EL FACTOR HUMANOColumna
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‘Yihad versus McMundo’

Las rebeliones de izquierda y derecha, los nacionalismos y el islamismo radical comparten y se nutren mutuamente del rechazo a la globalización cultural y económica

Un panel separa a hombres y mujeres en un McDonald’s de Riad.
Un panel separa a hombres y mujeres en un McDonald’s de Riad.PATRICK BAZ (AFP)

“El gran problema del mundo es que los tontos y los fanáticos siempre están muy seguros de sí mismos y los sabios están llenos de dudas” (Bertrand Russell)

¿Qué tienen en común Podemos en España, el nuevo laborismo de Jeremy Corbyn en Reino Unido, el Frente Nacional en Francia, el independentismo catalán y el Estado Islámico? Bastante, si uno se basa en el análisis de Benjamin Barber, un profesor estadounidense de Ciencias Políticas. Lo definió con extraordinaria clarividencia en la feliz formulación Yihad versus McMundo: cómo la globalización y el tribalismo están remodelando el mundo, el título, traducido del inglés, de un libro que publicó en 1995.

Las rebeliones de la izquierda, de la derecha, de los nacionalismos y del islamismo radical que definen el mundo en 2015 se expresan de diferentes maneras pero todos comparten un impulso “yihadista” similar: su rechazo a un mundo culturalmente y económicamente globalizado (“el McMundo”) en el que las multinacionales, los bancos de inversión e instituciones transnacionales como el Fondo Monetario Internacional o la Unión Europea subvierten la democracia, la identidad o la tradición. “Se reúnen aislados el uno del otro”, bajo diferentes banderas étnicas, religiosas o ideológicas, escribió Barber, pero en una lucha común contra “el capitalismo cosmopolita” cuyo dios es el mercado.

Dada su vigencia, el libro de Barber lo va a recuperar su editorial a fin de año. Hablé con él hace unos días.

Barber me insistió en que utiliza la palabra “yihad” en primer lugar como metáfora, aunque también se extiende bastante en su libro sobre el fenómeno real del islamismo armado. “Lo que propongo en el libro es que hay un choque entre, por un lado, el triunfo del capitalismo global y de un mundo unido alrededor de la comida rápida, los ordenadores rápidos y tal y, por otro, las fuerzas que se oponen a esta noción de la modernidad”, dijo Barber. “La idea clave es que los unos necesitan a los otros, incluso que los unos crearon a los otros”.

El panorama que propuso Barber en 1995 ha resultado ser especialmente profético en el caso de la yihad literal, ya que escribió su libro seis años antes de los ataques de Al Qaeda en Estados Unidos, con las secuelas devastadoras que aquello ha generado. Pero sus “profecías”, me dijo, se extienden a las crisis que envuelven hoy a las democracias occidentales, particularmente en Europa.

“Esto ha ocurrido como consecuencia del cinismo que ha generado el carácter antidemocrático de las instituciones financieras y la corrupción en las instituciones políticas. El hecho es que sí existe un déficit democrático y parte de la responsabilidad por la reacción que ha provocado la tienen que asumir las democracias europeas. Esta reacción no solo se ve bajo el rubro del nacionalismo, de gente que exige más autonomía cultural y autogobierno, sino también en los llamados partidos populistas que están en parte motivados por la ausencia de democracia en instituciones como la Unión Europea que presumen de ser grandes instituciones democráticas mundiales”.

Algo que Barber no podría haber anticipado hace 20 años es el enorme impacto de Internet y las redes sociales como instrumento de persuasión política, tanto para los nuevos partidos europeos como también, con cierta ironía, para el islamismo radical, tema que tratará en un nuevo capítulo de su libro. “Un posible subtítulo para la nueva edición de mi libro podría ser El Estado Islámico en Facebook. Estamos ante la grotesca situación de que gente pone ‘me gusta’ en sitios de la web donde se ven decapitaciones. ¡Estamos ante el movimiento simultáneamente más moderno y más reaccionario de la historia! Están intentando destruir Occidente en parte debido a su modernidad y su tecnología pero al mismo tiempo son creaciones de la tecnología moderna, y dependen de ella íntimamente para generar miedo y odio”.

La constante en el análisis de Barber es que todas estas contradicciones se nutren mutuamente. El capitalismo desaforado nutre a partidos como Podemos o la nueva izquierda, que ha tomado el mando del partido laborista en Reino Unido; la globalización nutre al nacionalismo y a la derecha xenófoba; Internet y los teléfonos móviles de Samsung y Apple nutren a los que luchan contra la modernidad en nombre de una antigua fe.

En cuanto a los jóvenes criados en Europa occidental que se incorporan a las filas del Estado Islámico, Barber reconoce que el fenómeno es complejo. “Pero hasta cierto punto, al menos, nosotros estamos creando estos reclutas, el McMundo los está creando. La cultura en la que viven está permeada de codicia, de corrupción, de una ausencia de valores y ellos son idealistas, a su manera. Creen en una causa, como aquellos jóvenes extranjeros que fueron a luchar en la guerra civil española”.

Y como aquellos que hoy se unen a las nuevas corrientes políticas que fluyen por el viejo continente, con la diferencia de que ellos no ven la necesidad de matar para lograr sus sueños. Si Barber mira una vez más en su bola de cristal, ¿cuál es el futuro que vislumbra para el enemigo que comparten tanto McDonald’s, Goldman Sachs y la Unión Europea como el Frente Nacional francés, la izquierda rebelde europea y el independentismo catalán?

“El Estado Islámico se ha condenado a sí mismo. Ha cometido un profundo error. La gran lección del terrorismo moderno, de la llamada guerra asimétrica, es que no le das al enemigo tu dirección. El problema del Estado Islámico es que al construir un califato y conquistar territorio se vuelve vulnerable a la guerra convencional. Cuando sus enemigos finalmente se organicen tomarán sus ciudades y los barrerán”.

En este punto, al menos, el clásico optimismo estadounidense parece vencer al dialéctico hegeliano que Barber lleva dentro. Pero aunque el profesor tenga razón y caiga el Estado Islámico, otros lo remplazarán y, de aquí a 20 años, podrá sacar otra versión más de su libro con la total seguridad de que seguirá habiendo conflictos entre los defensores del McMundo y los que rezan en los altares de la ideología, la patria y la religión.

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