La oposición confía en ganar las elecciones en Myanmar

La NLD, el partido de la Premio Nobel Aung San Suu Kyi, parte como favorito

Cola de votantes para acceder a un colegio electoral en Mandalay (Myanmar).
Cola de votantes para acceder a un colegio electoral en Mandalay (Myanmar).OLIVIA HARRIS (REUTERS)

Entre la euforia y el nerviosismo se desarrollaba este domingo el lento escrutinio electoral tras los históricos comicios en Myanmar (Birmania), los primeros semilibres desde 1990. Los primeros resultados oficiales no se darán a conocer hasta este lunes y el ganador hasta la jornada siguiente. Pero los partidarios de la opositora Liga Nacional para la Democracia (NLD en sus siglas en inglés), de la premio Nobel Aung San Suu Kyi, que realiza su propio recuento, se mostraban confiados en una victoria que ya comenzaron a celebrar.

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La NLD aspira a arrebatar el mando al Partido de la Unión para la Democracia y el Progreso (USDP), apoyado por el antiguo régimen militar. Sus partidarios se daban cita horas después del cierre de las urnas para festejar, con cánticos, bailes y banderas rojas lo que creen que será una amplia victoria en las primeras elecciones semilibres en 25 años. Cerca de 30 millones de ciudadanos estaban llamados a las urnas para escoger a 498 diputados y senadores de cerca de 6.000 candidatos pertenecientes a 91 partidos.

Pocos dudan de que la NLD vaya a imponerse. “Necesitamos un cambio, y ese cambio solo puede conseguirlo la Liga”, declaraba U Aung Khine Soe, de 57 años y gestor de una empresa de carga. La gran incógnita es por cuánto, y si logrará el porcentaje necesario para formar gobierno. La formación necesita ganar al menos el 67% de los votos para poder arrebatar el mando al USDP. Ello se debe a que el Ejército birmano tiene garantizado un 25% de los asientos en el Parlamento, por lo que a la formación en el poder le basta un mero 26% para continuar al frente del país.

Respeto al resultado electoral

El presidente birmano, Thein Sein, ha asegurado que el Gobierno actual del USDP respetará el resultado de las elecciones, sea el que sea. El jefe del Estado Mayor, el general Min Aung Hlaing, reiteraba ayer el mensaje.

Ante los temores de una población que tiene aún muy presente los sucesos de 1990, cuando la junta militar anuló los comicios tras el triunfo arrollador del LND, Min Aung Hlain ha subrayado que no se repetirán las imágenes de la intervención militar: “Si la gente les escoge, no hay razón por la que no vayamos a aceptarlo”.

“Tememos que las elecciones no sean del todo limpias”, denunciaba en un colegio electoral de Bahan Aung Swe, de 60 años. “La gente no se atreve a tener mucha esperanza; ya ha ocurrido antes”, explica Lyn, una estudiante de 24 años, en referencia a la anulación de las elecciones tras el arrollador triunfo de la NLD en 1990.

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En el colegio electoral de Kandawli, como en el resto de Yangón, los votantes aguardaban pacientemente largas colas para votar en un templo budista. Jóvenes cristianos, comerciantes hindúes, propietarios de restaurantes musulmanes y tenderos budistas se mostraban los unos a los otros los dedos meñiques teñidos de púrpura, la señal de que habían votado ya.

Su Mon, de 27 años y ama de casa, destacaba la alta participación. “Está votando mucha más gente que en las elecciones de 2010. Creo que la gente está mucho más motivada esta vez”. Las primeras informaciones apuntaban a una jornada relativamente libre de incidentes en un país donde el Ejército ha gobernado de un modo u otro durante medio siglo.

“Estamos sorprendidos por la calma y el civismo” con que se ha desarrollado el proceso, aseguraba el encargado de negocios español en Myanmar, Alberto Cerezo, participante en la misión de observación de la UE. “Se han detectado ciertas irregularidades, pero tienen más que ver con cuestiones de procedimiento, causadas por el desconocimiento”.

Aunque los observadores internacionales señalan que la clave será el recuento. “Los resultados de los Estados lejanos van a ir llegando a lo largo de diferentes días, tal vez semanas. Eso puede influir en la reacción de los partidos y del pueblo mismo”, explicaba Miroslav Zasada, también observador de la UE.

Los analistas consideran difícil que la Liga pueda repetir un triunfo como el de 1990. Ahora no solo compite contra el USDP, sino también contra una miríada de pequeños partidos, muchos de ellos étnicos. Es posible que para poder gobernar, Aung San Suu Kyi, claramente en control de su partido pese a no poder aspirar legalmente a la presidencia —se lo impide la Constitución por tener hijos extranjeros—, tenga que negociar con ellos. O, incluso, con el partido en el Gobierno. Representaría un giro enorme para una formación cuya líder estaba bajo arresto domiciliario hace solo cinco años. Y una muestra de que, pese a las suspicacias de los votantes, Myanmar puede cambiar.

Sobre la firma

MACARENA VIDAL LIY, ENVIADA ESPECIAL

Es la corresponsal de EL PAÍS en Asia. Previamente trabajó en la agencia EFE, donde ha sido delegada en Pekín, corresponsal ante la Casa Blanca y en el Reino Unido. También ha cubierto conflictos en Bosnia-Herzegovina y Oriente Medio como enviada especial. Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

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