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Grecia se debate entre una dura cuesta y un descalabro probable

Ningún resultado augura un futuro sencillo para el país

Carteles a favor del 'sí' y del 'no' en una calle de Atenas, este sábado.
Carteles a favor del 'sí' y del 'no' en una calle de Atenas, este sábado. AFP

No hay un camino de rosas y otro de espinas. Hay espinas y lanzas. El abrirá una empinada cuesta de esfuerzo económico, aunque con sacrificios menos brutales que antes. El no arriesga el corte de la liquidez europea, que podría llevar a Grecia a la insolvencia y la quiebra técnica, y a una caótica salida de factodel euro: el descalabro.

Aceptar la propuesta europea () supone continuar con el ajuste presupuestario: del 1,5% del PIB este año; del 3,5% el próximo, nada comparado al ya recorrido (más del 10%). Duro, pero más suave, porque además pretende hacerse sobre todo aumentando ingresos impositivos, recortando menos gastos sociales. Los acreedores creen que con superávits primarios (sin contar intereses) del 1% este año y 2%, 3% y 3,5% en los siguientes puede equilibrarse la situación. No serían objetivos utópicos (2014 apuntaba a un superávit del 1,4%), pero el reciente deterioro los dificultan. Los analistas más pesimistas —Martin Sandbu, Wolfgang Munchau y otros— sugieren que esa senda podría retraer el PIB entre el 8,6% y el 10%. Pero todo depende de las medidas de acompañamiento, como el paquete de inversiones anunciado por el presidente Jean-Claude Juncker, la coyuntura europea y las reformas de fondo.

Rechazarla (no) genera el desplome en pocas horas: el corralito devendría crisis bancaria de caballo; la evaporación de la liquidez, crisis de solvencia. Solo el Banco Central Europeo (BCE) podría pararla, pero sin protección de un plan de rescate sería más que dudosamente legal: el Tratado rechaza la financiación directa de los Estados, también a través de sus bancos. La secuencia seguiría con el default o suspensión de pagos del país. Y sin milagro alternativo, su salida de facto del euro. La nueva moneda, devaluada, arruinaría a las familias, y difícilmente aumentaría mucho las cuentas exteriores. Grecia casi solo exporta turismo y este sector está sobresaturado, la oferta de plazas es inelástica. El problema no es la deuda, es el crecimiento. “No tenemos fuentes, solo piedras”, clamaba el poeta comunista Yanis Ritsos.

Esos son los escenarios económicos, simplificados. La política los complica más. Si gana el no, los socios del Eurogrupo serán muy reacios a aumentar su compromiso, aunque el Gobierno de Syriza prometa cumplir. Cuestión de confianza: imprescindible para nuevos desembolsos. El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de anunciar que se necesitarán 50.000 millones hasta 2018, 36.000 de dinero nuevo europeo (sin contar con los alivios a la deuda que propone, otros 53.100 millones). ¿Lo validarían los Parlamentos implicados? Si gana el : ¿Dimisión de Alexis Tsipras? ¿Antes de firmar el pacto con la eurozona?: un mes de inestabilidad, riesgo de quiebra. ¿Una vez firmado?: el problema sería las garantías a ofertar por el Gobierno saliente, ¿bastaría la firma de sus rivales?