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Netanyahu paraliza un plan para segregar autobuses en Cisjordania

Los palestinos iban a ser excluidos de los vehículos destinados a los colonos judíos

Un soldado israelí pide la documentación a un palestino en un autobús, en el puesto de control de Hizme, antes de entrar en Jerusalén.
Un soldado israelí pide la documentación a un palestino en un autobús, en el puesto de control de Hizme, antes de entrar en Jerusalén.

La versión oficial es que Benjamín Netanyahu  se enteró por la prensa. Desde la noche del martes, el Ministerio del Defensa había impuesto la segregación en los autobuses de Cisjordania. Los más de 50.000 palestinos con permiso de trabajo que se desplazan a Israel a diario no podrían utilizar para regresar a casa durante los próximos tres meses los mismos vehículos de transporte público que los colonos de los asentamientos judíos. Antes de que el portavoz del primer ministro comunicara en torno al mediodía del miércoles la suspensión del “programa piloto de seguridad”, las voces críticas eran ya un clamor masivo.

La oposición parlamentaria, el presidente de Israel y los grupos humanitarios alzaron la voz contra una medida de discriminación sin precedentes desde el inicio de la ocupación israelí en 1967, y que además echaba por tierra los esfuerzos para intentar mejorar la imagen de Israel en el mundo.

Coincidiendo con la visita a Jerusalén de la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, y con el telón de fondo de presiones internacionales para que regrese a la vía de la negociación con los palestinos, el flamante Gabinete de coalición ultraconservador de Netanyahu —una coalición de cinco partidos de derechas y religiosos que sólo tiene un voto de mayoría en la Knesset—, parece estar empezando a dar palos de ciego.

“La propuesta de segregación es inaceptable para el primer ministro”, salió al paso un portavoz de Netanyahu. El presidente de Israel, Reuven Rivlin, se apresuró a celebrar la rectificación del Ejecutivo de una medida que conducía a “una inimaginable separación de judíos y árabes en los autobuses”.

Los colonos israelíes —que han ganado peso político en el Gabinete con el partido que les representa, Hogar Judío— exigían desde hace tiempo la separación entre viajeros árabes y judíos “por razones de seguridad”. Uno de los más estrechos colaboradores de Netanyahu, el ministro de Defensa, Moshe Yaalon, ya había anunciado el pasado octubre el programa de segregación en los autobuses de Cisjordania, aunque su aplicación quedó aparcada hasta después de las elecciones legislativas del marzo.

Grupos humanitarios como Paz Ahora advirtieron de que la medida no tenía mucho sentido desde el punto de vista de la seguridad, ya que no se suelen registrar atentados contra autobuses en los que también viajan palestinos.

Netanyahu volvió a comprometerse ante Mogherini con la solución de los “dos Estados para dos pueblos” y de “un Estado palestino desmilitarizado que reconozca al Estado judío”, tras haber abjurado de este principio básico internacional en vísperas de las elecciones del 17 de marzo.

El líder de la oposición israelí, el laborista Isaac Herzog, también expresó inmediatamente su rechazo a la medida de segregación, que calificó de “humillación gratuita” a través de su página en Facebook: “La separación de israelíes y palestinos en el transporte público (…) echa más leña al fuego del odio hacia Israel en el resto del mundo”. “Es una medida miserable que nada tiene que ver con la seguridad del Estado (…) Israel necesita un liderazgo responsable”, apuntilló.

Los trabajadores palestinos que se desplazan —más de 90.000, según el Banco de Israel, si se cuenta también a los que no tienen permiso de trabajo en regla— son sometidos a estrictas medidas de seguridad cuando viajan hacia Israel a través de cuatro puestos de control, pero no a su regreso a Cisjordania, por lo que suelen utilizar los autobuses que enlazan directamente con los asentamientos judíos. El abortado programa de segregación —que obliga además a utilizar a la vuelta el mismo puesto de control que a la ida— representaba un considerable aumento de la duración del viaje de retorno tras la jornada laboral.

“No es una medida de “apartheid”, había declarado a France Presse el diputado de Hogar Judío Mordejai Yogev antes de que fuera retirada por el Gobierno. “La situación se había hecho insostenible, con los autobuses repletos de palestinos. En ocasiones ha habido agresiones sexuales a mujeres israelíes, sobre todo a las que prestan el servicio militar”.

 

Palestina busca el veto al fútbol de Israel pese a la mediación de la FIFA

La Asociación de Fútbol Palestina (PFA, en sus siglas en inglés) no retirará su propuesta de sanción ante el máximo órgano de gobierno mundial de este deporte, que se reúne el Zúrich el día 29, para expulsar a Israel de las competiciones internacionales por discriminar, según acusa, a los equipos de Gaza y Cisjordania.

La mediación del presidente de la FIFA, Joseph Blatter, ante el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, el martes en Jerusalén, y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, el miércoles  en Ramala, no parece haber surtido efecto. “Mantenemos la propuesta en el orden del día de la Asamblea de la FIFA”, afirmó el presidente de la PFA, Yibril Rayub, en una conferencia de prensa conjunta con Blatter en Ramala. “No hemos recibido garantías de que nuestros deportistas y técnicos tendrán libertad de movimientos”, precisó. Si dos terceras partes de los 209 delegados en la Asamblea de la FIFA secundan la posición palestina, Israel vería suspendida su participación en los torneos internacionales de fútbol.

Blatter, que se presenta a la reelección para un quinto mandato al frente del fútbol global en la misma sesión del día 29, insistió en que seguirá mediando hasta el final entre ambas partes, para no sentar “un mal precedente” para otros países, “como Ucrania y Rusia”, de interferencia de la política en el deporte. El presidente de la FIFA transmitió a los responsables palestinos varias medidas que Netanyahu le propuso el martes para intentar solucionar la disputa. Entre otras, el reconocimiento oficial de la federación israelí a la PFA y la concesión de permisos especiales para que los equipos palestinos puedan desplazarse con facilidad entre Gaza y Cisjordania.

El presidente de la federación palestina apoyó la propuesta de la FIFA de organizar en Zúrich un “partido por la paz” entre las selecciones de Israel y Palestina, que según Blatter fue respaldada el martes por Netanyahu. “Es una idea creativa, me gusta”, explicó Rayub, “pero aún tenemos que allanar el camino”.