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“Toda la izquierda europea se unirá para que Angela Merkel dé marcha atrás”

Cree que "no hay un solo socialista a favor de la ruptura con capitalismo”

Jean-Christophe Cambadélis, el pasado mayo en París.
Jean-Christophe Cambadélis, el pasado mayo en París.

Jean-Chistophe Cambadélis (Neuilly-sur-Seine, 1951), el antiguo hombre de confianza del frustrado candidato presidencial Dominque Strauss-Kahn, lidera el convulso Partido Socialista francés desde la pasada primavera. Obligado a mantener un difícil equilibrio entre una mayoría de dirigentes que apoya al Gobierno y los que han fundado la corriente crítica Vive la Gauche, el primer secretario del partido en el poder advierte que, si algún diputado de su grupo vota en contra en la moción de confianza el próximo martes, “tendrá que dejar el partido”. Por encima de la guerra intestina, Cambadélis se muestra más preocupado ante el peligro de que el ultraderechista Frente Nacional llegue al poder. “El triunfo de Marine Le Pen sería un cataclismo para Francia, para Europa… Y la izquierda no la aceptaría jamás”, asevera en esta entrevista, mantenida en su despacho de la sede socialista, en el número 10 de la calle Solferino, de París.

Pregunta. ¿Qué es hoy ser socialista? Ustedes mismos se denominan sociademócratas, socialliberales, socialistas a secas…

Respuesta. Estamos definiendo qué es el socialismo moderno, cuál nuestro carnet de identidad, ante la mundialización, el nuevo modelo económico, la compleja situación internacional y el auge del Frente Nacional en Francia, dispuesto a acceder al poder. Tenemos que definir el nuevo progresismo.

P. Manuel Valls dice que la izquierda se arriesga a desaparecer. Usted también mantiene que puede diluirse.

R. Todas las izquierdas europeas hemos perdido el debate cultural. La igualdad era antes el punto central del debate. Cómo ampliarla, cómo reforzarla... Pero ahora ha pasado a un primer término el concepto de la identidad: la identidad de mi pueblo, de mi región, de mi país... frente a Europa, la mundialización, la nación… Cataluña o el País Vasco son ejemplos en España. La gran dificultad de todos los partidos progresistas europeos es volver a centrarnos en el tema de la igualdad. Y eso, cuando las circunstancias hacen imposible la redistribución.

“Todas las izquierdas europeas hemos perdido el debate cultural

P. Redistribuir la riqueza cuando hay recesión o la economía se estanca.

R. Claro. Para poder distribuir, antes hay que producir.

P. Y en base a ese principio ustedes proclaman: “Reinventémonos”.

R. Sí. En los setenta, François Mitterrand basó la renovación socialista en una ruptura con el sistema capitalista. Ahora no hay un solo socialista a favor de esa ruptura. Claro que hay críticas a ese sistema, pero sabemos que tenemos que actuar en ese marco del capitalismo para lograr una mayor justicia.

P. La corriente crítica en el PS –Vive la Gauche- reprocha que las reformas del Gobierno prevean 41.000 millones de ayudas a las empresas y solo 5.000 a los hogares.

R. Asistimos a un desacuerdo importante porque el PS está en el poder. Pero nunca han sido tan leves los desacuerdos. Con Mitterrand y Rocard, era sobre la naturaleza del socialismo. Sobre la totalidad. Si hacía falta reforzar la sociedad civil, las nacionalizaciones, llevar la República hasta el final… Eran desacuerdos políticos e ideológicos mayores. Ahora, el debate es sobre lo que damos a las empresas y a los hogares. Ese desacuerdo entre oferta y demanda toma una dimensión muy importante porque estamos en el poder. Y porque se dice que el gobierno puede caer por ese desacuerdo.

P. ¿Puede que algunos diputados socialistas voten contra el Gobierno en la moción de confianza del día 16?

R. No lo creo. Votar en contra significaría que quienes lo hagan tienen que dejar el PS.

P. Los rebeldes, como muchos militantes, sostienen que Hollande no ha respetado sus compromisos electorales.

R. Nos hemos adaptado al déficit público, que era muy superior al que creíamos; al retroceso en la producción industrial, que se ha hundido; al frenazo en el crecimiento... Pero el Gobierno se ha adaptado evitando riesgos. No tenemos indignados en Francia. Y no tenemos porque hemos mantenido el nexo social. No somos tan pobres. Sí, tenemos 3,5 millones de parados, pero cobran todos los meses. Durante 10 meses, el 80% del sueldo que tenían, y luego va bajando. Hacemos las reformas sin confrontación social.

"Ahora no hay un solo socialista a favor de la ruptura con el sistema capitalista"

P. Es un tanto preocupante la relación entre París y Berlín.

R. Es cierto. La de Hollande y Merkel es correcta, pero es verdad que hay una doble irritación. De un lado nos dicen que hemos de hacer las reformas y, de otro, se oponen a políticas de reactivación de la economía. Pido que la derecha alemana no hable mal de Francia, que no se dirija a nosotros de mala manera. No pueden decir que no hacemos verdaderas reformas. Puede dar la imagen de que Alemania nos obliga a hacer las reformas, y eso despierta un sentimiento francés negativo frente a Alemania. Hay que ser más prudente.

P. Se refiere a las palabras de Merkel pidiendo que Francia prosiga con las reformas en todo caso.

R. No han sido comentarios amigables. Han creado fricciones.

P. Hay un acuerdo entre los líderes socialistas europeos para frenar las políticas de austeridad.

R. Sí. Y Juncker se ha comprometido a actuar. Merkel, en cambio, sigue siendo muy prudente. Creo que toda la izquierda europea acabará más unida para que Merkel de marcha atrás.

P. Valls ha dicho que el Frente Nacional “está a las puertas del poder”.

R. Sería el caos. Una catástrofe. Las presidenciales son a dos vueltas. Hay tres fuerzas en competición: la extrema derecha del FN, los centristas de la UMP (Unión por un Movimiento Popular) y el PS. Según todos los sondeos, el candidato socialista sería eliminado en la primera vuelta. La creciente tensión entre la UMP y el PS, haría imposible que los votantes socialistas apoyaran a la UMP si se enfrenta al FN en la segunda vuelta. Pero si nosotros consiguiéramos entrar en la segunda vuelta, la UMP también rechaza apoyar a nuestro candidato. Luego, imagine: estamos en 2017 y, tanto si Le Pen se enfrenta a Holande como si enfrenta a Sarkozy, ella gana y se convierte en presidenta de Francia. Sería un cataclismo para Francia, para Europa… Y la izquierda no la aceptaría jamás.

P. ¿Cuál es la diferencia entre aquel FN de los noventa, de Jean-Marie Le Pen, y el actual de su hija?

R. El de antes era un frente solo contestario, sin opción alguna de acceder al poder. El de hoy quiere el poder. Y reúne a muchos descontentos. A los xenófobos, desde luego. Le Pen ha dicho que el de la inmigración “es un problema sanitario”. Lo mismo que se decía en la II Guerra Mundial sobre los judíos. Pero Le Pen explota también el factor soberanista –quiere restablecer las fronteras, el franco…- y capta a muchos críticos con Europa. No solo son euroescépticos, sino eurófobos. Ahora hay un 30% de franceses que dicen querer salir de Europa y ella recoge su apoyo.

P. ¿Pero tiene equipo para formar un Gobierno? ¿O un programa de Gobierno?

R. No. Su padre lo reconocía, pero ella dice estar lista para acceder al poder. Es una forma de aventura, una forma de peronismo. Es el nacionalpopulismo.

P. Ante todo este complejo panorama, hay dirigentes que han pedido la disolución de la Asamblea. Otros, la dimisión de Hollande. Algunos hablan de “crisis de régimen”. Otros, de la necesidad de pasar a la VI República.

R. La disolución de la Asamblea no traerá la recuperación económica. Traerá el caos. Entrarían diputados del FN. Quizás incluso lograran la mayoría. ¿La dimisión del presidente? Algo parecido. Quienes dicen eso son irresponsables, porque saben que el panorama político actual no permite nada de eso.

P. Por tanto, la única opción para ustedes es hacer las reformas y confiar en que den resultados positivos.

R. Exactamente.