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Turquía decide el futuro de Erdogan marcada por las crisis siria y kurda

Elecciones anticipadas tras perder la mayoría absoluta el AKP por primera vez 13 años

Erdogan tras votar en Estambul (Turquía).

Los turcos votan hoy por segunda vez en cinco meses sobre el futuro del presidente, Recep Tayyip Erdogan. Está en juego la recuperación de la mayoría absoluta que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, islamista) fundado por el mandatario perdió por primera vez en 13 años. Y la reforma constitucional para implantar un régimen presidencialista a su medida. Turquía sigue siendo ahora una sociedad extremadamente polarizada entre partidarios y detractores de Erdogan, pero ya no es la misma que la del pasado 7 de junio.

Desde entonces ha sido imposible formar Gobierno, la guerrilla separatista del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) ha roto una tregua de dos años y ha vuelto a atentar contra las fuerzas de seguridad. El Ejército turco se ha implicado en la guerra siria, con ataques directos de su aviación y su artillería. También ha sufrido el peor atentado de su historia, con 102 muertos y 400 heridos, el 10 de octubre en Ankara. Y Europa está afrontando el mayor éxodo de refugiados en dos décadas, con decenas de miles de sirios que se juegan la vida para escapar por la costa turca.

“Estos comicios son un referéndum para dar luz verde a un reparto el poder diseñado por Erdogan y su entorno”, destaca del columnista turco Yavuz Baydar, “que simboliza el creciente aislamiento de Turquía”. La intervención por la policía de dos canales de televisión y de dos diarios críticos con la política del AKP en vísperas de la votación no ha sido una buena señal.

Las elecciones se celebran además en medio del largo puente del Día de la República, conmemorado el jueves, y sin haberse adaptado Turquía al horario de invierno el fin de semana anterior, como el resto de los países europeos y de la cuenca mediterránea, en un surreal gesto autocrático atribuido a Erdogan. La participación electoral de hoy será clave para determinar si su partido vuelve a superar el listón de la mayoría absoluta de 276 escaños en una Asamblea de 550, frente a los 258 que logró en junio. Pero los últimos sondeos no reflejan que el voto de Turquía haya cambiado. Las encuestas coinciden en que los resultados del AKP no experimentarán gran variación respecto al 40,6% de los sufragios que obtuvo en junio.

La escritora e hispanista turca Özlem Kumrular (Estambul, 1974) encarna a los votantes laicos que rechazan el modelo político religioso de Erdogan. “Muchos liberales y progresistas le votaron, pero yo no caí en la trampa”, asegura la traductora al turco de El lazarillo de Tormes, doctorada en la Universidad de Salamanca. “Sus mandatos han supuesto los años más oscuros para los laicos”, confiesa Kumrular, que no oculta que su voto será para el Partido Republicano del Pueblo (CHP). “Ha cambiado y ahora representa a los votantes de centro y socialdemócratas”, sostiene la autora de la novela De Estambul a Rodas.

Kemal Kiliçdaroglu, el dirigente que ha renovado el antiguo partido único fundado por Atatürk, carece del carisma de Erdogan, pero ha logrado que la socialdemocracia remontase su declive en Turquía tras décadas de programas nacionalistas antieuropeos. Los estudios de intención de voto le acercan al 30%, frente al 25% que alcanzó en junio. La clase empresarial turca y los diplomáticos occidentales ven ahora con buenos ojos una eventual gran coalición entre el AKP y el CHP para devolver la estabilidad al país y ahuyentar la amenaza del desgobierno.

“Me parece la mejor opción para Turquía”, reconoce el exdiplomático y analista político Akin Özçer, de 63 años, autor de estudios sobre el nacionalismo vasco y del libro La España plural. “Tuve que pedir la excedencia en Exteriores; esos temas eran entonces un tabú”, explica el fundador del portal digital bilingüe Hispanatolia. Özçer sigue siendo uno de los liberales laicos que votan al partido de Erdogan. “El AKP tiene que completar sus reformas con una nueva Constitución”, argumenta, “pero ya no va a poder imponer un modelo presidencialista. No tiene suficiente peso político”.

Los otras dos fuerzas en liza parecen descartadas para un eventual pacto de Gobierno. El Partido de Acción Nacionalista (MHP, extrema derecha), en teoría más próximo al AKP, ha visto cómo los islamistas socavaban sus bases electorales. Su líder, Devlet Bahçeli, parece empeñado además en cerrarle todas las salidas políticas a Erdogan.

El Partido Democrático de los Pueblos (HDP, nacionalista kurdo), negoció con el Gobierno en la anterior legislatura enmiendas constitucionales para el reconocimiento de derechos de las minorías. La reanudación de las hostilidades por el PKK ha roto las vías de diálogo. El líder del HDP, Selahattin Demirtas, había conseguido atraer a votantes de la izquierda turca para superar el umbral del 10% de los votos nacionales, que limitaba el acceso de los kurdos al Parlamento de Ankara.

 
 
 

El AKP ofrece subir el salario mínimo y ayudas para bodas

Recep Tayyip Erdogan no se presenta a los comicios. Por un lado se lo impiden los estatutos de su partido, que limitan a tres los mandatos consecutivos de sus cargos electos. Por otro, optó por convertirse en el primer presidente de la República elegido directamente por los ciudadanos, que le otorgaron el 52% de los votos en primera vuelta en 2014. El cabeza de lista del AKP es Ahmet Davutoglu, el exministro de Asuntos Exteriores que diseño la diplomacia neotomana. Su puesto como jefe de filas del principal partido turco corre peligro si no mejora hoy los resultados electorales del pasado 7 de junio. En su campaña ha ofrecido un aumento del salario mínimo para fijarlo en 900 liras (unos 300 euros) mensuales y ayudas a los jóvenes solteros para contraer matrimonio con apoyo del Estado, lo que le ha valido no pocas menciones irónicas en las redes sociales.

Agobiados por el aumento de la inflación, que se acerca al 8% y por el desplome de la lira, que ha perdido una cuarta parte de su valor frente al dólar y el euro en lo que va de año, los turcos temen que tras los comicios se abra un nuevo periodo de incertidumbre económica por la inestabilidad política. Turquía se dispone precisamente a recibir a los principales líderes mundiales dentro de dos semanas en la cumbre del G20 que se celebra en la ciudad turística mediterránea de Antalya.

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