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El cultivo de opio afgano crece antes de la retirada de la OTAN

La ONU alerta de que la superficie cultivada se ha triplicado

Un campesino afgano en un campo de amapolas, a las afueras de Jalalabad.
Un campesino afgano en un campo de amapolas, a las afueras de Jalalabad. AFP

Seis semanas antes de la retirada del grueso de las tropas de la OTAN de Afganistán, todos los esfuerzos internacionales por erradicar el cultivo de opio parecen baldíos. Según el informe anual publicado ayer por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, en sus siglas en inglés), la superficie para el cultivo de amapola destinada a producir opio ha alcanzado en 2014 un nivel récord de 224.000 hectáreas, un 7% más que en 2013 y tres veces más que las 74.000 existentes en 2002, un año después de la intervención internacional liderada por EE UU contra el régimen talibán.

Desde esa fecha, y pese a los esfuerzos de los programas de erradicación de Washington —por valor de 8.000 millones de euros—, el cultivo de esa planta, de la que Afganistán es el primer productor mundial, ha ido incrementándose, sobre todo en las provincias del sur, en parte controladas por los talibanes.

Pese al nuevo Gobierno de Ashraf Ghani, el país parece volver a atrasar el reloj. “Afganistán es casi un narco Estado con los beneficios de la droga alimentando a los talibanes, Al Qaeda, las élites políticas, el Ejército y la Policía”, dice en un correo electrónico Ahmed Rashid, periodista y escritor paquistaní y uno de los más prestigiosos analistas de Asia Central, autor, entre otros, de Descenso al caos (Península). “El fracaso de Occidente para acabar con el problema de la droga tras 13 años de presencia de Estados Unidos y la OTAN y tras un gasto ingente ha dejado un territorio y un pueblo castigados”.

Según la ONU, la producción de opio se estima en 6.400 toneladas para este año, una subida del 17% con respecto a 2013, pero aún lejos de las 7.400 toneladas de 2007. “En 2014, el precio del opio bajó en todo Afganistán. La razón parece ser el aumento de la producción”, asegura el texto. El director del programa de la ONU, Jean-Luc Lemahie, ha advertido: “A partir de ahora, Afganistán deberá arreglárselas solo frente a la criminalización de su economía”.

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El temor internacional es que la retirada de tropas aumente la inestabilidad en un país donde los campesinos se ven obligados a pagar una cuota a los talibanes, que utilizan el dinero para luchar contra el Gobierno de Kabul y las tropas extranjeras, y del que también se aprovechan señores de la guerra y políticos. A esto se le suma la incertidumbre económica tras un proceso electoral que se ha prolongado 10 meses.

“No hay alternativas agrícolas desarrolladas por el Gobierno, así que la pobreza, la guerra y la falta de trabajo llevan a un número creciente de campesinos a cultivar amapola”, asegura Rashid. “Se dan todas las condiciones para que el dinero de la droga haya penetrado toda la política del país. El opio es para los campesinos como una cuenta bancaria, como un depósito para el futuro”, concluye.