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La posición más complicada del contingente español en Líbano

Un soldado español muere tras ser gravemente herido por metralla de un mortero israelí en el fuego cruzado con la milicia Hezbolá

El cabo malagueño Francisco Javier Soria Toledo perdía este miércoles la vida dentro de la posición 4-28 de Gayar, en el sur de Líbano. Fallecía tras ser gravemente herido por metralla de un mortero israelí en el fuego cruzado con la milicia Hezbolá sin que se hayan revelado más detalles del incidente. Esta posición se sitúa a penas 20 metros de los Altos del Golán, en un área que se disputan entre Siria, Líbano e Israel. Es la posición más complicada para la misión española.

La posición se compone de unos 50 hombres y mujeres de la Brigada Córdoba X, así como de efectivos salvadoreños, que tomaron el relevo de la misión el pasado 20 de noviembre. Desde el alambrado que cerca la posición, se divisan los puestos de observación israelíes controlados por uniformados y prismáticos en mano. Tras 22 años de ocupación del sur de Líbano, las tropas israelíes se retiraron en el 2000, excepto de este pequeño poblado de Gayar cuya demarcación parte la localidad por la mitad. Desde territorio libanés, los soldados españoles vigilan medio poblado, hoy casi fantasma, evitando cruces irregulares de pastores o de contrabandistas hacia la zona bajo control israelí.

El incidente de este miércoles entre Hezbolá y tropas israelíes es el último de una larga lista. Fue precisamente la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que puso fin a la guerra de 33 días que libraron Hezbolá e Israel en 2006, la que marcó la entrada de la tropas españolas en el sur de Líbano como fuerza de interposición. Su cometido es el de “monitorear el cese de las hostilidades, apoyar a las Fuerzas Armadas Libanesas (FAL) y asistencia a la población civil”. Desde entonces, los cascos azules españoles se relevan cada cinco meses en la franja sur de Líbano delimitada al norte por el río Litani y al sur por la línea azul que marca la actual frontera con Israel. En 2012 se redujeron las tropas españolas a la mitad, pasando de 1.200 a 587 soldados. A pesar de que patrullan en feudo de Hezbolá, cuya rama armada es considerada como grupo terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, una de cada siete personas en el sur del Líbano es un casco azul.

La misión de las Fuerzas de la ONU para el Líbano se divide en dos sectores en un territorio del tamaño de Asturias. El oeste bajo control italiano y el este bajo mando español. A parte de los 587 soldados que aporta España, el jefe del sector este tiene bajo sus órdenes a otros 3.347 soldados de diversas nacionalidades. “La mayor dificultad que tenemos es la de mantener la tensión y la sensibilidad durante los seis meses. Esta es una misión delicada. No se trata de actuar con violencia o fuerza sino de patrullar sin molestar, de vigilar sin incordiar, de llamar la atención sin exagerar. Se trata de alternar mano derecha y mano izquierda. Y eso se tiene que hacer desde yo mismo al último soldado que está en el terreno, que ha de reaccionar bien, desde el día que llegamos hasta el que nos vamos”, explicaba a EL PAIS un año atrás el general Fernando López del Pozo, antiguo Jefe del Sector Este de la FINUL desde la base Miguel de Cervantes, en el sur del Líbano.

Entre los desafíos que afrontan los soldados españoles en Gayar, está la de vivir 24 horas, cinco meses, en la posición. Comparten dormitorios y en su tiempo libre, alejados de todo poblado, los jóvenes soldados matan el tiempo con deporte, partidos de futbol o conversando con sus familias vía Skype.

Situada en uno de los puntos más conflictivos, la 4-28 entrecorta la controvertida línea de mojones azules que separa Líbano de Israel. Los cascos azules españoles patrullan la zona diariamente y acompañan a los soldados libaneses en varios puestos de observación. Cada patrulla que sale de Gayar se compone de ocho hombres y dos vehículos LMV Lince que recorren unos 20 kilómetros de la línea azul. En su trayecto, lindan a su izquierda con un alambrado que marca la presencia israelí. A su derecha campesinos libaneses cultivan los campos. En esa misma carretera que rodea la posición 4-28 perdían la vida en febrero de 2014 un soldado español y otro salvadoreño al volcar el LMV Lince en el que viajaban. En junio de 2007, seis soldados del contingente español, tres de origen colombiano, fallecían al explotar un coche bomba al paso de una patrulla cerca de la base Cervantes. Muchas de las Brigadas del contingente español repiten hasta por tercera vez misión, lo que ha mejorado notablemente el conocimiento del terreno y su relación con los locales. A ello se suma el trabajo de desarrollo que forma parte de la misión, beneficiando a las poblaciones locales. El mayor logro de las fuerzas de interposición ha sido la de ejercer como tampón entre ambos países, creando un canal de comunicación tripartito y reduciendo el transporte de armamento pesado al sur del Litani.

Ante los virulentos combates entre tropas libanesas y yihadistas llegados de Siria que vive el país en su frontera Este desde agosto pasado, el sur del Litani se consideraba hasta hoy una de las zonas más estables del país. Tras el incidente de esta mañana, las de la ONU entran en máxima alerta en una nueva espiral enfrentamientos entre la milicia libanesa y uniformados israelíes en la que se prevén futuras represalias.

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