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Entre Cervantes y Jalisco

Los campus de la región estrechan relaciones con las universidades españolas

Entre Cervantes y Jalisco

En Jalisco, tierra de mariachis y tequila al oeste de México, los inspectores educativos tienen formación española. Todos (o casi) completaron sus estudios de posgrado en la Universidad de Alcalá de Henares (UAH), en Madrid. La UAH firmó un convenio con la Secretaría de Educación del Estado de Jalisco y la Universidad de Guadalajara para formar a estos especialistas y no han parado de colaborar. “Cada vez hay más interés de América Latina por nuestras universidades y necesitábamos especializarnos”, explica Mario Martín Bris, director de Relaciones con Iberoamérica de la UAH, una oficina que se creó hace seis años ante la creciente demanda.

El boom latinoamericano de la educación superior lleva más de una década en marcha, con el empuje de las grandes instituciones públicas y el incremento de las privadas. En la década de 2000 a 2010 aumentó un 40% el porcentaje de población de estudiantes. Hay 3.328 alumnos de educación superior por cada 100.000 habitantes, según el informe Situación Educativa de América Latina y el Caribe: hacia la educación de calidad para todos al 2015, auspiciado por la Unesco en 2013. El mismo documento señala que un tercio de los alumnos latinoamericanos y de los países del Caribe de 18 a 24 años están matriculados en las universidades, la mitad que en los países desarrollados.

“Las universidades latinoamericanas siguen creciendo a mayor ritmo que nosotros”, añade el profesor Martín Bris. “Y lo que necesitan ahora estos países son posgrados y doctorados porque han generado una masa crítica y profesional muy importante”. Ahí es donde entran en juego las universidades españolas, que enarbolan la bandera del idioma o la de su prestigio centenario, entre otras, para competir con los grandes centros estadounidenses.

Hay más de 3.300 alumnos de educación superior por cada 100.000 habitantes

La UAH y la Universidad de Salamanca, dos de los campus más antiguos de España, coinciden al asegurar que muchas de las instituciones superiores del otro lado del Atlántico abrieron siguiendo los patrones de las dos españolas, empezando por la Universidad de San Marcos, en Lima (Perú). La de Alcalá tiene en vigor más de 300 convenios con América Latina, sobre todo con México, Colombia, Brasil y Chile. La Universidad de Salamanca, también pública y con tradición americanista, ha cerrado más de 400 con todos los Gobiernos de la zona, principalmente con Brasil.

Uno de los últimos grandes acuerdos tiene como protagonistas a cinco macrouniversidades iberoamericanas. Los rectores de la Complutense (UCM), la Universidad de Barcelona (UB), la Nacional Autónoma de México, la Universidad de São Paulo y la de Buenos Aires dieron el pasado junio en Badajoz, en un encuentro de universidades auspiciado por el Banco Santander, el primer paso para una gran alianza. “Queremos ser un lobby universitario con un peso importante y una opinión conjunta en el ámbito iberoamericano y mundial”, resumió entonces Didac Ramírez, rector en Barcelona. Proponen que los alumnos de esos centros completen sus carreras indistintamente en uno u otro. “Se puede hacer a coste cero, porque todas disponemos ya de cursos virtuales”, apuntó Carlos Andradas, responsable de la Complutense.

2.400 latinoamericanos

La Universidad de Alcalá recibe cada año más de 2.400 alumnos latinoamericanos y los forma también online o desde sede externas, como a los inspectores de Jalisco. A Salamanca acuden unos 600, la mayoría de doctorado. “Los estudiantes buscan calidad y conexión con universidades que han sido alma mater y de referencia”, señala María Ángeles Serrano, vicerrectora de Internacionalización en Salamanca. Serrano añade que las españolas también aprenden mucho del trabajo conjunto con sus socias. “Han avanzado de forma considerable en el reconocimiento de títulos”, valora. España ha simplificado las gestiones y ahora esta convalidación se puede obtener “en un máximo de dos o tres meses”, explica la vicerrectora, aunque en algunos puntos queda camino por recorrer. En sus convenios con Brasil, los estudiantes pueden tardar hasta un año en convalidar el título. “Nos preocupa porque ralentiza su entrada en el mercado laboral, pero es un problema en el que estamos trabajando a fondo con la Embajada y los ministerios”.

Tanto el responsable de relaciones con América Latina de la UAH como la vicerrectora de Internacionalización de Salamanca se han desplazado este julio a América Latina. Martín Bris para coordinar dos semanas intensivas de trabajo de alumnos de doctorado en Santiago de Chile. Serrano ha asistido en El Salvador al Congreso Internacional Americanista que su universidad acogerá en la próxima edición dentro de tres años. La universidad más antigua de España y la construida sobre la ciudad que vio nacer a Cervantes no quieren vivir solo de la historia. Aseguran que les queda mucho camino por recorrer.

Becas y estudios a distancia

Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México
Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México

María del Carmen Veleros, directora corporativa de Diseño e Innovación Curricular de la Universidad del Valle de México, amplió su red de contactos tras cursar el doctorado en Educación en la Universidad de Alcalá. Fue una de los 200 becados del programa Cervantes del campus madrileño. Veleros, de 40 años y nacida en México DF, vivió una oportunidad de crecimiento “académico y personal” que le abrió las puertas a colaborar en proyectos de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

“Buscaba una universidad extranjera con reconocimiento en el espacio europeo y de lengua española”, dice también por correo electrónico la chilena Patricia Ferrada, directora del área de Humanidades y Educación de la Universidad Tecnológica de Chile Inacap, en Valdivia. En 2010 empezó un máster que la UAH hacía en colaboración con instituciones de su ciudad. Notó diferencias entre el sistema universitario español y chileno, “en especial, el rigor y compromiso de los profesores”. A sus 56 años, alaba la experiencia y “larga trayectoria académica” de sus profesores españoles: “Fue significativo leer bibliografía de mis propios docentes”. Estos dos años le ayudaron a desarrollar estrategias de planificación para “la mejora de la calidad educativa” y a aumentar su sentido crítico.