah de Toulouse el joven francés Mohamed Merah. Mató a cuatro personas, entre ellas, tres menores.

"Los musulmanes franceses deben saber", dice el artículo de Dar al Islam, "que el sistema educativo francés se construye contra la religión en general y que el islam, como única religión de verdad, no puede cohabitar con esa laicidad fanática".

Fuera de Europa se han cometido dos de los ataques más letales: el de Beslán, en Osetia del Norte, en septiembre 2004, protagonizado por terroristas independentistas chechenos, y el de la Universidad de Garissa, en el este de Kenia, el pasado mes de abril, con un balance de alrededor de 150 muertos. Este último fue perpetrado por el grupo terrorista somalí Al Shabab, que, según testigos, de cebó con los estudiantes cristianos.

También en África, en la franja más occidental, si hay un grupo que simboliza la amenaza terrorista contra la enseñanza libre es Boko Haram, nombre de la secta islamista radical liderada por Abubaker Shekau, que traducido del hausa significa aproximadamente "la educación occidental está prohibida". El ataque de este grupo, hoy vinculado nominalmente al Estado Islámico, que más ha conmocionado a la comunidad internacional fue el secuestro de más de 200 alumnas de una escuela de Chibok, en el noreste del país, en abril de 2014. La mayor parte de las jóvenes permanecen aún en paradero desconocido.

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