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Los servicios secretos alemanes restringen su colaboración con EE UU

El 62% de la población cree que el escándalo del espionaje daña la credibilidad de Merkel

Gerhard Schindler, presidente de los servicios de inteligencia alemanes, en la sede del organismo en Bad Aibling, en el Estado de Baviera.
Gerhard Schindler, presidente de los servicios de inteligencia alemanes, en la sede del organismo en Bad Aibling, en el Estado de Baviera. AFP

El escándalo de las escuchas que desgasta al Gobierno alemán tiene ya sus primeras consecuencias prácticas. No ha dimitido el jefe de los servicios federales de inteligencia, Gerhard Schindler, como reclama la oposición. Pero la agencia que dirige Schindler ha restringido al máximo desde principios de esta semana la colaboración con sus colegas estadounidenses del NSA.

El BND (los servicios de espionaje alemanes para el exterior) ha congelado la transmisión a la NSA de captura de datos, según informan el periódico Süddeutsche Zeitung y las cadenas NDR y WDR. Esta transferencia de información se hacía en virtud de un acuerdo firmado por los dos países en 2002, después del shock que habían supuesto un año antes los atentados del 11-S, alguno de cuyos autores había recibido formación de pilotos en Alemania. Ni el Gobierno alemán ni el BND han querido comentar la información.

El goteo de revelaciones sobre la colaboración germano-americana para espiar lugares tan emblemáticos como la presidencia de la República de Francia o la Comisión Europea ha enrarecido el clima en el Gobierno de gran coalición. El desgaste que sufre la canciller Angela Merkel empieza además a ser patente. Una encuesta realizada el miércoles por la empresa INSA muestra que un 62% de los alemanes considera que el escándalo del BND amenaza la credibilidad de la jefa de Gobierno. Estas dudas no afectan por ahora a la robusta intención de voto de la Unión Cristianodemócrata que lidera Merkel. Pero en sus filas temen que la situación empeore si las revelaciones van a más.

El escándalo del BND ha colocado en una situación muy difícil al ministro del Interior, el democristiano Thomas de Maizière, que el miércoles reiteró ante la comisión parlamentaria que investiga las escuchas que no mintió cuando negó que se hubiera espiado a empresas europeas, confirmando de forma implícita que las escuchas a instituciones políticas sí se han producido.

La propia Merkel se ha declarado dispuesta a comparecer ante la comisión parlamentaria ante la que ya han desfilado dos ministros suyos. A lo que se niega es a acceder a los deseos de sus compañeros socialdemócratas de Gobierno, que piden el listado de los llamados “selectores” (las direcciones IP, correos electrónicos, números de teléfono y otras informaciones) que el BND habría facilitado a sus colegas estadounidenses. La canciller insiste en sus declaraciones de las últimas semanas en la importancia de aclarar lo ocurrido, pero sin dañar las relaciones con los servicios secretos estadounidenses, imprescindibles para hacer frente al terrorismo y a otras amenazas a la seguridad de los alemanes.

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