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Turquía sufre el mayor atentado en la nueva fase del conflicto kurdo

El PKK mata a ocho soldados y extremistas de izquierda disparan a la policía en Estambul

Turquía
Escombros en una carretera tras el ataque contra el ejército turco en Siirt (Turquía), el 19 de agosto de 2015.

En un ataque que supone un paso más en la escalada de violencia que vive el sudeste kurdo de Turquía, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) mató este martes a ocho gendarmes en una emboscada. Los milicianos kurdos accionaron un explosivo por control remoto al paso de un blindado militar en la provincia de Siirt, cercana a la frontera iraquí, causando la muerte de ocho de los ocupantes y heridas a un número indeterminado. Según informaron las televisiones turcas, el Ejército ha iniciado una amplia operación militar en la zona en busca del comando del PKK que ha perpetrado este atentado, el mayor desde que se recrudeció el conflicto kurdo a finales de julio.

La situación en el sudeste del país se ha tornado explosiva y una noche tras otra la guerrilla kurda establece controles de carreteras en diversas zonas rurales con el objetivo declarado de mostrar la debilidad del Estado turco, lo que ha llevado a enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Precisamente este martes falleció un soldado herido el día anterior cuando los militares turcos trataban de romper uno de estos bloqueos de carreteras en la provincia de Diyarbakir, lo que provocó un combate en el que fallecieron otros tres uniformados.

En tres localidades, donde se habían registrado duros enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y en los que se temía que los militantes del PKK se hiciesen con el control de barrios enteros, se han establecido toques de queda temporales, a fin de permitir la entrada de tanques y unidades especiales de las fuerzas de seguridad que acabasen con los focos de resistencia. Las imágenes tomadas por los medios locales en lugares como Silvan —una de las poblaciones afectadas— muestran decenas de tiendas y vehículos calcinados, así como edificios medio destruidos por las balas, explosivos y metralla. Todavía se desconoce el número de fallecidos provocados en estos combates urbanos. Los toques de queda han sido muy criticados por los representantes políticos kurdos, para los que se trata de intentos de "masacrar a civiles sin testigos".

Varias alcaldías del Partido de las Regiones Democráticas (DBP), formación kurda vinculada al izquierdista Partido de la Democracia de los Pueblos (HDP) —con 80 diputados en el Parlamento turco—, han hecho "declaraciones de autonomía" y se han negado a reconocer la autoridad del Estado turco. Cuatro representantes locales de dicho partido fueron detenidos este miércoles por estos hechos, entre ellos dos alcaldes de distrito.

También este miércoles, dos individuos han atacado un retén de la policía en el exterior del turístico Palacio de Dolmabahçe. Primero lanzaron una granada aturdidora y luego abrieron fuego contra los agentes, aunque solo uno resultó levemente herido. Los atacantes, que ya habían atentado contra una sede del gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) hace 11 días, fueron detenidos poco después por la policía. La autoría de esta acción fue asumida por el grupo armado de extrema izquierda DHKP-C, uno de los que, junto al PKK y al Estado Islámico, ha sido declarado objetivo por el Gobierno turco en su nueva "guerra contra el terrorismo".

Todo esto ocurre en medio de la mayor crisis de gobierno vivida por Turquía en la última década, derivada de la dificultad para pactar un Ejecutivo de coalición tras las elecciones del pasado junio, en la que los islamistas del AKP perdieron la mayoría absoluta. El primer ministro en funciones, Ahmet Davutoglu, devolvió este martes el mandato de formar Gobierno al presidente, después de no haber conseguido cerrar un acuerdo con las formaciones de oposición; pero el jefe de Estado, el islamista Recep Tayyip Erdogan, se niega por el momento a dar la opción de intentarlo al siguiente partido más votado, el socialdemócrata CHP.

El diputado socialdemócrata Haluk Koç acusó a Erdogan de "secuestrar la voluntad popular" y de "llevar al país al caos", culpándole de fomentar la actual ola de violencia para forzar una repetición de los comicios. Entre tanto, la lira turca sigue desplomándose hasta mínimos históricos (ha perdido más del 10% de su valor en las últimas semanas) lo que pone en peligro a numerosas empresas de Turquía, endeudadas en divisa extranjera.