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El no a la reforma electoral en Hong Kong abre incógnitas sobre el futuro

El presidente del Legislativo, Jasper Tsang, advierte que " la confianza del gobierno central en Hong Kong ha sido seriamente afectada,”.

Manifestantes muestran paraguas como protesta.
Manifestantes muestran paraguas como protesta.

El polémico proyecto de reforma electoral en Hong Kong que motivó las masivas protestas callejeras del año pasado no logró el apoyo parlamentario requerido para su aprobación, tras nueve horas de debate el miércoles y el jueves. El rechazo no sorprendió a nadie.

Lo que sí sorprendió fue la deserción en masa de los legisladores progobierno: un minuto antes de la votación, más de 30 miembros del bloque oficialista abandonaron sorpresivamente la cámara de deliberación, en un intento fallido de causar ausencia de quórum y boicotear el procedimiento. Pero ocho de sus compañeros se quedaron inexplicablemente en la sala. “Fue un error de comunicación”, aseguró Tam Yiu-Chung, uno de los líderes del bloque.

Este aparente error táctico arrojó un recuento final completamente inesperado: 28 noes y tan sólo 8 síes dentro de un cuerpo legislativo en el que casi dos tercios de los 70 miembros daban su respaldo a la reforma que el gobierno central en Pekín deseaba aplicar en las elecciones a para jefe del gobierno local en 2017.

Jasper Tsang, presidente del Consejo Legislativo y miembro del mayor partido progobierno, el DAB, se lamentó del resultado, reiterando su preocupación por el futuro político de Hong Kong: “No se podrá elegir por voto directo al jefe del Ejecutivo en 2017, ni tampoco a todos los miembros del Legislativo en 2020. Los desafíos de gobernabilidad tampoco encontrarán solución”.

Según el sistema vigente, la mitad de escaños en el Legislativo -35 escaños sobre 70- son elegidos por grupos de interés y el resto, por voto popular; el jefe del gobierno local es elegido por un colegio electoral de 1.200 miembros, también en su mayoría representantes de grupos de interés. Según la fallida reforma, 5 millones de votantes habilitados

habrían votado por sufragio universal al jefe ejecutivo, siempre que el candidato hubiera sido preseleccionado por el mismo colegio electoral. La oposición opinaba que la propuesta gubernamental condenaba a la ciudadanía a avalar candidatos predeterminados por Pekín.

Con el veto de hoy, y a pesar de repetidas promesas de la oposición, nadie sabe a ciencia cierta cuándo se podrá reactivar el complicado proceso de reforma, imposible sin el apoyo de los líderes en Pekín. Un portavoz del Legislativo chino, citado por la agencia Xinhua, insistió en que la propuesta rechazada es constitucional, legal, justa y razonable, y enfatizó que es “legalmente vinculante e inamovible”.

A partir de ahora se vuelve al punto de partida, pero con las posturas de ambas partes cada vez más firmes. Con la creciente animosidad hacia todo lo chino, en particular en la generación joven, la base popular de los tradicionales partidos de oposición podría perder terreno, y crecer en su lugar el apoyo a posturas más “localistas”, que si bien no necesariamente son independentistas por el momento, son marcadamente más renuentes a aceptar políticas dictadas por Pekín.

Y si bien la consigna de “un país, dos sistemas” ideado por Deng Xiaoping prometía mantener las libertades civiles y económicas hasta 2047, las autoridades ponen cada vez más énfasis en la primera porción del lema -la soberanía y la seguridad nacional- y menos en el “alto nivel de autonomía” para el territorio.

Las elecciones legislativas del año próximo serán la clave, teniendo en cuenta que sondeos recientes indican una creciente polarización de la sociedad, y que las últimas manifestaciones públicas evidencian una creciente radicalización, que desembocaron a principios de este año en choques violentos.

En palabras de Tsang: “Con el resultado de hoy, la confianza del gobierno central en Hong Kong ha sido seriamente afectada, y la comunicación mutua enfrenta desafíos cada vez más arduos”.

No es la primera vez que las ansias democráticas de uno chocan con el miedo del otro a perder el control. El arduo proceso de democratización de Hong Kong sufrió su primer revés en 2004, cuando China negó el sufragio universal para 2007, como estaba contemplado en la Ley Básica, le ley constituyente que rige la antigua colonia británica desde su retorno a soberanía china en 1997. Pekín alegaba entonces que la ex colonia “no está preparada para una democracia completa”. En 2005 se bloqueó una reforma que pretendía expandir la representación popular.