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Abe afronta la peor crisis tras su regreso al poder en Tokio

El primer ministro japonés considera el ultimátum sobre la vida de Goto “inaceptable”

Shinzo Abe, este jueves en una sesión parlamentaria en Tokio.
Shinzo Abe, este jueves en una sesión parlamentaria en Tokio. AP

El Gobierno japonés celebró ayer miércoles una reunión extraordinaria para analizar la situación de Kenji Goto, el reportero nipón en manos del Estado Islámico (EI). En declaraciones transmitidas por la cadena NHK, el primer ministro, Shinzo Abe, consideró el ultimátum sobre su vida “inaceptable” y subrayó que su Gabinete “sigue buscando colaborar con las autoridades jordanas” para salvarle.

La opinión pública japonesa está pendiente del secuestro. Un centenar de personas se concentraron ayer frente a la residencia del primer ministro, con velas y pancartas, para reclamar la liberación del rehén. Para el conservador Abe se trata de su mayor prueba desde su retorno al poder en diciembre de 2012. El primer ministro, que ha basado su política exterior en la promesa de convertir a Japón en un actor más prominente en el escenario internacional, se ve en el dilema de tratar de conseguir la liberación de Goto, como le exigen los japoneses, sin aparecer en una posición de debilidad ante los terroristas.

Hasta el momento, los ciudadanos aprueban su gestión de la crisis. Un 59%, según una encuesta publicada por el diario Sankei, considera que la ha manejado de manera adecuada.

Pero también han surgido voces disonantes. El primer ministro viajó a Oriente Próximo hace 10 días y prometió en Egipto 172 millones de euros en ayuda no militar para combatir la amenaza terrorista.

El martes, en una sesión de control, el legislador Seiji Maehara, de la oposición, criticó la decisión de Abe de ofrecer esa ayuda mientras los rehenes —Goto y Haruna Yukawa, asesinado hace unos días— seguían secuestrados. “¿Cómo asumió el riesgo?”, le preguntó.