Elecciones municipales en Francia

Los socialistas franceses piden un cambio a Hollande

El presidente tiene las manos atadas pese al desastre electoral que se prevé

El socialista Patrick Mennuccien una rueda de prensa el 25 de marzo.
El socialista Patrick Mennuccien una rueda de prensa el 25 de marzo.BORIS HORVAT / AFP

Si las municipales de 2008 se ven hoy como el principio del fin de la era Nicolas Sarkozy, la primera vuelta de las municipales de 2014 se ha convertido en un enorme quebradero de cabeza para François Hollande y para la mayoría socialista que gobierna Francia desde 2012. El ministro de Trabajo, Michel Sapin, buen amigo del presidente, enfatizó el martes que “es necesario cambiar” y “tener en cuenta el mensaje de cólera” que han enviado las urnas, mientras alcaldes, asesores y diputados expresaban su miedo, en algunos casos verdadero pánico, a que el voto de castigo sufrido por los socialistas el domingo pasado empeore aun más en las europeas de mayo y constituya un desastre similar al que sufrió el Partido Socialista en 2002, cuando el Frente Nacional (FN) se coló en la segunda vuelta de las presidenciales.

Sapin atribuyó los malos resultados del PS y el fuerte crecimiento del Frente Nacional a un “descontento” expresado de dos formas distintas: “Unos electores lo mostraron quedándose en casa, y otros votando al FN”. Según el ministro, “evidentemente hace falta cambiar, evolucionar”. Pero eso solo se hará después de la segunda vuelta. Aunque el horizonte de las elecciones europeas del 25 de mayo es aun más terrorífico que el de las municipales: los sondeos colocan a la ultraderecha como la fuerza más votada, y a los socialistas en tercer lugar. Algunos miembros de la mayoría temen ya, incluso, que los Verdes superen al PS y este llegue cuarto a la meta.

La expresión “remaniement” (crisis de Gobierno) es un clamor en el partido desde hace ya algunos meses, con el inasible, germanófilo y frío primer ministro, Jean-Marc Ayrault, en la diana de todas las críticas. Pero Hollande no ha movido una ceja. Ha preferido cambiar de política a cambiar de nombres. Y ahora tiene las manos atadas hasta después de las europeas. El bandazo neoliberal de enero, cuando ofreció un pacto a la patronal y prometió bajadas de impuestos a las empresas y un recorte extraordinario del gasto público de 50.000 millones de euros en tres años, debe ser presentado al Parlamento en las próximas semanas. Gran paradoja: el presidente indeciso es rehén de su única decisión firme.

El rechazo al hombre que hace dos años prometió hacer de la juventud y la justicia social las prioridades de su mandato ya no se mide solo en los pésimos sondeos de popularidad, que le sitúan en un 18% y bajando. En su primera prueba electoral tras la victoria, el 61% de los jóvenes de 18 a 24 años y el 55% de los que tienen entre 24 y 35 decidió abstenerse. Si a eso se suman los que votaron al Frente Nacional, la capacidad para la autocombustión de Hollande adquiere niveles legendarios.

Incluso Anne Hidalgo, que partía como clara favorita para ser la primera alcaldesa de París, ha pedido al Gobierno que reaccione y avance. Rodeado de neoliberales, refugiado en el Elíseo y en la política internacional, ansioso por hacer los deberes que impone Angela Merkel, el socialdemócrata Hollande ha renunciado a sus promesas y ha perdido la gracia del pueblo que le votó en 2012.

El presidente de la Asamblea Nacional, Claude Bartolone, hizo ayer un análisis sin concesiones: “Un poco por todo el país, la juventud nos ha abandonado, las clases populares nos han dado la espalda, las clases medias nos han evitado y las 'banlieues' y el campo se han metido bajo tierra".

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