La amenaza del terrorismo ahuyenta el turismo en Oriente Próximo

La inestabilidad política y los atentados contra occidentales merman uno de los recursos economícos clave para los países de la región

Los servicios de rescate y emergencias evacuan una víctima del atentado al Museo Bardo de Túnez, el pasado 18 de marzo.
Los servicios de rescate y emergencias evacuan una víctima del atentado al Museo Bardo de Túnez, el pasado 18 de marzo. Hassene Dridi (AP)

La amenaza del terrorismo yihadista en Oriente Próxima ha acabado por vaciar sus milenarios sitios históricos de turistas. Visitar sitios arqueológicos, templos o ruinas milenarias se convierte en un viaje de alto riesgo ante la miríada de grupos yihadistas alentados por sus líderes a golpear allá donde vayan los occidentales. Ninguno de los destinos más frecuentados por los viajeros ha escapado a los ataques. Tras el estallido de la primavera árabe en 2011, las antes bulliciosas destinaciones se han convertido en inverosímiles postales en las que las pirámides egipcias se quedan solas al atardecer o no hay turistas que pasean por las columnas de Palmira. Egipto, Marruecos, Túnez, Siria o Líbano contaban con millones de turistas anuales cuyos ingresos constituyen uno de los pilares de sus economías.

El ataque más reciente fue el asalto de un grupo terrorista al Museo Nacional Bardo de Túnez, en el que murieron 19 personas, entre ellos dos españoles. ha sido el primer atentado dirigido contra turistas desde que el antiguo presidente tunecino Zine El Abidine Ben Ali fuera depuesto en 2011 tras el estallido de las revueltas populares. El sector turístico, pilar de la economía tunecina se redujo en un 40%. “El sector se ha visto afectado porque se trataba de un turismo de grupo y organizado por agencias”, comenta desde Túnez Juan Nicolás Adan, empresario murciano de 41 años y dueño del bar TUTU. “El atentado afectó al turismo pero no a la comunidad de expatriados que trabajan en organismos internacionales, ONG, empresas o embajadas en Túnez”, asegura Adan cuyo bar está casi siempre lleno y cuenta con un 20% de expatriados entre su clientela.

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Egipto es de los destinos que más han sufrido los efectos del miedo de los viajeros. El 70% de su industria turística se nutre de las regiones del Sinaí y del Mar Rojo, donde operan varios grupos terroristas y donde la ocupación hotelera apenas roza hoy el 15%. El país ha pasado de recibir 15 millones de turistas en 2010 a nueve en 2014. Un golpe muy fuerte para la economía si se tiene en cuenta que los ingresos del turismo han llegado a suponer el 13% del PIB egipcio.

En Siria, el  turismo florecía en 2010 con la notable mejora de sus infraestructuras. El entonces ministro de Turismo, Saadallah Agha Al Qala, declaraba que 8,5 millones de turistas habían visitado Siria ese año. Un 40% más que en 2009, incrementando los ingresos del turismo que ascendían a un 9% del PIB. Pero el boom se desvaneció de golpe en 2011 con el estallido de las revueltas y la posterior guerra civil. Ya hace tiempo que se fue el último turista de Siria y entre las ruinas romanas de Palmira tan solo pululan yihadistas del Estado Islámico. Los hoteles de Damasco están a rebosar per sus habitaciones son ocupadas por los millones de desplazados que acuden desde las cuatro esquinas del país.

Los turistas que visitaban Siria pasaban antes por Líbano, en su afán de descubrir un país en el que conviven la vida oriental y occidental. De los 7.084 millones de euros que ingresaba Líbano gracias al sector turístico en 2010, hoy apenas queda la mitad. “El turismo europeo es inexistente hoy, pero más nos ha afectado la caída del turismo árabe”, explica en una conversación telefónica Fady Elias Abi Abboud, antiguo Ministro de turismo libanés. “Los países del Golfo representaban el 60% de nuestros ingresos del turismo y ahora todas sus embajadas les han prohibido viajar a nuestro país”, lamenta Abi Abboud quien se muestra pesimista ante la recuperación del sector hasta que la seguridad no reine en toda la región.

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A pesar de haber sido también objetivo de ataques terroristas, Marruecos es una excepción y se mantiene como el principal destino turístico. En abril de 2011, un atentado en una cafetería en la ciudad de Marraquech acababa con la vida de 16 personas, entre ellas 11 turistas. Anteriormente, en mayo de 2003, Marruecos vivía su peor atentado terrorista de la historia que dejó 45 muertos, entre ellos 14 terroristas, en Casablanca. La monarquía marroquí se esmeró en afianzar la seguridad en el país, y el flujo de turistas se ha mantenido. Los ingresos del sector alcanzaron los 8.000 millones de euros el año pasado.

Junto a Marruecos, Israel se mantiene como un destino turístico irreductible a pesar del perpetuo conflicto israelo-palestino. Un viaje principalmente de carácter religioso donde el 56% de los visitantes con cristianos. La estrella de plata que marca el lugar de nacimiento de Cristo en Nazaret, o la milenaria Jerusalén, son objetivos principales para los turistas-peregrinos. Destino también del turismo musulmán, la mezquita de Al Quds lidera la lista de lugares santos a visitar. Ni las intifadas, atentados o inestabilidad política han frenado el fervor de los 3,3 millones de turistas anuales. Tras la guerra de Gaza en el verano de 2014, la caída del sector turístico, que alcanzó ingresos de 36,000 millones de euros ese año, tan solo se vio afectado por una reducción temporal del 7%.

Mientras el resto de destinos de Oriente Medio pierde turistas e ingresos, Turquía se ha impuesto como alternativa para aquellos que buscan una experiencia de sabor oriental. A caballo entre dos continentes, el Gobierno turco ha sabido aprovechar el excedente de turistas de una región convulsa. El año pasado, 32 millones de turistas extranjeros recorrieron el país. La antigua metrópoli otomana se convierte también en destino predilecto para los turistas regionales, con cinco millones de árabes pululando por Turquía en 2014.

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