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La internacionalización del conflicto avanza

Alarma entre los Estados vecinos de Irak

Tropas iraquíes en la frontera con Arabia Saudí.
Tropas iraquíes en la frontera con Arabia Saudí. EFE

El despliegue de 30.000 soldados saudíes en la frontera con Irak es sólo la última muestra de un conflicto que amenaza con extenderse a más países después de que el grupo yihadista Estado Islámico (EI) se haya hecho con el control desde hace unas semanas de varias provincias en Irak y Siria.

“Hay un riesgo regional y global. No sólo afecta a Arabia Saudí, que teme la infiltración de elementos del EI en su territorio y también que Irán se aproveche de la situación. Al mismo tiempo, existe un riesgo para Estados Unidos y para Europa ya que, aunque con escasos miembros, el EI podría verse tentado de realizar atentados para tener más visibilidad”, dice Barah Mijail, experto en Irak y Oriente Próximo de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE). “De todas formas, todo esto no es nuevo”, asegura.

La situación es compleja y podría agravar la espiral armada. La guerra civil en Irak y, por extensión en Siria, cuestiona el reparto de Oriente Próximo tras la firma en 1916 del acuerdo Sykes-Picot entre Francia y Reino Unido. Esconde además, como si fuese una muñeca rusa, conflictos larvados que implican a toda la zona, embarcada en una frenética carrera de armamentos (un 4% de aumento en gasto militar en 2013 con Arabia Saudí convertido en el cuarto comprador mundial en este campo, según el Instituto de Estocolmo para la Investigación de la Paz, SIPRI por sus siglas en inglés).

Para empezar, hay una guerra estratégica por la hegemonía del islam entre suníes (la rama mayoritaria) y chiíes; otra por la versión más rigorista de la religión (Al Qaeda, Al Nusra, el EI y el wahabismo que gobierna en Riad) y, por último, otra más política entre Estados-nación.

Según Barah Mijail, el reino saudí, acusado por el primer ministro iraquí, el chií Nuri al Maliki, de financiar al EI, una acusación rechazada por Riad, sería el principal objetivo. No sólo porque teme una revuelta a las mismas puertas de la Meca: está comprobada la financiación del EI por particulares saudíes y la presencia de ciudadanos de esa nacionalidad luchando en sus filas, sino por la amenaza de su eterno enemigo, Irán, la gran potencia regional chií. “Los saudíes temen que Teherán quiera sacar partido”, dice Mijail.

Irán, que libró una cruenta guerra con Irak en la década de los ochenta con más de un millón de muertos, ha mandado asesores y, según apuntan algunas fuentes, aviones, a Bagdad, donde no ha hecho más que aumentar su influencia desde la invasión estadounidense de 2003, para proteger a los chiíes. Incluso el general Qasem Soleimani, líder de los poderosos Guardianes de la Revolución, ha volado hasta la capital iraquí para dejar constancia del apoyo iraní.

Otros analistas consideran que el verdadero peligro está en Jordania, pese a tener un Gobierno estable y unas Fuerzas Armadas preparadas. El Gobierno de Amán ha puesto a sus tropas en alerta a lo largo de la frontera con Irak y ha desplegado tanques y lanzamisiles después de que milicianos se apoderaran, según la cadena BBC, de zonas de la provincia de Anbar y del único paso por tierra que conecta ambos países en Traybil.

Turquía ha hecho, sin embargo, un llamamiento a la tranquilidad. Su primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, se ha mostrado contrario a ataques aéreos contra los milicianos yihadistas, pese a que ocupan varias localidades cercanas a su frontera y al secuestro de decenas de sus ciudadanos.

Paradójicamente, podría ser el régimen sirio, que tiene partes de su territorio ocupadas por el EI, el gran beneficiado de la situación ya que el dictador Bachar el Asad se ha presentado frente a Occidente como el gran muro de contención ante el avance del yihadismo.