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Un avión y dos pilotos

El capitán y el primer oficial del MH370 se han convertido en los principales sospechosos del posible sabotaje y secuestro del avión

La foto del piloto del vuelo MH370, Zaharie Ahmad Shah,en la primera página del periodico 'Utusan Malaysia' en un quiosco de Dengkil (Malasia).
La foto del piloto del vuelo MH370, Zaharie Ahmad Shah,en la primera página del periodico 'Utusan Malaysia' en un quiosco de Dengkil (Malasia). REUTERS

El sábado pasado, poco después de que el primer ministro de Malasia, Najib Razak, asegurara que el avión del vuelo MH370 de Malaysia Airlines que se esfumó en el aire una semana antes cuando se dirigía de Kuala Lumpur a Pekín fue desviado de su ruta de forma deliberada y que alguien desconectó los sistemas de comunicación a propósito, la policía se presentó en las viviendas del piloto del aparato, Zaharie Ahmad Shah, de 53 años, y del copiloto, Fariq Abdul Hamid, de 27 años, para registrarlas a fondo.

Najib Razak dijo que los movimientos ocurridos en el Boeing 777-200 poco antes y después de que los controladores de tráfico aéreo perdieran el contacto con el vuelo menos de una hora después de despegar de Kuala Lumpur eran “consistentes con una acción deliberada de alguien dentro del avión”.

Las revelaciones del primer ministro descartaron, en la práctica, algunas de las teorías barajadas hasta entonces como un fallo mecánico catastrófico o una explosión en el aire, y apuntaron de forma directa al secuestro o la acción suicida, ya sea por parte de alguien de la tripulación o del pasaje. El piloto y el copiloto se convirtieron en los principales sospechosos del posible sabotaje y secuestro del aparato. Malaysia Airlines asegura que Zaharie y Fariq no pidieron volar juntos en el MH370.

El piloto: Zaharie Ahmad Shah

Zaharie Ahmad Shah, de nacionalidad malasia, de 53 años, que tiene tres hijos y es abuelo, es un piloto con larga experiencia. Entró a trabajar en Malaysia Airlines en 1981, y acumula un total de 18.365 horas de vuelo, según datos de la aerolínea. Ha sido descrito por sus compañeros de trabajo actuales y pasados como un apasionado de la aviación, hasta el punto que se construyó un simulador de vuelo de tamaño natural con tres grandes monitores y otros accesorios en su casa, situada en un barrio de clase media de Kuala Lumpur cercano al aeropuerto internacional. Allí, frente a las pantallas, pasaba las horas practicando su pasión en sus días libres, según sus conocidos. También le gustaba cocinar en eventos de comunidad.

Malaysia Airlines ha asegurado que la existencia del simulador –del cual Zaharie había publicado fotos en Internet- no supone en sí mismo motivo de sospecha. Pero, tras registrar su vivienda, la policía lo desmontó y se lo llevó para que fuera examinado por expertos. Antes, responsables policiales habían asegurado que habían analizado con atención los programas del dispositivo y dijeron que parecía utilizar juegos normales que permiten practicar el vuelo y el aterrizaje en diferentes condiciones.

Los investigadores están analizando la vida personal, el historial político y el pasado religioso de cada uno de los miembros de la tripulación. Fuentes policiales han asegurado que no han encontrado ninguna conexión entre Zaharie y grupos militantes.

Sí era, en cambio, un hombre político. Los mensajes que había colocado en Facebook sugieren que era un activo oponente a la coalición que ha gobernado Malasia durante 57 años desde la independencia. La policía afirma que ha investigado también este aspecto de la vida del piloto.

Tanto Malaysia Airlines como sus amigos y colegas de profesión han afirmado que no creen que Zaharie saboteara el vuelo. “Por favor, dejen encontrar primero el avión. Zaharie no es un suicida, ni un fanático político como algunos medios extranjeros están diciendo”, ha declarado un piloto y amigo de Zaharie a Reuters. “¿Acaso es malo para una persona tener opinión en política?”

Peter Chong, un amigo del piloto, ha dicho que vio a Zaharie una semana antes de que despegara rumbo a Pekín, y que habían quedado en verse a la vuelta para organizar un viaje de compras con niños pobres. “Si yo voy en un vuelo, escogería al capitán Zaharie”, ha declarado, informa Associated Press. “Está dedicado a su trabajo, es un profesional y ama volar”.

El copiloto: Fariq Abdul Hamid

Responsables malasios y expertos han asegurado que quien desconectó los sistemas de comunicación del vuelo MH370 de Malaysia Airlines y a continuación pilotó el aparato durante horas después de desaparecer de la vista de los radares civiles en la madrugada del 8 de marzo debía tener un gran conocimiento técnico y experiencia en aviación. De ahí que las sospechas sobre el posible sabotaje y secuestro del aparato se dirigieron inmediatamente hacia el piloto del Boeing 777-200, Zaharie Ahmad Shah, de 53 años, y el copiloto, Fariq Abdul Hamid, de 27 años; aunque también pudo tratarse de alguien del pasaje.

Fariq trabaja en Malaysia Airlines desde 2007, y tiene un total de 2.763 horas de vuelo, según datos de la aerolínea. De nacionalidad malasia, vive en un barrio de clase media en Kuala Lumpur, cerca del aeropuerto internacional, y, según su familia y amigos, es un hombre religioso y muy responsable en su trabajo.

Esta imagen discrepa de la presentada por una joven surafricana supuesta conocida suya, Jonti Roos, que hace unos días aseguró en una entrevista en la televisión australiana Channel Nine que Fariq las invitó a ella y a una amiga, también surafricana, a entrar en la cabina durante un vuelo entre Phuket (Tailandia) y Kuala Lumpur en diciembre de 2011, donde se hicieron fotos y vídeos de recuerdo. Channel Nine mostró imágenes de las dos mujeres con un hombre que se asemeja a Fariq y el supuesto piloto de aquel vuelo en lo que parece ser una cabina de avión. La aerolínea ha investigado estas informaciones. El acceso de los pasajeros a la cabina de los aviones está prohibido desde los atentados del 11-S en Estados Unidos, en 2001.

Fariq había logrado hace poco el certificado para volar el Boeing 777 y estaba pensando en casarse. Era aficionado al fútbol sala, deporte que practicaba con sus vecinos jóvenes, a los que, según han declarado sus amigos, les había pagado las camisetas.