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El ascenso de un líder amable

Tras deshacerse de sus rivales internos, Tusk ha dominado la política polaca desde 2007

Donald Tusk, el lunes en Gdansk.
Donald Tusk, el lunes en Gdansk. REUTERS

El hombre que ha dominado la política polaca durante los últimos años y que va a ocupar uno de los puestos clave de la Unión Europea no ha sido siempre un triunfador. Donald Tusk (Gdansk, 1957) fundó el partido que le ha propulsado al poder después de encajar derrotas como quedarse sin escaño en 1993 o perder la batalla por el liderazgo de la Alianza de la Libertad. Fue entonces, en 2001, cuando abandonó esta formación y creó la Plataforma Cívica. Entonces era solo uno más en el triunvirato de fundadores de este partido liberal de derechas. Seis años más tarde, ya se había deshecho de posibles rivales y ganaba sus primeras elecciones.

Ya sea la capacidad de liderazgo que glosan sus afines o el cainismo del que hablan sus rivales, lo cierto es que Tusk ha logrado configurar en torno a sí mismo una maquinaria de acceso al poder que le ha convertido en el primer ministro más longevo de la historia de la Polonia democrática. Y justo ahora, pocos meses después de estallar un escándalo de escuchas que hizo tambalear su Gobierno, da el salto a la presidencia del Consejo Europeo, donde mediará entre líderes como Angela Merkel, François Hollande o David Cameron. Algunos rivales políticos ya piensan en su vuelta a Polonia tras cinco años en Bruselas para optar a la presidencia de la República en 2020.

“Tusk tiene grandes habilidades para las relaciones personales. Se le da muy bien lograr sus objetivos gracias a la interacción personal”, explica el sociólogo Ireneusz Krzeminski, profesor en la Universidad de Varsovia. Pero precisamente estas habilidades sociales que tanto amigos como enemigos le reconocen son el origen de dos grandes incógnitas que le rodean, una sobre la situación en la que deja su partido, y otra sobre su futuro en Bruselas.

Se ha hecho más conservador con
los años”, dice un antiguo compañero

La primera gira en torno al hiperliderazgo que ha ejercido en su país. “Hay muchas voces apocalípticas sobre el futuro de la Plataforma Cívica, que se queda sin líder. Yo soy más optimista. Es previsible que haya peleas por llegar a la cúspide. Pero no creo que estas vayan a desembocar en un derrumbe del partido”, continúa el profesor Krzeminski.

En esta batalla por el poder, la mejor situada para encabezar el Gobierno es Ewa Kopacz, la actual presidenta de la Sejm, o Cámara Baja del Parlamento, y exministra de Sanidad. Esta pediatra es una fiel de Tusk, que le ha ofrecido su apoyo, y se le considera capaz de mantener al partido unido, pero no está claro que tenga el tirón electoral para ganar las elecciones, por lo que podría ser una líder de transición.

El segundo interrogante se refiere al punto débil de Tusk para el oficio que va a desempeñar a partir de diciembre: su falta de dominio de lenguas extranjeras. Frente a un Herman van Rompuy que habla con fluidez inglés y francés, Tusk se maneja en alemán, pero tiene un inglés muy pobre y un francés nulo.

Este puede ser un obstáculo importante para un puesto pensado para desatascar acuerdos entre líderes europeos. “Se pueden hacer visitas bilaterales con intérprete, pero no negociaciones multilaterales sin inglés ni francés. Mala cosa. Parece humilde y va a estudiar. Ya ha mejorado mucho, respecto a hace cinco años. Entonces no entendía ni una palabra y ahora sólo utiliza intérprete para hablar, no para escuchar”, señalan desde Bruselas fuentes del Consejo. El interesado ha hecho propósito de enmienda y se ha comprometido a llegar a diciembre con un inglés aceptable. “Nada es suficientemente para Europa, incluyendo mi inglés”, ironizó el día de su nombramiento.

La presidenta del Parlamento se perfila como nueva jefa de Gobierno

Jan Litynski, asesor del presidente que conoce a Tusk desde la época en la que ambos luchaban contra el régimen comunista en movimientos cercanos al sindicato Solidaridad, asegura que con los años se ha ido haciendo más conservador en asuntos como el aborto o la fecundación in vitro. “Será interesante ver qué sector de su partido se hace con el poder. La posible sustituta, Kopacz, está entre los liberales en asuntos de moral”, explica. El conservadurismo de Tusk —que se casó por lo civil y más tarde, antes de unas elecciones volvió a hacerlo por el rito católico— no extraña en un país en el que la suma de los partidos de izquierda obtuvo en las pasadas elecciones menos del 20% de los votos, y cuya población es de las más reacias de Europa a aceptar las parejas gais.

Tusk, procedente de la norteña minoría casubia, deja un país más rico y moderno que el que encontró. Pero pese al milagro económico de los últimos años, Polonia sigue teniendo una de las rentas per cápita más bajas de la UE —solo por delante de Bulgaria, Rumanía, Croacia, Letonia y Hungría— y muchos economistas echan en falta reformas en su sistema sanitario o fiscal, y critican las insuficiencias de un modelo basado en la mano de obra de barata. Estos asuntos los dejará en manos de su sustituta, mientras él asciende al puesto más alto alcanzado en la UE por un europeo del Este.