Una niña mexicana abre la puerta al uso medicinal de la marihuana

Un juez permite a los padres de Graciela Elizalde emplear un extracto de cannabis para apaciguar la epilepsia de la menor

Mayela Benavides ayuda a su hija Graciela Elizalde.
Mayela Benavides ayuda a su hija Graciela Elizalde.DANIEL BECERRIL (REUTERS)

Graciela Elizalde tiene ocho años y su enfermedad, el Síndrome de Lennox-Gastaut, ha abierto el debate en México sobre el uso terapeútico de la marihuana. Un juez ha autorizado a los padres de la menor la importación y el uso de un aceite de cannabis (cannabidiol) para reducir los fuertes episodios de epilepsia que la niña padece. Sin embargo, las autoridades de Salud de México se oponen a que el tratamiento le sea administrado, bajo el argumento de que no existe evidencia científica definitiva sobre sus efectos.

El consumo de marihuana está prohibido por ley tanto para su uso recreativo como medicinal en México. La petición de los padres de Grace —como la llama su familia— ante los juzgados es la primera que consigue llegar tan lejos y podría abrir la puerta a pacientes que por su historial médico necesitan recurrir al cannabis para apaciguar sus enfermedades. “Lo estamos buscando porque estamos desesperados”, ha explicado Raúl Elizalde, el padre de la niña, a la prensa mexicana.

Desde sus primeros años, Graciela ha padecido ataques de epilepsia que se han intensificado con el paso de los años. El Síndrome de Lennox-Gastaut la ha incapacitado físicamente y cada día que pasa mengua su capacidad intelectual con frecuentes convulsiones. Tras la visita a varios médicos y la administración de 19 anticonvulsivos en los últimos siete años, sus padres conocieron la historia de Charlotte Figi, una niña estadounidense de seis años con el mismo mal que consumió el aceite de cannabis y mejoró notablemente su estado.

La negativa de las autoridades para que la menor consuma el extracto de cannabis ha sido persistente

“¿Por qué Grace no puede tener el mismo acceso a este tratamiento?”, se pregunta Mayela Benavides, madre de la niña de Monterrey (Estado de Nuevo León). Figi vive en Colorado, uno de los 15 estados de Estados Unidos que permite el cannabis para uso terapéutico. En América Latina, solo Uruguay y Chile permiten que la marihuana sea administrada a pacientes. El debate nunca ha estado sobre la mesa en México, hasta ahora. “Se podrían disminuir las crisis convulsivas y ella podría tener una mejor calidad de vida”, argumenta Elizalde.

La negativa de las autoridades para que la menor consuma el extracto de cannabis ha sido persistente. El Ministerio Público ha impugnado la decisión del juez que autorizó la importación del producto, por lo que la resolución seguirá pendiente en los tribunales. La Secretaría de Salud ha señalado que esta alternativa violaría la Ley General de Salud porque “no existe evidencia científica concluyente sobre la eficacia y seguridad” de este tratamiento.

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El caso ya ha comenzado a mover algunas fibras políticas. Un grupo de diputados del Partido de la Revolución Democrática (PRD, de izquierda) ha presentado una propuesta para cambiar la Ley General de Salud y permitir el uso de productos derivados de la marihuana como tratamientos medicinales. En las últimas décadas, los cárteles mexicanos han incrementado la producción y exportación ilegal de marihuana hacia Estados Unidos. A la par, la violencia derivada de la lucha entre cárteles y las autoridades por el trasiego de drogas ha llegado a niveles históricos.

Si los padres de Graciela consiguen la autorización definitiva, tendrían que viajar a Estados Unidos para comprar el extracto de marihuana y la niña podría consumirlo bajo supervisión médica. A sus ocho años, Grace ya ha puesto a todo un país a discutir el tema.

Sobre la firma

Sonia Corona

Es la jefa de la redacción de EL PAÍS en México. Cubre temas de Política, Economía, Tecnología y Medio Ambiente. Fue enviada especial para las elecciones presidenciales de 2020 en EE UU. Trabajó en Reforma y El Huffington Post. Es licenciada en Comunicación por la Universidad de las Américas Puebla y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS.

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