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Los eurófobos se lanzan a la conquista de Alemania occidental

El sector moderado del partido AfD impone sus tesis e intenta aparcar las peleas internas

El colíder de Alternativa para Alemania, Bernd Lucke, en el congreso federal del partido celebrado el 31 de enero en Bremen.
El colíder de Alternativa para Alemania, Bernd Lucke, en el congreso federal del partido celebrado el 31 de enero en Bremen.

“Arribistas”, “controladores obsesivos”, "déspotas" y “chapuceros”. Son algunos de los epítetos que en los últimos meses se han intercambiado los máximos dirigentes de Alternativa para Alemania (AfD). Pero la cúpula del partido eurófobo alemán ha optado este fin de semana por aparcar sus diferencias más evidentes y apostar por el objetivo que une a los conservadores-liberales y a los más ultras: entrar en los parlamentos de las ciudades-Estado de Hamburgo y Bremen, que celebran elecciones próximamente. Con la tregua firmada en el congreso celebrado en Bremen, AfD quiere demostrar su potencial para ser un partido de implantación en todo el país –ahora solo tiene diputados en tres Estados orientales y en el Parlamento Europeo- y un verdadero dolor de cabeza para los democristianos de la canciller Angela Merkel.

El fundador del partido y su cara más conocida, Bernd Lucke, ha ganado este fin de semana una importante batalla. Lucke, que formalmente es tan solo uno de los tres portavoces nacionales, lleva tiempo luchando para acabar con ese triunvirato –y con la cacofonía de voces que conlleva- y convertirse él en líder único e indiscutible. Sus compañeros de dirección y representantes de la línea dura se oponían con el argumento de que la pluralidad de voces hacía más rico al partido.

El hombre fuerte de AfD  admite que la gestión interna ha sido “una chapuza”

Finalmente, han llegado a una solución a medio camino según la cual habrá líder único –seguramente el propio Lucke-, pero no será hasta el próximo mes de diciembre, según una ajustada votación que requirió de 12 horas de intenso debate. “No somos un club de bolos o una sociedad de crianza de conejos que podamos dirigir en nuestro tiempo libre. El liderazgo del partido ha sido una chapuza en los dos últimos años. No podemos seguir así”, dijo Lucke, que hasta hace poco no descartaba dejar el partido si no lograba imponer sus puntos de vista.

El líder de AfD puede estar satisfecho. No solo por el resultado del congreso, sino porque varios acontecimientos de las dos últimas semanas pueden beneficiarle. Los euroescépticos viven la victoria de Alexis Tsipras como una confirmación de sus tesis: siempre dijeron que Alemania no podía compartir moneda con países como Grecia y ahora ven más cercana la ansiada ruptura de la unión monetaria. Y, lo que es más importante, confían en aumentar el 6% de apoyos que las encuestas le atribuyen gracias a los alemanes temerosos del coste que cualquier concesión a Atenas puede tener para sus bolsillos.

Lucke logra imponer un líder único del partido a partir de diciembre

“Estoy muy agradecido a Tsipras por haber mostrado que así no se puede seguir”, dijo Lucke, que defiende una salida inmediata de Grecia del euro y un futuro en el que Alemania no comparta divisa con el sur de Europa. Obligada a mirar a su flanco derecho, Merkel tendrá muy presente la amenaza que supone AfD a la hora de ofrecer cualquier medida de alivio al nuevo Gobierno griego.

La crisis del movimiento islamófobo Pegida también supone una buena noticia para Lucke y sus más cercanos. Porque el hombre fuerte de AfD siempre se distanció de aquellos líderes del partido que defendían un acercamiento a los xenófobos de Dresde. El escándalo de las fotos del líder de Pegida disfrazado de Hitler, las peleas y dimisiones de su cúpula y las recientes noticias de escisión del movimiento son música en los oídos de Lucke y dejan en muy mal lugar a sus rivales internos. Los fundadores temían que el partido pasara a convertirse en una especie de Frente Nacional de Marine Le Pen.

Alexander Gauland, uno de los líderes de los halcones, admitía la semana pasada a este periódico que si no fuera por las veleidades antisemitas tendría muchos elementos en común con Marine Le Pen. "Pegida es un movimiento democrático surgido del centro de la sociedad alemana", añadía Gauland, obviando las poses hitlerianas o las referencias a los demandantes de asilo como "ganado" de su fundador, Lutz Bachmann.

Lucke se ha salido con la suya, pero eso no supone automáticamente el fin de sus problemas. Porque las discrepancias en AfD sobre numerosos temas –políticas de inmigración, actitud ante Rusia, el acuerdo de libre comercio con EE UU, entre tantos otros- siguen tan fuertes como siempre. “Lo que ha conseguido Lucke es una tregua por parte de sus rivales internos, que han perdido la batalla pero no la guerra y harán todo lo posible para imponer en el programa su sello nacional-conservador”, asegura Tim Herden, analista de la televisión pública alemana.