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China condena a cadena perpetua al académico uigur Ilham Tohti

Un Tribunal popular de Xinjiang lo ha encontrado culpable de separatismo

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Cadena perpetua y confiscación de todos sus bienes. Esta es la sentencia que un tribunal chino ha impuesto por “fomentar el separatismo” al académico uigur Ilham Tohti, de 44 años y un defensor de línea muy moderada de los derechos de su etnia. Con esta condena, la más dura que ha impuesto China en años contra un activista, el Gobierno central en Pekín envía un mensaje inequívoco: no se tolerará ningún tipo de crítica, por suave que sea, a su política en Xinjiang.

La sentencia, según ha informado la agencia oficial de noticias china Xinhua, acusa al catedrático de Teoría Económica en la Universidad de las Minorías de Pekín de “atraer y coaccionar" a estudiantes de minorías para formar "una banda criminal" de al menos ocho personas, así como de incitar a la violencia en su página web.

Según reveló su abogado Liu Xiaoyuan, al escuchar la sentencia, leída en una sesión de tres horas y diez minutos, Tohti protestó y fue sacado a la fuerza por los guardianes de la sala del Tribunal Intermedio número 1 de Urumqi, en Xinjiang, que juzgó su caso la semana pasada. El académico, el más célebre defensor de los derechos de los uigures en China, apelará la sentencia. Pero sus abogados no son optimistas: los recursos no suelen prosperar en el sistema penal del país.

La condena es sumamente severa. Hay que retrotraerse a 2003 para encontrar una tan dura contra un disidente de la etnia han (la mayoritaria en China), Wang Binzhang. Al activista chino más famoso, el premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo, se le impuso una pena de cárcel de once años. Pero las sentencias para los uigures acusados de separatismo suelen ser más drásticas. El Gobierno central ha lanzado una campaña de mano dura en esa provincia, hogar de los uigures -de religión musulmana y lengua de origen túrquico- a raíz de un aumento de la violencia étnica en los últimos años.

Los atentados, que Pekín atribuye a grupos extremistas islámicos que buscan la independencia de Xinjiang, se han ido haciendo más mortales y complejos desde 2009, cuando se produjeron los peores enfrentamientos entre las dos comunidades, que dejaron cerca de 200 muertos. El atentado más sangriento en lo que va de año se produjo en mayo en Urumqi, cuando una serie de explosiones en un mercado dejó 31 víctimas mortales. Este mismo domingo morían dos personas y se registraban “numerosos” heridos, según la Policía de la provincia, en una serie de explosiones en diversos puntos de Xinjiang. China ha respondido a la violencia con redadas, juicios masivos y ejecuciones.

Muchos uigures se lamentan de dificultades para practicar su religión, discriminación por razones de lengua y un peor nivel de vida y de oportunidades frente a los chinos han, cuyo número ha crecido enormemente en Xinjiang en las últimas tres décadas alentado por una política de incentivos del Gobierno central y la riqueza de recursos naturales en la provincia. La dura sentencia contra Tohti podría contribuir a exacerbar ese sentimiento de agravio.

"China acaba de demostrarle al mundo entero que no tendrá piedad contra ningún uigur que se atreva a desafiar su régimen represivo", opinó el presidente de la Asociación de Uigures en América, Alim Seytoff, en un comunicado.

Tohti, fundador de la página web 'Uyghur Online', bloqueada en China pero que buscaba promover el entendimiento entre las dos comunidades, ha defendido enérgicamente el derecho de esta comunidad a poder educarse en su lengua o a practicar su religión, pero desde una perspectiva moderada. Siempre abogó por el diálogo como vía para resolver las diferencias y subrayaba que no era partidario del independentismo.

Aunque ya era incómodo para las autoridades chinas con anterioridad, el escrutinio contra él se intensificó después de que un vehículo aparentemente conducido por extremistas uigures se incendiara en Tiananmen en octubre de 2013, en un incidente en el que murieron tres personas. Tras denunciar varios episodios de acoso, Tohti fue detenido en enero pasado en su vivienda de la capital china, en presencia de uno de sus hijos de corta edad. Su arresto motivó las protestas de EEUU y la UE.

La sentencia implica que las autoridades chinas se incautan de todos los bienes de Tohti, incluidos los ahorros familiares. El académico y su mujer, Guzaili Nu’er, tienen dos niños, de cinco y ocho años. Tohti tiene además otra hija, Jewher, que estudia en una universidad de EE UU.

La condena ha sido acogida con indignación por las organizaciones de derechos humanos. “Ilham sólo ha ejercido su derecho a la libertad de expresión, por el que no debería ser encarcelado”, declaró la directora internacional de Chinese Human Rights Defenders, Renee Xia, en un comunicado. “El Gobierno intenta echarle la culpa de recientes incidenes de violencia y distraer la atención de los fallos de su propia política, que han contribuido a aumentar las tensiones étnicas”, sostiene Xia.

Por su parte, el investigador para China de Amnistía Internacional William Nee considera que “esta sentencia vergonzante no se basa en la realidad. Ilham Tohti ha trabajado para eigir puentes de manera pacífica entre las comunidades étnicas, y se le ha castigado por eso mediante cargos motivados políticamente”.

La Unión Europea ha condenado también la sentencia, que considera “completamente injustificada” y deplora que “no se haya respetado” lo establecido por la ley, en particular en lo que respecta al derecho a una defensa adecuada.

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