La ultraderecha provoca la caída del Gobierno de izquierda en Suecia

El primer ministro anticipa las elecciones tras dos meses en el poder al frente de una coalición de socialdemócratas y verdes

Era el fiel de la balanza y ayer se inclinó. Demócratas Suecos (DS), la formación antiinmigración que se ha convertido en la tercera fuerza política, dio ayer un vuelco al panorama político de Suecia. Al rechazar en el Parlamento el presupuesto de la coalición gobernante —socialdemócratas y ecologistas— y apoyar el proyecto de cuentas de la oposición de centroderecha, este partido que muchos sitúan en la ultraderecha puso contra las cuerdas al primer ministro Stefan Löfven, quien se vio obligado a convocar elecciones anticipadas, las primeras en más de medio siglo. Serán el próximo 22 de marzo. Y eso cuando aún no se han cumplido tres meses de los comicios anteriores.

Löfven, que intentó hasta horas antes alcanzar un acuerdo con los partidos de centroderecha y puede pasar a la historia por la brevedad de su Gobierno, reaccionó con celeridad cuando las votaciones quedaron claras: el proyecto de presupuesto del Gobierno cosechó 153 votos y el de la oposición de centroderecha, 182 (incluidos los de Demócratas Suecos, que cuenta con 49 escaños). A la vista de los números, el poco carismático primer ministro dio un paso más allá de la advertencia que hizo a comienzos de semana —si ganaba el presupuesto opositor, él no se quedaría en el cargo para aplicarlo— y, en rueda de prensa, anunció las elecciones anticipadas. Se celebrarán el próximo 22 de marzo —al límite del plazo legal— para que los electores puedan “elegir ante el nuevo paisaje político”.

Un paisaje que se ha visto sacudido en los últimos meses. Las elecciones generales del pasado 14 de septiembre, de voto muy fragmentado, convirtieron a los socialdemócratas en la mayor fuerza, pero con su resultado más bajo (31,2% de los votos) en la historia de un país que han gobernado durante décadas. Ello les obligó a buscar apoyos en otras fuerzas para encabezar el Gobierno de coalición.

La gran sorpresa de aquellos comicios, que ahora se ha revelado poderosa, fue el ascenso de Demócratas Suecos. La formación duplicó su resultado y con el 13% de los sufragios se convirtió en clave para la gobernabilidad. La gran bandera de DS es limitar la inmigración en un 90% y están dispuestos a apoyar a quien secunde su idea. O a impedir la gobernabilidad en caso contrario. Su responsable en funciones, Mattias Karlsson, aseguró ayer, según Reuters, que se plantean las elecciones de marzo como “un referéndum a favor o en contra del aumento de la inmigración”.

“Es un partido antiinmigración y conservador en lo social que quiere que las llegadas de extranjeros se produzcan al mismo nivel que la media europea, que es más o menos el 10% de la sueca”, explica el profesor Andrej Kokkonen, experto en inmigración. “Tienen un pasado racista, pero se han reformado”, añade. El partido ha sintonizado con un deseo de amplios sectores de Suecia —el país europeo más generoso con los inmigrantes, que entran sobre todo como refugiados—, que consideran también que se debe poner un límite al coste económico que supone la hospitalidad. La llegada de extranjeros (sobre todo sirios y eritreos) va en aumento, a un ritmo de unas 2.000 solicitudes por semana, según las autoridades suecas. La inmigración, que ha sido un tema tabú —al menos hasta ahora— para el resto de las formaciones, puede jugar una carta importante de cara a las elecciones de marzo de 2015.

“El anticipo electoral podría beneficiar a Demócratas Suecos, cuyo éxito tiene que ver con el de UKIP en Reino Unido, Alternativa por Alemania o Auténticos Finlandeses. Este tipo de partidos sube como respuesta a la inmigración, que se ve como una amenaza al sistema sobre todo por parte de los perdedores de la globalización”, explica Víctor Lapuente, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Gotemburgo.

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“A corto plazo, no creo que la Alianza [los cuatro partidos de centroderecha que gobernaron desde 2006 hasta el pasado verano] cambie su política de inmigración, pero si Demócratas Suecos sigue en alza, quizá el Partido Moderado endurezca su postura sobre la cuestión. Después de eso, sería razonable para la Alianza empezar a cooperar con los Demócratas Suecos”, explica el profesor Kokkonen. “En ese caso, llegaríamos a una situación similar a la de Noruega o Dinamarca, con Gobiernos de derecha que cuentan con el apoyo de partidos antiinmigración”, añade.

Los votos han derribado los débiles cimientos de un Gobierno en minoría que quería aumentar el gasto social en 2.720 millones de euros y subir algunos impuestos. Suponía un giro de izquierda tras ocho años de recorte fiscal y privatizaciones en los servicios públicos de la alianza de centroderecha. Pero era un Gobierno débil. Con apenas dos meses de gestión, solo lo aprobaba el 29% de los ciudadanos.

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