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Una niña siria muere en una patera frente a Sicilia por falta de insulina

Los traficantes libios le habían quitado la mochila donde llevaba la medicación

Miembros de la Guardia Costera italiana desembarcan los cuerpos sin vida de 24 inmigrantes en Malta, el pasado abril.
Miembros de la Guardia Costera italiana desembarcan los cuerpos sin vida de 24 inmigrantes en Malta, el pasado abril. EFE

La historia, terrible, se la ha contado un sirio de 48 años al comisario Carlo Parini, uno de los jefes de la policía de Siracusa, una ciudad de 120.000 habitantes al sudeste de Sicilia. Una de sus hijas, de 11 años, murió durante la travesía entre Libia e Italia después de sufrir un coma diabético. Llevaba la insulina en una mochila que los traficantes de personas le quitaron antes de partir a bordo de una barcaza en la que viajaban otros 320 prófugos. El hombre también le contó entre lágrimas al comisario Parini que se vio obligado a dejar en el mar el cadáver de su hija.

No hay muchos más datos. Solo el relato del padre –Mohamed Hasoun Jalal, economista de profesión— y el testimonio sobrecogido del comisario, que dirige un grupo de lucha contra la inmigración irregular a las órdenes de la fiscalía de Siracusa. Al parecer, la niña de 11 años se encontraba ya sobre la barcaza junto a sus padres y varias hermanas cuando los traficantes le arrebataron la mochila. El padre se enfrentó a ellos e intentó recuperarla, pero resultó inútil. El comisario Parini también ha contado que, antes de dejarla en el mar, los familiares llamaron por teléfono a un imán para que rezara por su alma.

La historia se conoce el mismo día en que las autoridades italianas, que hasta ahora han venido socorriendo –muchas veces sin la ayuda de Europa-- a los fugitivos de África, han rechazado el desembarco en Sicilia de un navío de Médicos Sin Fronteras (MSF) con 678 personas rescatadas en altamar alegando que ya no hay más capacidad en los centros de acogida.

Según un comunicado de la organización humanitaria, el jueves por la tarde, y “tras varias horas de negociaciones y tensiones a bordo”, las autoridades italianas admitieron el desembarco de 150 personas de las 678 personas que viajaban hacinadas en la nave Bourbon Argos. Los responsables de MSF optaron por no desembarcar a nadie “teniendo en cuenta los problemas de seguridad que hubiera provocado la selección de solo 150 personas”. El barco viaja en la actualidad hacia Reggio Calabria. Médicos Sin Fronteras advierte de que “los migrantes y refugiados viajan hacinados y temen que se les esté llevando de vuelta a Libia, lo cual está generando tensiones y situaciones muy difíciles”.

Coincidiendo con esta situación de emergencia, grupos de extrema derecha que se oponen a la acogida de personas procedentes de África han protagonizado graves incidentes en Roma al enfrentarse con la policía.