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Abe convoca elecciones anticipadas en Japón tras el fiasco del plan económico

La entrada en recesión obliga al dirigente a alterar sus planes y disolver el parlamento

El primer ministro, Shinzo Abe, en la rueda de prensa en la que ha anunciado la disolución del parlamento.
El primer ministro, Shinzo Abe, en la rueda de prensa en la que ha anunciado la disolución del parlamento. REUTERS

Japón celebrará elecciones anticipadas. En una rueda de prensa, el primer ministro, Shinzo Abe, confirmó este martes lo que era un secreto a voces desde hace días en los mentideros de Tokio. Que había decidido disolver la Dieta o Cámara baja el viernes próximo y aplazar un año y medio, hasta 2017, una segunda subida del IVA —del 8 al 10%— después de que la primera, en abril pasado (del 5 al 8%), asestara un profundo golpe al consumo interno en una economía que, según los datos económicos oficiales del tercer trimestre anunciados el lunes, ha entrado en recesión técnica (dos trimestres consecutivos con la economía menguante).

“Disolveré la Cámara el día 21”, anunció Abe, sin mencionar qué día exactamente tendrán lugar las elecciones anticipadas. La prensa japonesa ha adelantado que se celebrarían el 14 de diciembre.

El mandato actual del primer ministro no concluía hasta 2016. Pero los datos del lunes terminaron de darle argumentos para la conveniencia de adelantar los comicios. Durante el tercer trimestre el PIB cayó un 0,4% (un descenso del 1,6% en tasa anualizada) después de la bajada del 1,9% (1,3% anualizado) entre abril y junio, la economía nipona entra así en su cuarta recesión desde el comienzo de la crisis global en 2008.

Una situación que dejaba con pocos argumentos a los defensores de la próxima subida del IVA. El estancamiento del consumo tras el alza impositiva de abril ha durado más de lo calculado. Un nuevo aumento del impuesto atizaría el fantasma de la deflación, la némesis de los políticos japoneses en las últimas dos décadas y que Abe había querido aniquilar alentando el gasto del consumidor y las inversiones con las tres “flechas” de su política económica o Abenomics: estímulo monetario, flexibilidad fiscal y reformas estructurales.

Al tiempo que anunciaba la disolución de la Dieta, Abe confirmaba asimismo el aplazamiento en 18 meses de la segunda subida del IVA, que estaba prevista para octubre del año próximo y cuya entrada en vigor se retrasa ahora hasta la primavera de 2017. Eso sí, en un aparente gesto hacia el Ministerio de Finanzas que encabeza Taro Aso y al déficit fiscal que se pensaba enjugar parcialmente con esos ingresos, Abe aclaró que no habrá un segundo retraso.

“Tras posponerlo 18 meses, subiré ese impuesto con toda seguridad, con independencia de las condiciones económicas”, declaró el primer ministro japonés. “Necesitamos que la gente nos dé su aprobación para este cambio”, indicó, al alegar esa necesidad como motivo para llamar a comicios en este momento.

La marcha de la economía o el IVA es, no obstante, solo un factor más en su decisión. Abe es hoy por hoy un político popular en Japón. Pero en los últimos meses ha comenzado a desgastarse y su aceptación ha caído al 44%, según las últimas encuestas. La dimisión de dos ministras en octubre, pocas semanas después de sus nombramientos, ya supuso un revés. Este domingo ha sufrido otro, con la derrota del candidato apoyado por su coalición, Hirokazu Nakaima, en los comicios locales para renovar el cargo de gobernador de Okinawa.

Al convocar elecciones ahora, según calcula, es él quien pasa a tomar la ofensiva y marcar la agenda de la campaña. Una campaña que quiere basar en una imagen como líder decisivo —acaba de apuntarse un tanto tras su primera reunión con el presidente chino, Xi Jinping— y como el único con propuestas claras para sacar adelante la economía.

Pocos analistas dudan de que Abe renovará mandato. La oposición, que aún no se ha recuperado de la debacle de 2012, se encuentra fragmentada y es dudoso que el escaso plazo antes de la campaña electoral y los comicios le permita reorganizarse a tiempo. Incluso si la coalición del LDP y Nuevo Komeito pierde algunos escaños en diciembre, se lo puede permitir: tiene 325 en una Cámara baja de 480 asientos.

Y con un mandato renovado, tendrá la pista despejada —esperan sus partidarios— para las batallas que espera afrontar el año próximo. Le aguardan el debate en el Parlamento de las leyes que permitirán, por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, que las tropas japonesas puedan combatir en el exterior bajo determinadas circunstancias.

O el regreso de la energía nuclear, después de que se paralizara la actividad de todos los reactores tras el desastre de Fukushima en 2011. Y en un año en el que se cumplirá el 70º aniversario del final de la II Guerra Mundial, el recuerdo de ese conflicto puede dar ocasión a nuevas crispaciones en las relaciones bilaterales con sus vecinos.

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