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La sospecha de un atentado contra el avión ruso pone a Putin a la defensiva

Los dirigentes rusos siguen sin pronunciarse sobre el origen del siniestro en El Sinaí

El presidente ruso Vladimir Putin
El presidente ruso Vladimir Putin en Moscú, el 4 de noviembre de 2015. REUTERS

La posibilidad de que un acto terrorista fuera la causa de la catástrofe del Airbus 321 ruso, como apunta Reino Unido, incomoda a los dirigentes rusos, que este jueves seguían sin pronunciarse sobre el origen del siniestro que costó la vida a 224 personas sobre la península del Sinaí. La hipótesis del terrorismo va calando en la sociedad y en los medios de comunicación rusos, algunos de los cuales la reflejaban en sus portadas. El presidente Vladímir Putin conversó por teléfono con David Cameron y le exhortó a basarse en los datos oficiales sobre la catástrofe, según el servicio de prensa del Kremlin.

“Al valorar las causas del suceso en la península del Sinaí es necesario basarse en los datos que son esclarecidos en el curso de la investigación oficial en marcha”, dijo Putin. Los dos políticos intercambiaron opiniones sobre las causas del suceso y debatieron sobre la “lucha común contra el terrorismo internacional”, según el Kremlin.

El jefe del comité de exteriores del Consejo de la Federación (cámara alta del Parlamento), Konstantín Kosachov, opinó que en la decisión del Reino Unido de interrumpir los vuelos a Egipto contiene “elementos de presión psicológica” sobre Rusia. “Hay una oposición geopolítica a las actividades de Rusia en Siria”, dijo Kosachov, según la agencia Ria Nóvosti. “En el mundo hay bastantes personas que, sin la debida base, preferirían atribuir esta catástrofe a una reacción de respuesta a Rusia por parte de los yihadistas”, afirmó el senador.

Aunque Dmitri Peskov, el secretario de prensa del presidente, calificó de “informaciones no verificadas o especulaciones” las versiones británicas, el jefe del Gobierno ruso, Dmitri Medvédev, ordenó al ministro de Transportes, Maksim Sokolov, que coordine medidas extras de seguridad con los responsables de aviación en los países adonde vuelan los transportistas rusos.

En las redes sociales o en comentarios informales, una parte de la ciudadanía expresa insatisfacción por la reacción de Putin ante el siniestro, en concreto por su ausencia pública durante el fin de semana. En la mañana del sábado, Putin organizó una comisión gubernamental, impartió disposiciones y expresó sus condolencias, pero da la impresión de que los rusos hubieran querido una reacción más emotiva y no percibieron esas condolencias hasta el lunes, cuando el presidente las repitió en una reunión con el ministro de Transportes.

Putin, al que las encuestas dan un apoyo popular del 90%, “no quiso interrumpir su fin de semana”, escribía la periodista Karina Orlova en la página de El Eco de Moscú. Según Orlova, el hombre que lloró al ser reelegido y por el cual se ha luchado en Donetsk (Ucrania) y en Siria, “no consideró necesario echar a perder sus días libres”. Los periódicos rusos del jueves no se decantan por el origen terrorista del siniestro, pero indican esta eventualidad. “¿Pero fue un acto terrorista?”, es el titular del popular diario Komsomólskaya Pravda.

La versión del acto terrorista es muy desventajosa para Egipto y para Rusia. Para el primero porque supone un duro golpe sobre el turismo y para la segunda porque indica que “es extremadamente difícil defender a los ciudadanos de los actos terroristas y de las amenazas que han aumentado después de la operación en Siria”, afirma en Facebook Várvara Pajómenko, analista de International Crisis Group y especialista en problemas del Cáucaso. Pajómenko comenta que, en el nuevo vídeo del ISIS reclamando la autoría del atentado, el que asume la responsabilidad por la explosión del avión y amenaza a Putin con “nuevos ataques” es un joven “con rostro de rasgos eslavos” que habla “en ruso sin acento”. Pajómenko alude a los presuntos éxitos que se atribuyen los servicios de seguridad en Rusia y afirma que resulta muy fácil informar de “extrañas operaciones” de prevención de atentados en Moscú o de la detención de seguidores de sectas prohibidas, pero que la “amenaza es real” y afecta sobre todo a los rusos que están en el extranjero, militares, diplomáticos y turistas.

Sensación de amenaza

La amenaza, subraya Pajómenko, existe con independencia de que el ISIS haya o no derribado el avión y, en el interior de Rusia es menor que en el extranjero, porque hay más control y no es fácil el retorno de los oriundos que ahora luchan en las filas del ISIS.

La hipótesis de una posible bomba colocada en el avión era debatida por los ciudadanos en San Petersburgo, según afirmaba un historiador y politólogo de aquella ciudad contactado por teléfono de modo informal. Las opiniones evidentemente discurren al margen de lo que realmente sucedió en el Airbus 321 pero indican tendencias en la opinión pública. “Primero la gente se creyó que el avión estaba mal, pero después han pasado a comentar que hubiera podido ser una explosión y a preguntarse quién pudo poner la bomba”, señalaba el politólogo, según el cual, la hipótesis de la bomba se basa en los rumores que se han extendido tras la identificación de las víctimas, que hacen referencia a los cadáveres calcinados irreconocibles de quienes iban en la cola del aparato.

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