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Una escuela de lujo en palacio

El majestuoso castillo de Ferrières acoge un centro dedicado a la enseñanza del ‘art de vivre’

El palacio francés de Ferrières.
El palacio francés de Ferrières.

Sus salones han acogido de Dalí a Liz Taylor, a personajes como Napoleón III o Bismarck y a la aristocracia más selecta. El castillo de Ferrières fue de los más lujosos de la Europa del siglo XIX, cuando el barón de James de Rothschild, fundador de la rama francesa de la familia, encargó edificar una mansión a la altura de sus ambiciones. Legado por la familia en los setenta, primero a las universidades de París y luego a la ciudad de Ferrières-en-Brie, estuvo años abandonado. Ahora recupera una segunda vida, materializada en una escuela de alta gama de gastronomía, hostelería y lujo dedicada a la enseñanza del art de vivre a la francesa.

Unos 35 alumnos llegaron la semana pasada al majestuoso castillo cuadrado de tres plantas, de estilo neorrenacentista, rodeado por 130 hectáreas de jardines y a escasos seis kilómetros de Eurodisney. El lunes iniciaron las clases en la planta alta del palacio de 3.700 metros cuadrados. Esta primera promoción restringida inaugura la escuela que aspira a acoger en unos años a 1.500 estudiantes venidos de todas partes del mundo. Se alojarán en un gran campus todavía por construir.

Unos 35 alumnos llegaron la semana pasada al lujoso edificio

“Defendemos la idea de la excelencia a la francesa”, explica Khalil Khater, el empresario al frente del proyecto, fundador del grupo Accelis. Los escolares cursarán dos años de asignaturas comunes antes de elegir especialización entre gastronomía, hostelería y lujo durante los tres años siguientes. La matrícula cuesta 18.000 euros por año, con posibilidad de optar a becas. La institución está apadrinada, entre otros, por el chef del Elíseo, Guillaume Gómez, y representantes de las marcas Cartier y Chateaux y Relais. Cuenta con la presidencia de honor de Jean-Robert Pitte, presidente de la Academia del Vino de Francia y expresidente de la Universidad de Sorbona.

El palacio, obra del británico Joseph Paxton, fue inaugurado en 1862 por Napoleón III. Sede de grandes recepciones, también fue testigo de algunos dramas del país. En sus salones se celebró en 1870, en vísperas de la derrota francesa contra Prusia, la famosa entrevista entre Bismarck y el ministro de Exteriores francés Jules Favre, en la que el primero exigió la entrega de Alsacia y Lorena. Durante la Segunda Guerra Mundial, el castillo fue ocupado por los nazis. Un paréntesis que los herederos de Rothschild decidieron borrar tapiando tras la contienda el ala ocupada.

Habrá estudios de alta gama de gastronomía, hostelería y lujo

La baronesa Marie-Hélène recuperó el espíritu festivo del lugar con sonadas recepciones, como la fiesta por el centenario de Proust en 1971 o el curioso baile surrealista de 1972, protagonizado por el propio Dalí. En 1975, los Rothschild legaron el palacio a la cancillería de las universidades de París. Ante la falta de proyecto, los nuevos herederos revirtieron la donación en 2012 en favor de la alcaldía de Ferrières-en-Brie, que abrió un concurso público.

El castillo es así la pieza central del proyecto, que incluye la construcción en 2016 de un campus de 1.000 metros cuadrados y de un auditorio de 500 plazas. Tras una inversión total de 25 millones de euros, dispondrá de 12 aulas y 1.000 metros cuadrados de cocinas para rivalizar con grandes instituciones como la escuela Ferrandi de París.

Las antiguas cocinas exteriores albergarán un edificio dedicado al vino. El lugar tendrá también una tienda de delicatessen y dos restaurantes gastronómicos, en los que los alumnos harán prácticas, dirigidos por un equipo de profesionales bajo el mando del chef Patrick Juhel.

Con todo ya en marcha, los promotores se concentran ahora en la promoción internacional. El paso siguiente será cerrar acuerdos con instituciones fuera de Francia para realizar intercambios. “Miramos a España con mucha atención”, avanza el director de Ferrières, Sébastien Vivier-Lirimont. “Hay escuelas muy buenas allí. Me encantaría poder trabajar con algunas como Gasma o el Basque Culinary Center”.