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OBITUARIO

Brady, el portavoz de Reagan que se convirtió en un símbolo contra las armas

Muere el secretario de prensa que fue tiroteado en el intento de asesinato del presidente

Brady en enero de 1981 junto a Reagan.
Brady en enero de 1981 junto a Reagan. AP

La vida de James Brady cambió para siempre el 30 de marzo de 1981. Cuando no hacía ni tres meses que era el secretario de prensa y portavoz de Ronald Reagan acompañaba en una tarde lluviosa al presidente de Estados Unidos a impartir un discurso en un hotel de Washington. Al salir del hotel un hombre abrió fuego contra Reagan, que fue alcanzado en el pecho. La ráfaga de balas también hirió a dos agentes de seguridad, pero quien se llevó la peor parte fue Brady, que se encontraba a la izquierda del mandatario republicano y recibió un disparo en la frente.

La bala dañó una parte de su cerebro, le paralizó su brazo izquierdo y le dejó postrado en una silla de ruedas para siempre. La vida de Brady estuvo durante varias semanas en el alambre, pero logró sobrevivir y la reenfocó a una larga cruzada a favor de un mayor control del uso de armas de fuego en EE UU. Una cruzada contra la sinrazón de la violencia en este país que terminó este lunes, cuando Brady falleció a los 73 años por varios problemas de salud, según informó su familia.

“Jim es una leyenda en la Casa Blanca por su cordialidad y profesionalismo como secretario de prensa, por su fortaleza para recuperarse del tiroteo y por convertir esos hechos terribles en un notable legado de servicio”, subrayó en un comunicado el presidente de EE UU, Barack Obama. “Un incontable número de personas están vivas hoy gracias a Jim”.

El impacto de una bala casi le costó la vida y le postró en una silla de ruedas. Desde entonces centró su vida en la lucha a favor de un mayor control de las armas

Obama se refería a la ley, bautizada con el nombre de Brady, que en 1993 entró en vigor y endureció los requisitos para la compra de armas. La pistola de 29 dólares utilizada por John Hinckley -el enfermo mental que disparó contra Reagan porque buscaba impresionar a la actriz Jodie Foster- fue desde entonces más difícil de conseguir. La norma -tras años de campaña en el Capitolio de Brady y su esposa, hija de un agente armado del FBI- obligó a cinco días de espera para la adquisición de pistolas y al análisis de antecedentes para los primeros compradores. En 1998 fue sustituida por un sistema informático de chequeo de antecedentes.

La ley fue rubricada en 1993, con Brady a su lado, por el presidente Bill Clinton. En 1996 el mandatario le concedió la medalla de libertad y en 2000 rebautizó con su nombre la sala de prensa de la Casa Blanca, en la que comparecen el portavoz y el mandatario del momento. “Cada día periodistas y trabajadores de la Casa Blanca andan por delante de una placa que reza ‘Pueda su coraje y dedicación continuar inspirando a todos los que trabajan en esta sala y más allá de ella’. Estas palabras van a sobrevivir, como lo hará su legado”, agregó Obama.

La tenaz empresa de Brady fue mucho más allá de esa primera ley. El oso, como le conocían muchos, nunca logró recuperar la vitalidad del pasado -el disparo dificultó su capacidad de memorizar y su habla- pero sí fue un ejemplo de determinación. “Fue la personificación del coraje y la perseverancia”, subrayó Nancy, la viuda de Reagan.

En 1993 se aprobó una ley con el nombre de Brady que vigila más los antecedentes de los compradores. La sala de prensa de la Casa Blanca también lleva su nombre

Desde su centro de prevención de la violencia, Brady y su esposa presionaban a favor de nuevas restricciones en el uso de armas. Alzaban la voz cada vez que una terrible matanza sacudía la opinión pública. Lo hicieron tras el tiroteo en la Universidad de Virginia Tech en 2007, y el de la escuela de Newtown en 2012, que causó 27 muertos (20 de ellos niños). También lo hizo Obama, pero su propuesta de endurecer los controles naufragó en el Capitolio.

En varias ocasiones el exsecretario de prensa -que oficialmente lo siguió siendo hasta que Reagan dejó la Casa Blanca en 1989- recurría a sus obstáculos diarios para tratar de tocar la fibra de los legisladores y los poderosos lobbies de la industria armamentística. “No estaría en esta maldita silla de ruedas si tuviéramos una legislación con sentido común”, deploró en 2011.

Ser un activista a favor del control de las armas no era el camino que se imaginaba en enero de 1981 cuando fue nombrado jefe de prensa de Reagan. “El segundo trabajo más desafiante del mundo libre”, lo llamaba. El primero era el del presidente, claro. Empezó a trabajar para Reagan en la campaña electoral de 1980. Se había iniciado en el campo de las relaciones públicas en Illinois, su Estado natal, y en 1973 se mudó a Washington para trabajar en varios departamentos del Gobierno.

Y menos de tres meses ejerciendo de portavoz presidencial le sirvieron para sentar cátedra. “Definió el rol de un secretario de prensa. Tenía un verdadero afecto y respeto, y fue un defensor de la prensa libre”, remarcaron en un comunicado conjunto el actual portavoz de Obama y once de sus antecesores. En poco tiempo el infortunio hizo que Brady se convirtiera en otro modelo que también apunta a ser duradero, contra la extendida violencia de las armas.