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‘Charlie Hebdo’, una revista satírica y polémica

El semanario francés sufrió otro ataque en 2011 tras la publicación de una edición que denunciaba el avance islamista en el Magreb

Último número de la revista, publicado el 7 de enero, con una caricatura del escritor Michel Houellebecq.
Último número de la revista, publicado el 7 de enero, con una caricatura del escritor Michel Houellebecq. AFP

La revista satírica francesa Charlie Hebdo, víctima este miércoles de un ataque en su sede editorial en París, es conocida por haber protagonizado varias polémicas en torno a la libertad de expresión de la prensa. En 2006, el semanario de izquierdas sacó a la venta (al igual que El Jueves en España) un número cuya portada recogía las caricaturas de Mahoma, publicadas en un primer tiempo por el periódico danés Jyllands-Posten. La reproducción de estás imágenes provocó la ira de varias autoridades islámicas francesas, que demandaron al entonces director del semanario, Philippe Val, por "injurias públicas contra un grupo de personas en razón de su religión". Un juez desestimó en 2007 a los demandantes, asegurando que las caricaturas apuntaban a denunciar a los integristas religiosos musulmanes y que su publicación era legal.

El semanario, fundado en 1970 sobre las cenizas de otro satírico Hara Kiri y reabierto en 1992 tras cerrar durante 11 años por dificultades ecónomicas, sufrió otro ataque terrorista en noviembre de 2011, cuando varios asaltantes incendiaron la sede de la redacción, en el centro de París, con un cóctel molotov, lo que destruyó buena parte de las instalaciones. El asalto pareció entonces claramente relacionado con el número publicado al día anterior, rebautizado excepcionalmente como Sharia Hebdo, y dedicado al avance islamista en Túnez y Libia. En la portada apareció un dibujo del profeta Mahoma, nombrado "redactor jefe" del número.

Charlie Hebdo se mostró tambien crítico en varias ocasiones contra los integristas católicos y la ultraderecha francesa, caricaturando a la líder del Frente Nacional Marine Le Pen como un 'truño fumante', meses antes de que se celebraran las elecciones presidenciales de 2012. Stéphane Charbonnier, el director del semanario, asesinado en el ataque de hoy, defendía una línea política ante todo republicana, vinculada a la defensa de las libertades individuales y colectivas, que practica la libertad de expresión hasta en su propio seno: por ejemplo, el dibujante Siné dimitió en 2008 tras un desacuerdo profundo con la dirección de la redacción sobre la línea editorial.

El atentado de 2011 debilitó económicamente la revista, afectada como muchas publicaciones en Francia por la crisis que atraviesa la prensa de pago. En 2006, la revista vendía hasta 160.000 ejemplares (hasta 400.000 en el número de las caricaturas). En 2014, las ventas se iban cayendo, alcanzando la cifra de 50.000 ejemplares. De hecho, Charbonnier lanzó a finales del año pasado un llamamiento a sus lectores y a sus simpatizantes para salvar la publicación, que no cuenta con publicidad ni accionistas, mediante una donación de solidaridad. El grupo Le Monde, junto a la cadena pública France Télévisions y la emisora pública Radio France, anunciaron en un comunicado por la tarde que ayudarán a nivel material y económico a la redacción enlutada para que siga publicando en un futuro inmediato.

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