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El último heredero del que fue el cartel más poderoso de México

Vicente Carrillo Fuentes es el hermano de El Señor de los Cielos, un precursor en el tráfico de drogas desde Juárez hacia EE UU

Vicente Carrillo escoltado por policías mexicanos.
Vicente Carrillo escoltado por policías mexicanos. REUTERS

Vicente Carrillo Fuentes y su hermano Amado, El Señor de Los Cielos, lideraron el Cartel de Juárez, una organización criminal pionera en el tráfico de drogas en México: fueron los primeros en establecer contactos con las mafias colombianas para transportar cocaína a EE UU y consolidó al corredor entre Ciudad Juárez y El Paso como el principal punto de entrada de droga al mayor consumidor de cocaína del mundo. Hasta un 70% del tránsito total. Pero El Señor de Los Cielos, un narcotraficante temido pero cuya macabra leyenda ha inspirado hasta una serie de televisión, murió sobre una mesa de operaciones en 1997 en la Ciudad de México. Sufrió un paro cardiaco en medio de una cirugía estética: quería hacerse una liposucción y unos arreglos faciales. Le sucedió su hermano, Vicente, el hombre detenido este jueves en Torreón, a mil kilómetros al norte de la capital mexicana. Torreón está también a más de 800 al sur de Juárez, el sitio que puso nombre a la mafia de los Carrillo Fuentes y que ha pagado con sangre —al menos 10.000 muertos entre 2008 y 2013— el coste de ser la mayor entrada de droga a Estados Unidos.

A Vicente Carrillo le apodaban El Viceroy, un mote que mezcla su nombre y una marca de cigarrillos. La herencia de su hermano era la principal organización criminal de México en los años noventa. Lejos de las avionetas bimotor sudamericanas, los Carrillo Fuentes conseguían grandes aviones para ingresar toneladas de droga destinadas al mercado estadounidense. Los Carrillo Fuentes también eran conocidos por sus sangrientos métodos para amedrentar rivales y dejar claro que Juárez era su territorio. Fundaron mafias que operan hoy en día: La Línea y Los Aztecas, que, en la evolución de este tipo de organizaciones criminales, de sicarios de poderosos capos que mandaban espectaculares trasiegos de droga, han pasado a dedicarse al asesinato, secuestro y extorsión.

También durante esos años la cacería contra mujeres convirtió a la ciudad fronteriza en el símbolo del feminicidio: desde enero de 1993 a la fecha, 700 jóvenes y niñas han sido asesinadas bajo una absoluta impunidad. Juárez, otrora una próspera ciudad industrial, se había convertido en una de las más violentas del mundo.

Vicente Carrillo es también, según un perfil de la Procuraduría General de la República (PGR, Fiscalía), un hombre de carácter fuerte. Su guerra declarada contra el Cartel de Sinaloa, liderado por Joaquín El Chapo Guzmán (detenido en febrero de este año), disparó aún más la violencia en la región. El expresidente Felipe Calderón (2006-2012) envió al Ejército mexicano dentro de su estrategia contra el narco a Juárez para intentar mitigar la violencia. En febrero de 2010, Calderón anunció que replegaría las fuerzas armadas de la ciudad. En abril, un portavoz del FBI dijo que el trasiego de drogas en Juárez lo controlaba ahora el cartel de Sinaloa. Un coche bomba estalló en la ciudad en julio de ese año. En 2011, un líder sicario bajo las órdenes de Carrillo Fuentes, José Antonio Acosta Hernández, admitió haber orquestado el ataque que se cobró tres muertos: dos policías y un rescatista.

El Viceroy, hermano y tío de narcotraficantes (su sobrino, apodado Vicentillo, fue detenido en 2009), llegó escoltado por las autoridades mexicanas en una tarde muy lluviosa a la Ciudad de México. Vestido de azul, sin afeitar y canoso. Con su captura y el anuncio en junio de este año de la sospechosa muerte de otro sus líderes, Juan José Esparragoza Moreno El Azul, el Cartel de Juárez parece, según el Gobierno de México, haber recibido su golpe de gracia. En Juárez, las cifras de asesinatos han bajado. Pero en la ciudad aún quedan sus vestigios: los Aztecas y la Línea, que continúan operando, y el recuerdo de los miles de muertos. En México, según la ONU, el 95% de los delitos cometidos quedan impunes.