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El Kurdistán iraquí juega la carta del petróleo

La región autónoma gana peso ante Bagdad para gestionar sus recursos

Kurdos combaten contra yihadistas, el pasado viernes. Ampliar foto
Kurdos combaten contra yihadistas, el pasado viernes.

La crisis desencadenada en Irak por el grupo yihadista Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) puede acabar teniendo una consecuencia inesperada en este país y contribuir a la mayor independencia económica de la minoría kurda en el norte. La toma de Mosul por los yihadistas y su rápido avance hacia Bagdad se producen en un momento de máxima tensión entre el Ejecutivo central iraquí y el Gobierno Regional del Kurdistán, que llevan años enfrentados por la gestión de los recursos petrolíferos en la región.

El Gobierno kurdo ha lanzado un órdago a Bagdad al iniciar por su cuenta la exportación de petróleo a través del puerto turco de Ceyhan. El Ejecutivo iraquí, que siempre ha defendido que la venta de crudo y sus ingresos sólo pueden ser gestionados desde Bagdad, ha amenazado con llevar el asunto hasta Naciones Unidas.

Pero la casi nula resistencia del Ejército iraquí frente al EIIL ha llevado a Bagdad a tener que necesitar de la ayuda de los milicianos kurdos, conocidos como peshmergas, mejor preparados y más motivados que las fuerzas del Gobierno central. De repente, esta dependencia puede dar a las autoridades de Erbil una mayor capacidad de negociación en su pelea con Bagdad por la administración de las reservas de crudo, estimadas en 45.000 millones de barriles.

El Kurdistán iraquí juega la carta del petróleo

Cuando es el Gobierno central quien exporta el petróleo, que constituye el 95% del presupuesto de Irak, Bagdad reparte el 17% de todos esos ingresos con el Ejecutivo kurdo. La región autónoma, más estable y con un mayor desarrollo económico en los últimos años que el resto del país, lleva tiempo queriendo cambiar esta ecuación y generar sus propias vías de financiación.

El Gobierno kurdo ha puesto en servicio desde diciembre el oleoducto que conecta con el puerto turco de Ceyhan. Como represalia, Bagdad ha decidido dejar de pagar a Erbil su parte del presupuesto. La respuesta de Erbil fue aumentar la apuesta e iniciar la exportación directa de petróleo con la ayuda de Turquía.

El 22 de mayo zarpó de Ceyhan el primer barco cargado con alrededor de un millón de barriles de crudo kurdo. La reacción de Bagdad fue inmediata. Al día siguiente denunció a Turquía ante la Cámara Internacional de Comercio, con sede en París. “Creemos que Turquía se ha dejado llevar por la avaricia para hacerse con petróleo iraquí más barato”, se quejó después Husein el Shahristani, viceprimer ministro iraquí, a la agencia France Presse.

Bagdad también ha amenazado con acciones legales a cualquier compañía que compre el petróleo kurdo exportado sin autorización. Estados Unidos ha mostrado su preocupación por las acciones de Erbil, y ha advertido de que no “apoya las exportaciones sin aprobación del Gobierno federal iraquí”, en palabras de Jen Psaki, portavoz del Departamento de Estado.

La denuncia de Bagdad y la presión estadounidense parecieron surgir efecto. Aunque responsables kurdos habían insinuado que tenían posibles clientes en Alemania e Italia, de momento ninguna compañía extranjera ha admitido la compra de ese crudo. De hecho, las autoridades italianas recomendaron a sus empresas de este país que no adquirieran el crudo kurdo. A día de hoy, el primer petrolero sigue sin poder descargar su millón de barriles y se halla estacionado en aguas internacionales frente a la costa marroquí.

El primer ministro del Gobierno Regional kurdo, Nechirvan Barzani, hizo público el pasado día 4 un acuerdo firmado con Ankara para continuar vendiendo crudo kurdo. El destino incierto del primer barco tampoco detuvo a turcos y kurdos, que decidieron permitir que zarpara el día 10 un segundo petrolero desde Ceyhan cargado con otro millón de barriles. Por el momento, también se desconocen los posibles compradores de este cargamento, que tampoco ha arribado aún a ningún puerto.

En cualquier caso, estas acciones alimentan el temor en Bagdad a que la región kurda trate finalmente de conseguir su independencia. “No tenemos ninguna intención de dividir Irak, y este acuerdo tampoco es parte de esa agenda”, ha asegurado Barzani, quien defendió la necesidad de exportar el petróleo para compensar la pérdida de los ingresos que su Administración recibía desde Bagdad. El pasado 28 de mayo, el ministro kurdo de Relaciones Exteriores, Falah Mustafa, había asegurado que si Bagdad no aceptaba a Erbil como socio en la gestión del petróleo, “el Gobierno Regional tendría que revisar esta relación y dejar a la gente de la región decidir el destino del Kurdistán en un referéndum”, según publicó en su página web el propio Gobierno kurdo. Pero ahora, curiosamente, es la irrupción de la amenaza yihadista la que podría acabar contribuyendo a una secesión kurda en Irak.

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