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El cierre de AlarabTV revela la falta de libertad de expresión en Bahréin

La cadena, que entrevistó a un opositor chií, es propiedad de un multimillonario príncipe saudí y había sido inaugurada el día anterior

Menos de 24 horas ha durado en antena la cadena de noticias panárabe AlarabTV, lanzada el domingo desde Bahréin por el multimillonario saudí Alwaleed Bin Talal. La interrupción de sus emisiones  desde primera hora de este lunes pone de relieve el maltrecho estado de la libertad de expresión en ese pequeño reino, y en el mundo árabe en general. Aunque ni los responsables de la emisora ni las autoridades bahreiníes han aclarado el motivo, todo apunta a que éstas no han podido tolerar la entrevista a un destacado opositor.

“Volvemos enseguida, si Dios quiere”, anunciaba el Twitter de la cadena tras explicar que el cese de las emisiones se debía a “razones técnicas y administrativas”. Desde primera hora, el canal sólo difunde espacios enlatados de autopromoción, pero ha interrumpido los boletines informativos.

Los responsables bahreiníes evitaron explicar el cierre y se limitaron a decir que estaban trabajando con la dirección de la cadena “para resolver el asunto con rapidez”, según France Presse. Sin embargo, el diario progubernamental Akhbar al Khaleej asegura en su primera página que la suspensión se debe a que “no respetólas tradiciones de los países del Golfo, incluida la imparcialidad informativa y el rechazo a todo lo que pueda afectar al espíritu de unión [regional]”.

Para sorpresa de quienes siguieron el telediario inaugural, el domingo a las cuatro de la tarde de Manama (las dos de la tarde hora peninsular española), uno de los invitados fue Khalil al Marzuq, un destacado miembro del Al Wefaq, el principal grupo político chií, y antiguo vicepresidente del Parlamento. El presentador le preguntó por la retirada de la nacionalidad a 72 bahreiníes que las autoridades anunciaron la víspera. Como era de esperar, Al Marzuq criticó esa decisión.

Desde hace cuatro años, la dinastía suní que gobierna Bahréin afronta un movimiento de contestación por parte de la mayoría chií. Su represión de las protestas y su negativa a hacer reformas de calado le ha merecido continuas críticas de las organizaciones de derechos humanos. Ya antes ha recurrido a retirar la nacionalidad y deportar a dirigentes opositores. Sin embargo, es la primera vez que la medida afecta a un número tan elevado y, tal vez para evitar las críticas de sectarismo, incluye a algunos suníes, significativamente, Turki al Binali, de 30 años, considerado uno de los ideólogos del Estado Islámico.

Bahréin, que hasta el estallido de la revuelta en 2011 estaba considerado uno de los países más abiertos y liberales de la península Arábiga, ha restringido desde entonces la libertad de expresión y encarcelado a numerosos internautas. La menor crítica al poder se juzga como un atentado a la seguridad del Estado. El gesto de Alwaleed de establecer AlarabTV en el pequeño reino se interpretó como una apuesta a su potencial en un momento en que su  imagen como centro financiero y de negocios ha quedado muy dañada.

“Respondemos a una necesidad real de una cadena independiente e imparcial”, dijo su director general, Jamal Khashoggi, durante la inauguración el domingo. Hoy lunes, Khashoggi no respondía al teléfono.