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“Se necesita más tiempo para llegar a un acuerdo internacional del clima”

Mario Molina, Nobel de Química y consejero de Obama, analiza la Cumbre de Clima de París

Mario Molina, en 2014.
Mario Molina, en 2014.

Mario Molina es un político de la ciencia. Sus investigaciones, además de haber sido distinguidas con el Premio Nobel de Química en 1995, ha contribuido a la supervivencia del planeta. Junto a sus colegas F. Sherwood Rowland y Paul J, Crutzen fueron los primeros en alertar de la amenaza que los gases clorofluorcarbonos, CFE (presentes en aerosoles o aislante térmicos), estaban teniendo sobre la capa de ozono. Este descubrimiento condujo a la firma del Protocolo de Montreal, el primer tratado internacional diseñado para proteger el medioambiente.

Molina, de 72 años, forma parte del Consejo de Asesores de Ciencia y Tecnología del presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Desde ese puesto y desde el Centro Mario Molina, en México, trabaja para generar un puente entre la ciencia y la política para crear soluciones prácticas al cambio climático, la nueva amenaza ecológica.

Pregunta. ¿Qué tiene que pasar para que la Cumbre de París se considere exitosa?

Respuesta. Que se reconozca con claridad que el problema hay que enfrentarlo. Se espera que los países a nivel individual declaren compromisos de reducir emisiones y de utilizar energías renovables. Esto no es suficiente para los cambios racionales que se necesitan, pero es un primer paso.

P. ¿Por qué a nivel individual y por qué no es suficiente?

R. Ojalá en reuniones posteriores y en esta misma década se pueda llegar a un acuerdo internacional. Eso no va a pasar en París, entre otras cosas, porque Estados Unidos no ratificaría un acuerdo de ese tipo porque tendría que ser aprobado por el Congreso, el cual está dominado por el Partido Republicano que no cree en el cambio climático. Obama, por su parte está haciendo todo lo que puede. Todavía se necesita tiempo para llegar a esta racionalidad.

P. En una entrevista a EL PAÍS hace tres años dijo que notaba una mayor participación del Partido Republicano y que esperaba que los candidatos a las elecciones presidenciales de 2016 no fueran ultraconservadores. Sin embargo, nos topamos con un Donald Trump.

R. Él es un extremo, y hasta cierto punto qué bueno que lo pusieron sobre la mesa para que veamos lo absurdo. Sí estamos empezando a trabajar con varios republicanos que están actualmente en el Congreso. Lo que pasa es que están acorralados, de momento no pueden salir a declararse en pro del cambio climático, pero sí se están convenciendo de que es un problema serio.

P. Más allá del Partido Republicano, ¿cómo se va a llegar alguna vez a un acuerdo internacional con protagonistas en constante enfrentamiento como Estados Unidos, China y Rusia?

R. China ya lo está tomando en cuenta muy seriamente; y en Estados Unidos, también. Sí se puede, el Protocolo de Montreal es un ejemplo de éxito.

P. ¿Cuáles podrían ser las consecuencias de no reducir las emisiones de gases?

R. Aunque la ciencia está muy bien establecida, el clima es complicado y tiene componentes caóticos: no se puede proyectar con certeza qué pasaría si no se toman medidas, pero sí se puede hablar de probabilidades. Como en una ruleta rusa, hay una posibilidad de seis de que ocurran desastres donde partes del planeta se podrían volver inhabitables o lugares donde miles de millones de personas tengan que emigrar. Ya podemos ver algunos efectos: el clima ya se está manifestando.

P. ¿Cuáles son las actividades humanas que más dañan al medio?

R. La quema de combustibles fósiles, la cual se podría sustituir por energías renovables que poco a poco están bajando de precio. La tecnología sigue avanzando: si la sociedad fuera lógica, le invertiría bastante más a estas tecnologías para que bajaran de precio. También está la deforestación, que es como la tercera parte del problema. Los bosques son los que convierten este exceso de dióxido de carbono en oxígeno.

P. ¿Y en nuestro día a día?

R. Las personas no están bien informadas. Nos conviene proteger a la naturaleza y a los recursos naturales limitados, y eso es cosa de costumbre y educación. Pero lo más importante es comunicárselo a los Gobiernos para que estén conscientes de que la gente sí está preocupada. Esto es más efectivo que medidas individuales voluntarias.

P. ¿El proyecto INNOVEC, del que forma parte, busca mejorar la calidad de aprendizaje de los estudiantes?

R. Se puede enseñar ciencia de una forma mucho más eficiente que la manera convencional que está basada, en buena medida, en la memoria. El objetivo es que los niños aprenden haciendo ciencia. Aprenden a razonar mientras se divierten. Este método ya no es un experimento, ya está establecido. En México, esta asociación de la que soy consejero ha conseguido trabajar con la Secretaría de Educación Pública para que se aplique en las escuelas públicas de los distintos Estados.

P. ¿Podríamos decir que este método busca la multidisciplinariedad de las materias?

R. Claro. Este método no solo ayuda a que aprendan ciencia, sino a que sean mejores individuos, miembros de una democracia. Tomen decisiones en base a la evidencia y no las creencias. Además, es una manera muy eficiente de comunicarles valores, y no a través de una clase de ética aburridísima. Si los niños ven cómo crecen los insectos, se entusiasman y aprenden a proteger la naturaleza y luego ellos mismos imponen en sus casas ese respeto por la naturaleza.

P. Y un extra: ¿Qué opina sobre la puerta que abrió México a la legalización de la marihuana?

R. Uno de los problemas que más afecta a nuestro país es el narcotráfico, y la legalización es una forma de frenarlo. Todos los países deberían legalizarla, pero se debe empezar uno a uno. No es un problema de salud pública sino de seguridad.