Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Los líderes reaccionan al latigazo electoral

París y Londres, con apoyo de Roma, reclaman reformar la Unión ante el auge de los radicales

Rajoy se une a las voces que piden políticas "un poco más expansivas"

Los líderes europeos se reúnen para discutir el futuro de la Unión. Reuters Live!

El avance de los radicales en las elecciones del 25-M (y la caída del bipartidismo) causa inquietud en las instituciones europeas, metidas en una batalla que se adivina larga por la presidencia de la Comisión Europea. Pero sobre todo provoca espanto en algunas capitales: el nerviosismo se apoderó ayer de los líderes de los países más afectados por el ascenso de los extremistas en la Unión, especialmente Francia y Reino Unido. La primera gran bronca de la era post 25-M está en marcha: a su llegada a una cumbre informal, en Bruselas, el presidente socialista francés, François Hollande, y el premier conservador británico, David Cameron, reclamaron una reacción fulminante de la UE para abortar esa tendencia en las urnas, que refleja el desencanto de muchos votantes.

Italia está también por la labor. El continente se rebela así —con la boca pequeña, de momento— contra el diktat de la canciller Angela Merkel: al hilo de los resultados electorales vuelve el redoble de tambores contra la austeridad alemana que ha dominado la gestión de la crisis en los últimos tiempos, en favor de las políticas de crecimiento y de una relajación de las reglas fiscales. Y llegan también nuevos vientos para reformar la Unión; una especie de segunda transición, aún poco definida, que permita frenar a los extremistas.

París levantó ayer la voz, alto y claro, por primera vez en mucho tiempo. Tras dos años y medio desdibujado por sus problemas internos, Hollande regresó al discurso que llevaba después de ganar las presidenciales francesas de 2012, y emplazó a poner en marcha una ambiciosa agenda reformista: “Europa se ha vuelto ilegible, distante, básicamente incomprensible, incluso para los gobiernos. Eso no puede seguir así. El proyecto europeo tiene que ser simple y claro, y debe retirarse de donde no sea necesario”, dijo, en un mensaje muy poco habitual para un dirigente francés. “Es mi deber reformar Francia y reenfocar Europa”, agregó en un guiño claro al primer ministro italiano, Matteo Renzi, la nueva esperanza de la izquierda tras su espectacular triunfo en las europeas. Renzi está a punto de asumir la presidencia temporal de la Unión. Y ha dejado clara su intención de aprovechar ese semestre para activar una especie de proceso constituyente en Europa, que incluya una flexibilización de las normas fiscales y otros asuntos. Aunque para eso deba convencer a Merkel, un hueso duro de roer.

Cameron fue también directo al grano, con el habitual toque británico: “La Unión no puede ignorar estos resultados y seguir como antes. Necesitamos un cambio. Europa debe concentrarse en lo que importa, en el crecimiento y el empleo, y no intentar hacer tanto en tantos otros ámbitos. Bruselas se ha vuelto demasiado grande, demasiado autoritaria, demasiado entrometida”, dijo rotundo a su entrada a la cumbre.

Rezos tras el atentado antisemita

L. ABELLÁN, Bruselas

Antes de enfrascarse en la larga noche de negociaciones políticas, destacados dirigentes socialistas europeos se acercaron ayer a las puertas del Museo Judío de Bruselas para rendir homenaje a las víctimas del atentado del pasado sábado. El presidente francés, François Hollande, el primer ministro de Italia, Matteo Renzi, y el de Bélgica, Elio di Rupo, así como el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, conversaron con representantes de la comunidad judía en el mismo lugar donde un hombre tiroteó a cuatro personas, de las cuales tres murieron en el acto y una continúa en estado crítico.

Los dirigentes escucharon en silencio un breve rezo que inició un rabino a las puertas del museo, convertidas en un espacio de conmemoración, con velas y flores que recuerdan a las víctimas. Desde el impactante ataque, numerosos líderes políticos han expresado su reprobación por este atentado antisemita, aunque el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reprochó el domingo a los dirigentes europeos que no fuesen lo suficientemente enérgicos en las condenas. En Tel Aviv se celebró ayer el funeral de Emmanuel y Miriam Riva, la pareja israelí fallecida en el tiroteo.

El director del museo, Philippe Blondin, avanzó algunas novedades del caso a los periodistas en el acto de homenaje de Bruselas, aunque las autoridades rehusaron confirmarlas. Blondin aseguró que la ministra de Justicia, Annemie Turtelboom, había comunicado la detención de un sospechoso, según publicaban ayer varios medios belgas. Antes de esa afirmación, la fiscalía había desmentido una información similar, aunque es probable que hoy haya más datos sobre la investigación oficial.

Parece inevitable que el 25-M provoque una sacudida en Bruselas; queda por ver en qué dirección cristaliza la irritación que emerge en las capitales. La cumbre, que estaba diseñada para empezar a mercadear con los principales cargos de las instituciones, es la primera muestra de que vienen curvas; de que el mensaje de los votantes empieza a generar reacciones en varios Ejecutivos, tanto los citados como otros con dificultades (el de Grecia, por ejemplo). Atrapada en una lasaña de complejidades, atascada en una crisis devastadora, entorpecida por un gobierno colectivo ineficaz y agobiada por una llegada de inmigrantes que el continente no sabe exactamente cómo gestionar, los líderes de los Veintiocho se reunieron para reaccionar a los resultados del 25-M.

Las primeras declaraciones dejan entrever el malestar contra Alemania: con Italia y Francia aquejadas de problemas económicos similares —parecidos también a los de España: el presidente Mariano Rajoy reclamó anoche políticas “un poco más expansivas”—, vuelve a ganar enteros la posibilidad de crear un eje franco-italiano capaz de contrarrestar a Berlín. Renzi ha abanderado en las últimas semanas la necesidad de acordar una nueva agenda para la Unión, que incluye una “operación keynesiana” con estímulos e inversiones, además de una convención constitucional para relajar las estrictas reglas fiscales de la eurozona. Cameron, Hollande y Rajoy, junto con otros líderes, fueron en la misma línea: lanzaron mensajes directos para Merkel, que tiene la llave de casi todo, incluido el controvertido nombramiento del próximo presidente de la Comisión Europea, tal vez el cargo fundamental en el entramado institucional de Bruselas.

No parece fácil que la canciller dé su brazo a torcer. Su partido perdió escaños, pero sigue dominando en Alemania pese al ascenso de los socialdemócratas de Martin Schulz. Y en la Unión está por ver el papel de Schulz, que acabó lejos del conservador Jean-Claude Juncker en la carrera por la presidencia de la Comisión. Los cinco grandes partidos de la Eurocámara movieron ayer ficha, en un mensaje telegrafiado a los primeros ministros: dieron un mandato a Juncker para que trate de forjar una mayoría que le permita acceder a ese cargo. Pero este es un partido que se juega en varias canchas: los líderes dieron a su vez el mandato al presidente del Consejo, Herman Van Rompuy, para que negocie con los grupos. Varios países apoyaron de forma explícita a Juncker, pero Merkel dio la medida justa de por dónde van los tiros: también apoyó al candidato conservador, pero a media voz, y a renglón seguido exigió al Parlamento que no tergiverse los tratados. En ningún lugar, vino a decir, se habla de automatismos entre los resultados electorales y la presidencia de la Comisión. La canciller dejó la guinda para el final: explicó que en Alemania “ha habido presidentes que no necesariamente eran del partido más votado”. “Las prioridades que acuerde el Consejo para esta legislatura las puede aplicar Juncker, y también otros”.

Merkel no le cierra el paso definitivamente a Juncker, pero tampoco le da un portazo a Cameron, que no le quiere ni en pintura. La Eurocámara, eso sí, amenaza con bloquear el proceso si el Consejo se saca de la chistera nombres que no hayan concurrido a los comicios. En caso de desacuerdo, se avecina una batalla larga y enconada, que históricamente ha perdido el Parlamento.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información