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El rostro de Keylor Navas supera el mito racial en Costa Rica

El Congreso costarricense aprueba una ley para reconocer al país centroamericano como un Estado "multiétnico"

Un hincha yemení se hace una foto con Keylor Navas.
Un hincha yemení se hace una foto con Keylor Navas. AFP

Marciana Beita Navas se casó con Juan Navas Villanueva en las tierras indígenas de los térrabas, al sur de Costa Rica, cuando en este país centroamericano pesaba aún más el color de la piel. Cuenta el genealogista Mauricio Meléndez que era 1930 cuando la pareja engendró a Víctor Manuel, que engendró a Freddy, el papá de un joven llamado Keylor que ahora es portero del club de futbol más famoso del mundo, el Real Madrid. Es, por tanto, el rostro costarricense más visto en el planeta, con su tez morena y rasgos nativos que no calzan del todo con el mito costarricense de considerarse como “los blancos” de Centroamérica.

Tampoco calza buena parte de la Selección de Futbol que impresionó a millones de seguidores en el Mundial de Brasil, en la que destacaron también un nicaragüense nacionalizado (Óscar Duarte), el hijo de un inmigrante cubano (Bryan Ruiz) y un rapidísimo chico negro que ahora juega en el Arsenal de Inglaterra, Joel Campbell, entre otros ejemplos de diversidad. Ese equipo, dirigido por el colombiano Jorge Luis Pinto y manejado por el federativo Eduardo Li (un notable descendiente de chinos), podría ser el muestrario del “Estado multiétnico y pluricultural”, una declaratoria que la Asamblea Legislativa recién ha aprobado por unanimidad, en primera instancia, como reforma a la Constitución Política de este país de mayoría mestiza.

Así llega Costa Rica a celebrar el 12 de octubre como su “Día de las Culturas”, una fecha originada por la llegada de Cristóbal Colón a América y que hasta hace 20 años era llamada “día de la raza”. ún hay quienes así le dicen. Sin superar del todo episodios aislados de racismo, sobre todo en estadios de fútbol (paradoja ante la mixtura en el campo), o de discriminación inconfesada (como se lee en el texto la reforma constitucional), las autoridades costarricenses se han felicitado por lo que consideran un gesto significativo en el reconocimiento de la composición diversa de este territorio. De los 4,5 millones de ticos, se identifica como indígena el 3%, mientras uno de cada 100 es afrodescendiente como Joel Campell, aunque la cifra sube a 7% si se incluyen los mulatos. La mayoría, un 83%, se considera blanca o mestiza, según el censo nacional del año 2011.

“Somos mestizos; el tico es mestizo. Eso de la Costa Rica blanca es un mito”

¿Blancos o mestizos? Esa es la categoría que indica el censo, pero el reconocido genetista de la Universidad de Costa Rica (UCR) Ramiro Barrantes es bastante más contundente. “Somos mestizos; el tico es mestizo. Eso de la Costa Rica blanca es un mito”, dijo a EL PAÍS este investigador. En promedio, se calcula que el tico promedio, el mestizo, es resultado de genes europeos (sobre todo españoles, con fuerte procedencia de sefardíes y africanos del norte) en un 50%, más un 35% amerindio y el resto se reparte entre la herencia biológica de los negros y los asiáticos, con sus seis generaciones en suelo costarricense.

Así queda desmontada la referencia “blanca” que los ticos suelen usar para sí mismos, negando el componente genético e invisibilizando a las minorías étnicas. Esta rebota en las críticas desde otros países de Centroamérica, fáciles de encontrar en las competencias futbolísticas aunque muchos de sus héroes muestren más bien los rasgos indígenas o afro.

“El racismo en Costa Rica es muy solapado, muy a la tica. Por un lado decimos ‘te quiero’ y por otro ‘lejos de mí’, pero claro que hay avances. La declaración de un país multiétnico en la Constitución es una señal de ello, de que somos ciudadanos de primer nivel en este país”, reflexionó Ramiro Crawford, un activista afrocostarricense y organizador del Grand Parade anual en la ciudad de Limón (Caribe), cabecera de la provincia más diversa. Es un desfile en el que muchos locales se visten con trajes típicos de la cultura afro. La presidenta Laura Chinchilla, con su rostro de pómulos anchos e indígenas, acudió en 2013 e igual lo hizo en este año su sucesor, Luis Guillermo Solís, nieto de una mujer negra de origen antillano. “Soy afrodescendiente”, suele repetir el mandatario, que se felicitó de la votación unánime por la reforma constitucional, aunque el trámite requiere de dos votaciones más en los años próximos.

La noticia de la reforma legal no pesó demasiado en los medios de comunicación locales, a pesar de ser este “un paso fundamental para compromete al Estado al respeto y la celebración de la diversidad”, en palabras de Yoriko Yasukawa, representante del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que señala un rezago social de las minorías étnicas: el 70% de los hogares indígenas tienen alguna carencia básica, frente a un 24% como promedio nacional. Además, la población afrodescendiente sin seguro social llega a un 19%, frente a un 14% como media nacional. “No basta el reconocimiento implícito de la sociedad plural. Hay que decirlo, hay que dejarlo por escrito, hay que hacerlo visible y, además, para siempre”.